Una historia de amor

Tras del éxito de «Ringu» (1998), la productora Omega Project Co. estaba decidida a repetir el triunfo y por eso buscó una nueva historia para contar: esta vez una adaptación de la novela de Ryū Murakami y la dirección de Takashi Miike. La combinación, en su época, estuvo marcada por la controversia, pero hoy está posicionada como un film de culto.

Para esta «Noche de brujas», podría formar parte de la lista si buscas una opción con gore —según la RAE: película de terror que recrea con detalle escenas sangrientas, mutilaciones, vísceras y daños al cuerpo humano—, aunque tengas que esperar a que se cocine lentamente para desplegar todo su sabor.

El J-Horror suele destacarse por sus mitos, fantasmas y un fuerte componente psicológico. Temáticas que incluyen el trauma, la pérdida y el existencialismo se ven en pantalla de diferentes formas: una nena que sale de la TV, un grupo de adolescentes que forman una secta suicida o, como en este caso, un viudo que busca un nuevo amor.

«Audition» nos presenta a Shigeharu Aoyama, al que vemos perder a su esposa y conocemos a su hijo en los primeros minutos del film. Siete años más tarde, en una charla con un amigo, decide que es momento de volverse a casar. La sociedad se impone sobre lo que debería suceder ahora que su primogénito se hace mayor. El temor a la soledad del protagonista se puede leer como un horror inminente del que hay que escapar.

En esta conversación, en la que el hombre valora diferentes formas de conocer a su nueva esposa, nace la idea de hacer una audición para encontrarla, además de revivir un proyecto que Shigeharu tenía. Parecía inteligente mezclar ambos deseos y así obtener algo a cambio en el experimento. Su amigo le envía perfiles para analizar antes del día de la audición, y en esos relatos abstractos él encuentra a su futura media naranja en la descripción de su pesar.

«Estudié ballet, pero me estropeé la cadera cuando tenía 18 años. Estaba desolada porque pensaba practicar en Londres. El ballet era mi prioridad. Así que mi sueño se derrumbó. Puede sonar exagerado, pero es como aceptar la muerte. Vivir es otro modo de alcanzar la muerte». Con esta confesión, el protagonista y el espectador conocen a Asami Yamazaki, la mujer de esta trama.

El experimento es misógino; hacer una audición para conocer a una mujer es poco ético. Esa fue una de las primeras críticas que se le hicieron al largometraje, pero realmente lo que generó problemas y salidas anticipadas de las salas de cine fueron las escenas explícitas de dolor. En esa primera frase, el mencionado dolor está por escrito, no incomoda, hace que Shigeharu se fije en ella y que nosotros conectemos con los dos. Pero cuando por fin la seguimos a ella, descubrimos detalles perturbadores: una bolsa con algo que se mueve, su mirada perdida al infinito, su destreza con hilos cortantes y la necesidad de frenar a los otros a través de mutilaciones.

A través de la búsqueda de él, encontramos cuál es el sufrimiento de ella: un abuso. El miedo al abandono y a la soledad es el punto donde los protagonistas se encuentran. Pero ella lleva sus emociones más allá y, con el objetivo de impedir que los otros se alejen, los deja indefensos y sin posibilidad de escapar.

Estas últimas semanas, en internet, muchos aprovecharon para hacer sus listas de películas para la semana de Halloween, donde recomendaban ver historias tristes, de amores no correspondidos, de abandono, de soledad y amargura: el horror no se encontraba en la sangre, la persecución o los cuchillos, sino en los sentimientos que nos hacen vulnerables. «Audition» manifiesta las dos cosas: el miedo a estar solos y a que nos lastimen físicamente.

«He conocido a personas que buscan refugio de traumas del pasado y que buscan a alguien a quien amar, pero creo que ella ha crecido sin haber podido ocultar nunca su soledad», comenta en una entrevista Eishi Shiina, quien interpreta a Asami Yamazaki.

Takashi Miike supo hacerse un nombre a partir de este proyecto, a pesar de generar más incomodidad de la que el público de la época podía aceptar. Antes de la caída de las Torres Gemelas, de films como «Saw» y de que el término «porno tortura» entrara en el lenguaje cinematográfico, Miike ya exploraba los límites del horror. Sobre esta adaptación de la novela de Murakami, afirmó en una entrevista: «No es una película de terror, sino una carta de amor».

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