Una economía mundial colapsada no perdonó al automovilismo ni a la Fórmula 1. Como consecuencia, Honda, que había destinado todos sus recursos a la temporada 2009, incluso fichando a una grandísima figura como Ross Brawn, decidiría retirarse de la competencia para lograr subsistir.
En noviembre del año 2008 se les comunicaría a los jefes deportivos del equipo, entre ellos el ya mencionado Brawn junto a Nick Fry que, de no encontrar un comprador para la estructura, está simplemente desaparecería. Así, la dupla decidiría (al no hallar un comprador) ser ellos mismos los encargados de la transacción, que se realizaría por la suma simbólica de un euro, convirtiéndose en dueños y jefes de una nueva escudería: Brawn GP.
Se trataba de un desafío nunca antes visto. El equipo dependería de un presupuesto base de 90 millones de euros (suma equivalente al costo de cerrar el equipo) y el único sponsor que tomaría un compromiso e inversión real sería el grupo multinacional Virgin.
¿Cómo puede un equipo funcionar sin dinero? Los pilotos Jenson Button y Rubens Barrichello corrieron toda una temporada a sabiendas de que, si rompían algo, probablemente se quedarían sin repuesto.
2009 fue una temporada destinada a alterar el orden que se había establecido en la F1. Se implementó un gran cambio de reglamento (similar al que se aplicará el año próximo) que simplificó la aerodinámica de los autos e introdujo un nuevo sistema para facilitar los adelantamientos: el KERS, que usaba la energía generada por la fricción de los frenos para luego darle más potencia al motor. De esta forma, la incertidumbre era total al iniciar el campeonato.
La historia de Brawn GP opacó lo que podría haber sido la de Red Bull que, tras solo cuatro años de trabajo de la mano de Christian Horner, se perfilaba como el equipo a vencer. Un joven Sebastian Vettel, acompañado por Mark Webber, ocuparía las butacas de la bebida energética.
Cualquier cosa podía pasar durante la primera ronda en Melbourne, y así fue: de manera aplastante, Button y Barrichello ocuparon los primeros puestos en la largada del Gran Premio. El equipo que 23 días antes no existía ahora dominaba la parrilla y dejaba a los magnates de la categoría en un desconcierto total. Durante la carrera la escudería sufrió un par de altibajos, pero el resultado final fue el mismo: Ross Brawn aplastado con una escuadra que (casi) no existía.
Brawn GP dominó hasta la mitad del año. Button y Barrichello habían hecho un trabajo fantástico aprovechando el gran momento del equipo: era Vettel quien los escoltaba. Sin embargo, las dificultades económicas y estructurales de la escudería se hicieron notar y, a partir del Gran Premio de Inglaterra, Red Bull no solo alcanzó a nivel de performance al equipo sino que lo fue superando gradualmente. El objetivo de la temporada para Brawn ya no era ganar, era sobrevivir.
Llegamos a Interlagos y, una vez más, el título estaba para cualquiera. El panorama era el siguiente: para coronar la épica, Brawn debía sumar tan solo un punto y así consagrarse campeón de equipos. En simultáneo, Jenson Button, tras sufrir durante más de la mitad de la temporada, sería campeón si terminaba en el cuarto lugar, realizando una de las gestas más importantes de la historia de la categoría.
Como de costumbre, la lluvia se llevó el protagonismo en la previa de la carrera. Button saldría en el 14° puesto: para ser campeón tendría que realizar una remontada sin precedentes. Se apagaron las luces y se largó la carrera: inmediatamente, el aspirante al título ganó cuatro posiciones debido a varios incidentes de otros pilotos que provocaron un auto de seguridad. En boxes, un error con la manguera de combustible arruinó la carrera de Heikki Kovalainen y de Kimi Raikkonen, significando dos posiciones más para Button que, con muchísima habilidad, lograría adelantar a Grosjean para adquirir el 8° puesto al relargarse la competencia. El puntero quería ser campeón: estaba dando una exhibición de manejo. En las próximas vueltas seguiría adquiriendo posiciones con maniobras dignas de premiar.
Una vez realizadas todas las detenciones, Jenson se encontraba en el 4° puesto. ¿El problema? Detrás suyo venía un Vettel que sabía que tenía la obligación de pasarlo si quería seguir en disputa por el campeonato. El alemán adelantó al inglés, pero un incidente que acabaría con las chances de Barrichello le dio a Button un hipotético ideal: de terminar la carrera, se coronaría campeón.
Y así fue. Luego de «desangrarse» durante gran parte del año, sin dinero y desde la nada, Jenson Button y Brawn GP eran campeones de la categoría reina del automovilismo.
Aquella tarde de noviembre, São Paulo presenció la materialización de un cuento de hadas. Una historia tan linda e ideal que, probablemente, nunca se vuelva a repetir.
En Interlagos se escribe la historia de la máxima categoría del automovilismo. Nunca está mal recordar qué es lo que hace tan especial al circuito paulista.