En 10 días, como máximo, se sabrá la suerte de Dilma Rousseff. Tras una maratónica sesión en la Cámara de Diputados brasileña, la mandataria quedó más cerca de enfrentar un juicio político luego de que la votación en dicho recinto arrojará un resultado de 367 votos a favor y 137 en contra. Unos números que quedaron muy por encima de los dos tercios necesarios (342 votos) para iniciar el proceso de impeachment a la Presidente. Por su parte, el oficialismo aspiraba a lograr los 172 votos que hubieran mandado el proceso a los archivos del Parlamento.

Ahora el Senado tiene diez días de plazo para continuar con el trámite. Primero deberá crear una comisión especial para evaluar la decisión de Diputados. Luego se procederá a la votación, en la que de imponerse una mayoría simple a favor del juicio, Rousseff deberá ser suspendida en sus funciones durante 180 días y en su lugar asumiría el vicepresidente Michel Temer, un exaliado y ahora referente opositor. Si el Senado la condena, la Presidente deberá dejar su cargo y no podrá ejercer alguno durante ocho años. El Vicepresidente será quien concluirá su mandato. Sin embargo, si es hallada culpable de financiamiento ilegal de campaña se revocará el mandato de ambos y se convocará a nuevas elecciones. También fue involucrada por un arrepentido en el petrolão, el escándalo de corrupción de Petrobras.

El debate para los diputados fue largo y tenso, con una interminable cantidad de cruces y exposiciones que se prolongaron desde el viernes hasta el domingo. Sin embargo, pese a los cargos con los que se acusaba a Rousseff, la mayoría de los representantes llenaron sus discursos con alusiones a Dios, a la familia y la patria en lugar de argumentar las acusaciones por maniobras contables ilegales para maquillar los resultados del Gobierno en 2014 y 2015, modificar presupuestos mediante decretos y acumular deudas y contratar créditos con la banca pública. Hasta el voto que decidió la continuidad del proceso, el del diputado opositor del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), Bruno Araújo, lo emitió con un discurso que incluyó “cuánta honra me reservó el destino para dar este grito en nombre de todos los brasileños”, tras lo cual los manifestantes a favor del juicio estallaron en el grito: “Yo soy brasileño, con mucho orgullo, con mucho amor”.

“Esto pasará a la historia como la mayor farsa de la democracia brasileña. Una Presidente juzgada por un tribunal compuesto por un Presidente del Parlamento y más del 50 por ciento de sus miembros acusados por la Justicia”, denunció Waldenor Pereira, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).

Tras la votación, el abogado general del Estado, José Eduardo Cardozo, afirmó que “no hay un argumento que ponga en tela de juicio la honestidad de la presidente”. Además, señaló que Rousseff recibió el resultado con “indignación y tristeza” pero garantizó que este hecho “no abatirá” a la mandataria, e insinuó que el Poder Ejecutivo intentaría una anulación del proceso ante la Corte Suprema, aunque el tribunal avaló esta misma semana su legalidad.

El coraje de Dilma

Tras saberse el resultado en Diputados, la Presidente dijo que está indignada por lo sucedido y sostuvo que no cometió ningún crimen que justifique la aprobación de un proceso de destitución en su contra.

“Recibí 54 millones de votos y me siento indignada por la decisión. Continuaré luchando y voy a enfrentar todo el proceso”, expresó  Dilma Rousseff en una conferencia de prensa en la sede gubernamental de Planalto.

“Voy a continuar luchando, como luché toda mi vida”, remarco la mandataria y señaló que aprovechará la oportunidad de defenderse en el Senado. También sostuvo que enfrenta “un golpe de Estado” porque “no se puede llamar impeachment a lo que es un intento de elección indirecta. Aquellos que quieren acceder al poder no tienen votos para hacerlo”.

El apoyo sudamericano

Diversos presidentes de la región manifestaron su respaldo a Rousseff. Por ejemplo, Nicolás Maduro de Venezuela hizo uso de la red Twitter para manifestar que la derecha de América quiere desconocer la soberanía de la región. “La derecha del continente desconoce la Soberanía Popular, ¿qué pretenden, desaparecernos? Alerta, alerta que Camina…”, indicó Maduro. En un discurso televisado dado la semana pasada el presidente venezolano había afirmado que “pretender derrocar a la primera mujer presidente de Brasil dice mucho de lo que es la obsesión imperial que ha tomado posición en el continente”.

Por su parte, el líder cubano Raúl Castro condenó el “Golpe de Estado parlamentario” contra el “Gobierno legítimo del Partido de los Trabajadores (PT)”, a través de un comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores. “Sectores de derecha representantes de la oligarquía, en contubernio con la prensa reaccionaria de Brasil, apoyados abiertamente por las transnacionales de la comunicación y el imperialismo, han consumado, en la Cámara de Diputados de ese país, el primer paso de lo que constituye un Golpe de Estado parlamentario”, se menciona en el texto. Además, la Cancillería cubana sostuvo que es un “ataque basado en acusaciones sin pruebas ni fundamentos legales contra la democracia brasileña y contra la legitimidad de un Gobierno electo en las urnas por la mayoría del pueblo”.

“Este golpe contra la democracia brasileña forma parte de la contraofensiva reaccionaria de la oligarquía y el imperialismo contra la integración latinoamericana y los procesos progresistas de la región”, afirmó la Cancillería.

Finalmente, quien también se pronunció fue el mandatario de Bolivia, Evo Morales, quien señaló por Twitter: “No al golpe congresal. Defendamos la democracia del Brasil, su liderazgo regional y la estabilidad de América Latina”.

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