Hay obsesiones que ya perdieron el estatus de verdad, es decir que ya no existe prueba suficiente para demostrar fehacientemente un hecho porque la suma de los rumores, conspiraciones y habladurías varias tienen una fuerza mayor que cualquier argumentación fáctica.

La llegada del Hombre a la Luna es una de las mayores catalizadoras de conspiraciones, o parte -incluso- de una conspiración mayor. La idea más impregnada en el imaginario colectivo es la de Stanley Kubrick como director de lo que fue una puesta en escena grabada en un estudio. Hay un falso documental llamado “Operación Avalancha» (2016) que cuenta, bajo el género del found footage, un plan de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para escenificar la llegada a la Luna luego de descubrir que los soviéticos alcanzarán ese hito antes que Estados Unidos. Pero el cine argentino no está exento de esa búsqueda de la verdad -si es que necesariamente haya que buscar una- sobre ese primer paso para el Hombre. De ahí parte esta especie de spin off de “Alunizaje” (2013) que el propio Lucas Larriera había dirigido, en ese caso junto a Pepa Astelarra.

“Canal 54” es una película de persecución, pero no en términos de thriller ni de acción sino de cómo una serie de imágenes acechan en la ansiedad por desentrañar un misterio. El comienzo de esta aventura tiene su lugar en Madrid, en el Complejo de Comunicaciones de Espacio Profundo (uno de los centros que la NASA posee fuera de los Estados Unidos), allí Larriera es invitado a una disertación como consecuencia de “Alunizaje” donde cruza su camino con Armengol Torres, quien le propone iniciar una investigación sobre la supuesta transmisión paralela de la llegada del Hombre a la Luna.

La sociedad se traslada al punto seminal de esta historia: Avellaneda. En esa parte del sur del Conurbano bonaerense, Norberto Otero, un radioaficionado, había tomado una señal en el canal 54 de su televisor que transmitió un posible “detrás de escena” de la llegada a la Luna. Otero toma unas cuantas fotografías de esa señal, las cuales fueron publicadas en la revista “Siete días”, al día de hoy la única fuente sobre el asunto. Es decir, la transmisión tomada en el techo de una casa de Avellaneda es paralela a la que todo el mundo observó ese 20 de junio de 1969. Este empleado de SEGBA, incluso, salió en el programa ómnibus de Pipo Mancera, “Sábados circulares”, donde contó detalles de este descubrimiento a partir de una señal obtenida por una antena parabólica casera. Luego de estos datos casi duros, lo que se teje es un manto de mito por una reconstrucción oral, la cual casi siempre es permeable a fisuras -cuanto menos- e incluso a ser completas fantasías narrativas.

El correlato de esta historia increíble está marcado por bordes personales del director, en sus obsesiones centrífugas sobre cómo las imágenes lo persiguen y también por su conexión con la Luna, en un costado también arraigado en lo más profundo vinculado a su hermana fallecida. En esas suspensiones se apoya la película para alivianar el peso de Otero, su descubrimiento y en la búsqueda de su paradero.

Entre los carriles del falso documental, la ficcionalización, la narración desprolija y la mentira como forma se entrelaza “Canal 54”, que no es más que una película sobre las especulaciones, las improbabilidades y la aterradora ausencia de material de archivo que parece evaporar los recuerdos precisos de quienes aún están vivos para poder reconstruir aquello que no tiene sustento, más por la imposibilidad de comprobación que por la sustancia de credibilidad de las historias o de los acontecimientos.

“Canal 54” podrá verse de manera presencial este lunes 22 de marzo a las 21:30 horas en el Parque de la Estación y de manera online hasta ese mismo día y horario.