¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, puede ser un drone.

La semana pasada, los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires se enteraron de un nuevo proyecto en el que está trabajando la Policía Metropolitana, fuerza de seguridad porteña: la fabricación o ensamble de drones, artefactos voladores no tripulados y piloteados a distancia por personal especializado.

Su potencial uso sería el del control visual a través de videocámaras, del espacio público, de incidentes o accidentes que se pudieran suceder, desde manifestaciones, robos, incendios, derrumbes, inundaciones y demás.

Por más “futurista” que suene el término drone -o llamado también VANT (vehiculo aéreo no tripulado)-, es una tecnología que se utiliza en varias partes del mundo, no solamente en lo que refiere a seguridad pública sino también para investigaciones científicas, ambientales e incluso para controles varios. El uso más tradicional -y razón por la cual se comenzaron a pensar y fabricar- es el militar.

Hasta allí, todo en orden, nada fuera de lo común: la tecnología al servicio de la seguridad.

Lamentablemente, el uso de este tipo de tecnología no tiene regulación en el ámbito de la Ciudad, ni siquiera en el país, lo cual constituiría una barrera más que importante para su efectiva aplicación.

Lo que terminó de encender las alarmas por parte de la oposición porteña fueron las declaraciones de un propio vocero de la institución policial -quien no fue debidamente identificado-, a quien se le escapó una frase: “…el único límite para usarlos es la imaginación”.

Tratándose de una fuerza de seguridad no suena tan divertido. A partir de allí, uno de los pequeños bloques en la Legislatura reaccionó: el equipo legislativo Verde al Sur.

En este espacio se desempeña el sociólogo Andrés Pérez Esquivel, especialista miembro de la Red Latinoamericana de Vigilancia, Tecnología y Sociedad, lo que condujo inicialmente a presentar un proyecto de pedidos de informes al Poder Ejecutivo, el que fue acompañado por legisladores de ocho bloques de la oposición.

“El motivo es obvio -declaró Pablo Bergel, titular del bloque-, además de los usos que podrían resultar positivos, también podría ser usada esta misma tecnología  para realizar espionaje, incurrir en violación de intimidad y usos represivos. Porque con pocas adaptaciones, estos aparatos podrían transportar también armamento o sustancias químicas letales o incapacitantes, desde gases lacrimógenos hasta dardos eléctricos o tantos otros usos que la imaginación y creatividad de mentalidades represivas o totalitarias pudieran desarrollar”.

Según informó Pérez Esquivel, la industria de los drones en el mundo ha tenido un crecimiento explosivo, llegando en la actualidad a cerca de 90 mil millones de dólares, lo que los convierte no solo en elementos de control territorial y poblacional sino también en un pingüe negocio para la industria militar y los “contratistas”.

Con la coautoría de los diputados Gustavo Vera, Virginia Gonzalez Gass (PSA), Alejandro Bodart (MST) y Pablo Ferreyra (IP), Bergel presentó el primer proyecto de ley para regular su uso policial en la ciudad. “Lo que proponemos es que no se puedan usar hasta que haya una normativa nacional de aeronáutica que los regule, recién entonces la policía solo los podrá usar para incidentes o accidentes mayores como derrumbes, inundaciones o incendios”, informó el diputado, quien tampoco olvidó que uno de los jefes de la Metropolitana elegidos por Mauricio Macri, el “Fino” Palacios, fue procesado por espionaje.

“Este es el primer proyecto del país relacionado con estas aeronaves de tecnología avanzada, que podría servir de ejemplo para otras ciudades argentinas y latinoamericanas. Es muy peligroso que se los empiece a usar de modo discrecional y sin regulación”, agregó Andrés Pérez Esquivel.

Agradecemos la nota, especialmente elaborada para .cero, de Diego Adrián Fernández.

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