El 2021, en materia de series, comenzó con el estreno de la tercera temporada de «Cobra Kai». El 1° de enero ya estaba subida a Netflix, luego de que sus primeras dos temporadas fueran producidas y publicadas por YouTube en su intento de generar producciones propias. Con la nueva plataforma también llegaron los cambios narrativos y estéticos de la serie creada por Jon Hurwitz, Hayden Schlossberg y Josh Heald. ¿Se acabó lo que se daba?

Comienzo mágico

La primera temporada llegó en el año 2018 como una gran apuesta de YouTube Red (actualmente YouTube Premium), que consistía en sumar una nueva historia a la franquicia de «Karate Kid». La premisa indicaba que la mítica patada de la «Técnica de la Grulla» que puso a Daniel LaRusso como vencedor ante Johnny Lawrence en la final de aquel emblemático torneo de karate, determinó la vida de ambos y que, treinta años después, se volverían a encontrar.

Protagonizada nada menos que por William Zabka y Ralph Macchio repitiendo sus papeles originales, en el presente conocemos a Johnny como un fracaso disfuncional y a Daniel como un profesional exitoso y magnífico padre de una «familia bien». El punto de vista cambia hacia una nueva forma de ver la película original. Por ejemplo Barney Stinson, el personaje de «How I Met Your Mother», allá por el 2009 sostenía que el verdadero «chico karate» en realidad siempre fue Johnny Lawrence, y en esa línea avanza «Cobra Kai».

En el comienzo de esta serie, Johnny era un protagonista muy acorde a esta época de antihéroes, y sensei de una suerte de losers club mientras Daniel, impulsado por el rencor adolescente, intentaba boicotearlo. Para actualizar la producción se incorporaron muchas lecturas sobre el bullying o el sexismo, y la serie tuvo la suficiente cintura como usar la traspolación de épocas sin demonizar, pero sí exponer sin un gramo de corrección política forzada. Johnny Lawrence habla como cuando era un «chico malo» en los 80′, pero sus actitudes violentas o sexistas tienen en el grado justo de exacerbación que las pone en evidencia sin necesidad de una bajada de línea solemne.

La camada joven de Miguel, sus amigos y el entorno «high school», en general tenían una retórica muy inteligente en los diálogos entre sí y con los personajes adultos. La totalidad de la primera temporada sostenía muchas ideas de inteligencia emocional, y la dinámica consistía en la búsqueda de equilibrio mientras los personajes tiraban y aflojaban, se equivocaban y acertaban de forma alternada, de manera tal que el lugar de «bueno» o «malo» no le pertenecía a nadie en sí.

Retroceso

La tercera parte de esta historia nos encuentra con la vuelta de John Kreese (Martin Kove) para retomar el control de Cobra Kai, lo cual provoca pánico en Daniel y en Jhonny, que le había hecho un lugar como sensei, confiado en su cambio. Miguel se recupera del coma en el que estaba producto de la pelea que tuvieron ambos dojos en la secundaria en el final de la segunda temporada. Y el karate ahora tiene una mala imagen a la vista de los ciudadanos.

En cuanto a la estética, el código planteado en el comienzo establecía que la dinámica se daba entre el presente, y los flashbacks hacia el pasado se reconstruían con imágenes de la película original. Lo cierto es que más adelante se incorporaron los recuerdos de la infancia de Johnny Lawrence que comenzaban a quebrar la estética, y en esta tercera temporada vamos a encontrarnos con la historia de John Kreese en Vietnam, que termina de romper con el primer código. Los diálogos, que eran un factor predominante por donde se filtraba mucho del sentido del humor de la serie, se pierden casi por completo salvo por algunos intercambios muy puntuales, y se vuelven más básicos y deslucidos.

Otro de los logros de «Cobra Kai» fue ordenar su estructura de manera que todo lo que sucedía y parecía intrascendente, más tarde podía ser retomado y transformado en una nueva lección y aprendizaje. Una cualidad más que se desploma en esta nueva entrega plagada de resoluciones y vueltas de tuerca sin sustento, sacadas de la galera. Sin hacer spoilers, quienes no la vieron pueden prestar atención a lo que sucede en el viaje a Okinawa y la resolución del conflicto con Doyona.

Los personajes desdibujaron sus arcos de transformación y se volvieron reiterativos, sin progreso, estancados en el mismo punto del que solo se alejan un poco y vuelven. Pero lo más dañino de la tercera temporada de «Cobra Kai» es el acrecentamiento de una violencia sádica y sangrienta. En la que, incluso, los personajes más queribles tienen actitudes de manada salvaje. El manejo de la violencia en la primera temporada creó sus propios códigos y límites, que en esta decidieron exceder por mucho, con escenas que se parecen más a las que lamentamos en el canal de noticias de la vida real que a una ficción de entretenimiento. Y así, nuestros personajes pasan de tener conflictos y contradicciones, a transformarse en potenciales criminales sanguinarios.

Para la nostalgia vamos a tener a Elisabeth Shue (la esperada aparición de Ali), un viaje a Okinawa con más reencuentros y un breve homenaje al actor Rob Garrison, que tuvo su despedida en pantalla durante la segunda temporada y, finalmente, falleció en septiembre del año pasado.