Papá Noel no se va a morir

Hay películas que el paso del tiempo las suele afectar para mal, pero no es el caso de “Un santa no tan santo”, título local (y también en el resto de Latinoamérica) que adquiere un mayor sentido que el original, y resulta más exacto al adentrarse en la obra.

Interpretado por Billy Bob Thornton, Willie es un alcohólico solitario, criminal y con adicciones varias que trabaja como Papá Noel (o Santa Claus en los Estados Unidos) en shoppings junto a su partner in crime Marcus (interpretado por Tony Cox), recibiendo a los niños que todas las navidades van a dejar sus cartitas o pedir por sus regalos. Tal es la poca exactitud física entre la figura canónica de Papá Noel y Willie, que, hasta los niños, en su propia inocencia, se dan cuenta que probablemente él no sea.

Por suerte (y por el propio avance social), en los últimos años se le está prestando más atención a la salud mental, y, con una mirada actual, podemos esbozar o afirmar que Willie atraviesa una depresión: tanto la adicción al alcohol (incluso el propio Billy Bob Thornton ha afirmado estar alcoholizado durante el rodaje) como la promiscuidad que experimenta casi de forma obligada para obtener esas endorfinas que le pueden dar un ápice de felicidad, que no consigue de otra forma.

Sin embargo, Terry Zwigoff no cae en la solemnidad que puede interpretarse a partir de la aparente sinopsis trágica, sino que construye una comedia hilarante. Algo que mencionó Diego Brodersen en una crítica del 2005 (fecha de estreno en Argentina) en Rolling Stone, resulta muy acertado: “no hay paria que por bien no venga y siempre, inexorablemente, existirá una chance para que sus criaturas encuentren algo parecido a una idea de la amistad, de comunidad, en el sentido más etimológico de la palabra.” Y es que, a pesar de las miserias humanas, inevitables en muchos casos, la esperanza se esconde detrás de los lugares o personas menos indicadas: un interés romántico que quiere a Willie tal cómo es (o cree que es, también), o un niño con el que se encariñan mutuamente, con el que conectan a través de sus infortunios.

No es la primera vez que el director trabaja sobre personajes rotos: podemos traer a la mesa el personaje de Steve Buscemi en “Ghost World”. Es un personaje cuestionable en términos morales, pero que con la destreza narrativa de Zwigoff logra que como espectadores podamos empatizar con ellos a pesar de la problemática que los rodea.

No es una casualidad tampoco que dentro de los productores ejecutivos se encuentren los hermanos Ethan y Joel Coen, y que se respire cierto ambiente de “El gran Lebowski” en “Un santa no tan santo”, encontrando ciertas conexiones entre los personajes interpretados por Jeff Bridges y Billy Bob Thornton.

Retomando nuevamente la crítica de Diego Brodersen, más puntualmente ésta cita: “vivimos en el peor de los mundos posibles, y la única manera de tolerar la podredumbre es reconocerse en el sufrimiento del otro e intentar construir algo a partir de ello”, la película logra construir un sentimiento de optimismo que se puede encontrar hasta en los lugares menos pensados, y que, incluso puede ser a través de una comedia negra con cierto toque costumbrista (a pesar, claro, de su lenguaje y escenas subidas de tono).

Asimismo, en el texto también se menciona que “no está dirigido al público infantil y destacará exclusivamente su incorrección política, sus excesos de lenguaje y sus abundantes detalles escatológicos.” Hay algo que está sucediendo y es claro: las comedias de este tipo y con presupuesto medio dejaron de existir, algo que en ese momento no estaba en el radar ni era una posibilidad. Empezando desde que gran parte de la sociedad empezó a vivir realmente como en “Idiocracy” de Mike Judge y la sobreexplicación termina siendo un recurso necesario, o como pudimos ver en “Nirvanna the Band the Show the Movie”, donde viajan al pasado y hay gente riéndose en el cine con “Scary Movie” cómo un gag de algo que se perdió incluso en el público masivo, síntomas de que los consumos variaron con el tiempo. Por supuesto que la corrección política es entendible en ciertos ámbitos, pero el cine y la ficción siempre fueron un refugio y lugar seguro entendiendo que no dejan de ser películas, y hoy por hoy, las comedias de este estilo (si es que las hay) caen al formato streaming, que no deja de tener su propia búsqueda algorítmica que no permite la disrupción u ofender a nadie.

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