Desde muy temprano .cero se hizo presente en el estadio emblema del boxeo nacional: el mítico Luna Park. La cita principal de la velada era el enfrentamiento del argentino Omar Narváez ante el mexicano Felipe Orucuta. Se sentía la impaciencia de los espectadores a medida que pasaban los combates previos, todos querían ver salir al “Huracán”. La espera termino a las 00:45 horas, cuando subieron los boxeadores al ring y comenzó la batalla.

Foto: DyN

Foto: DyN


Los primeros 3 rounds se vivieron casi en silencio desde las tribunas. El público observaba cómo ambos combatientes no soltaban sus brazos y se estudiaban. Por momentos, Narváez tomaba el centro y durante otros instantes dejaba la iniciativa para el retador. Antes de comenzar el tercer asalto, el público se animó a alentar al argentino y este respondió al conectar dos buenos zurdazos. La pelea era pareja y se decantaba a favor del argentino.
A partir del cuarto round se vio a un Orucuta más decidido y lanzado hacia delante. Narváez caminaba para atrás en todo momento, siempre con la guardia en alto. Recibía en sus brazos y en su cuerpo pero se las ingeniaba para responder con 1 o 2 golpes en la cara de su rival. A nuestro entender, el mexicano no lograba conectar golpes limpios, más allá de estar tomando la iniciativa de ir a atacarlo al púgil local. En el quinto asalto Narváez estuvo en problemas: Orucuta conectó un recto sobre la cara del campeón, quien titubeó por unos instantes. Fue en el único momento en que la ventaja del retador fue bien clara.
Foto: DyN

Foto: DyN


Del séptimo al noveno round Narváez demostró que es poseedor de un envidiable estado físico. Con movimientos rápidos y esquivando las embestidas un poco torpes de Orucuta, “el Huracán” casi no recibió golpes en su rostro. Sacaba ventaja el campeón, metiéndose en la corta distancia y así no dejaba que Orucuta pueda golpear un cross con su derecha. La pelea se hizo sucia: el mexicano, al no poder impactar de lleno en la cara de Narváez, buscó el cuerpo. Sin embargo, debió ser apercibido por el árbitro, ya que hubo por lo menos 5 golpes debajo del cinturón a lo largo de todo el combate. El público insultó y estuvo muy enojado con el árbitro, quien solo advirtió a Orucuta.
Foto: DyN

Foto: DyN


En los últimos tres asaltos, el Luna Park se venía abajo. Muchos vieron la última parte de la pelea de pie, otros cantaban y alentaban al rincón argentino. El retador también mostró que se encontraba en un excelente estado físico. Estuvo casi toda la pelea en la búsqueda de Omar Narváez. Lo encontró pocas veces y falló mucho más de lo que conectó. Al ver que se le escapaba la posibilidad de ganar, Orucuta se jugó todo en el final. Pero a pesar de ese ímpetu, Narváez trajo todos los recursos que tiene como boxeador y los puso sobre el cuadrilátero. Se vivieron momentos emotivos, con cruces donde los dos tiraban manos, algunas que conectaban sobre la humanidad del rival y otras que solo cortaban el aire. El 11 y el 12 fue un empate en las tarjetas de .cero, pero Narváez ya era campeón por la ventaja que, entendíamos, había sacado en el resto de la pelea.
Sin embargo, si no se consigue el nocaut, el boxeo es un deporte de interpretación. Nosotros desde un costado del ring, junto con otros colegas, interpretamos que la victoria de Narváez había sido clara. Sin embargo, en la televisación no opinaban lo mismo. Llegado el décimo round daban un empate en los papeles. Finalmente, también hubo opiniones encontradas en las tarjetas de los jueces del combate.
Foto: AFP

Foto: AFP


En un fallo dividido, Narváez retuvo su corona supermosca de la Organización Mundial de Boxeo. Dos jueces dieron una ventaja lógica de 115-113 para “el Huracán”. El tercer juez dio ganador a Orucuta en una tarjeta increíble y polémica de 118-110. En .cero habíamos puntuado 119-110, pero dábamos por ganador al argentino. De todas formas, “el título queda en casa”, como dijo Omar luego del combate. “Terminamos haciendo una pelea inteligente, no haciendo cosas raras” y puntualizó: “Le gane al más peligroso de la categoría”.
Sin lugar a dudas, Narváez está vigente y, luego de 11 años de ser campeón del mundo, sigue con las mismas ganas y la misma ambición con la que empezó. “No sé qué me depara el futuro”, dijo luego de terminar la pelea. “Quiero agradecer a todos los que se hicieron presente esta noche”. Así declaró el campeón quien, a sus 37 años, continúa haciendo historia, como se lo había prometido a .cero antes del combate.