«Dolor y gloria»: Pedro, Salvador y otra gente del montón

Pedro Almodóvar estrenó en 2019 su vigesimoprimera película: “Dolor y gloria”. Luego de Julieta (2016), decidió recurrir nuevamente a un tópico que ya había tocado en su carrera: la vida de de un director de cine. Sin embargo, a diferencia de las películas anteriores como “La ley del deseo” (1987), “La mala educación” (2004) y “Los abrazos rotos” (2011), lo que tiene de particular “Dolor y gloria” es que es un retrato introspectivo sobre su propia vida.

La piel que habito

Salvador Mallo (Antonio Banderas) es un famoso director de cine español que tiene un bloqueo creativo. Pero su dolor no es solo mental, sino también físico ya que sufre de “los nervios general y el ciático en particular” -como relata mediante una voz en off-, además de un problema para tragar que le provoca que se ahogue con la comida.

A esto hay que sumarle el reconocimiento que tiene su obra. La cinemateca de Madrid prepara una revisión de “Sabor” a 32 años de su estreno, lo que le permitirá reencontrarse con protagonistas de su pasado. De esto se desprende el título: el dolor, por su sufrimiento físico y mental; y la gloria, por el homenaje en vida que se le realiza.

Para amantes de lo prohibido

Almodóvar utiliza distintas formas de narración: flashbacks tanto de su infancia en Paterna como de momentos recientes con su madre enferma, la voz en off para narrar sus enfermedades con cierta ironía, acompañados de una secuencia de animación anatómica (diseñada por el argentino Juan Gatti), como si quisiera que los espectadores entren en su cuerpo. A esto hay que sumarles las escenas de canto de su madre de joven (Penélope Cruz) -junto a Rosalía-, como de él de niño (Asier Flores) y hasta un monólogo teatral.

El director utiliza los momentos de inconsciencia de Salvador para introducir los flashbacks, como la escena inicial cuando está sumergido en el agua y cierra los ojos o cada vez que fuma heroína. Es la vulnerabilidad del director lo que le provoca el regreso de esos recuerdos. Es a la infancia a donde se remite para conocer el origen de su creatividad artística, su educación en un colegio seminarista, su rol como maestro de un albañil analfabeto, el despertar de su deseo y la relación con su madre en esas cuevas de Paterna en las que vivían por necesidad.

Volver

El homenaje a “Sabor” lo hace revisitar su obra, lo que lleva al reencuentro con el actor Alberto Crespo (Asier Etxeandia), con quien está distanciado desde hace muchos años. Luego de varias idas y vueltas, Alberto lo convence de interpretar el monólogo “La adicción”, en la que habla de la movida madrileña en la década del 80 y de Federico (Leonardo Sbaraglia), un argentino que fue su viejo amor. La vida de Salvador se convierte en un material narrativo dentro de la propia película. Aunque no hay flashbacks de esos momentos, Almodóvar vuelve al pasado a través de este recurso. Con estos reencuentros, se cierran relaciones que habían quedado inconclusas para Salvador Mallo.

Que he hecho yo para merecer esto

¿Por qué se interpreta que Salvador Mallo es un alter ego de Pedro Almodóvar? Hay varios elementos para concluir esto. Uno de ellos es el de la revisión de “Sabor” a 32 años de su estreno, la misma cantidad de tiempo del estreno de “La ley del deseo” que fue homenajeada en la misma filmoteca. No es la primera vez que Almodóvar juega con la metaficción utilizando sus películas dentro de otras, como “Mujeres al borde de ataque de nervios” rebautizada “Chicas y maletas” en “Los abrazos rotos” (2009).

Aunque el propio Almodóvar dijo que Alberto Crespo no está basado en una sola persona, sino en varias, se puede inferir que tiene bastante de Eusebio Poncela y algunas cosas de Carmen Maura, actores que estuvieron distanciados del director. Y si bien con Maura hubo un reencuentro presentando la remasterización de la película en la cinemateca, no lo hubo con Poncela, que falleció en 2026, aunque en España los críticos tomaron a “Dolor y gloria” cono una reconciliación indirecta.

Hay otros elementos como el departamento que es una réplica de la casa de Almodóvar en el Paseo del Pintor Rosales en Madrid. Antxón Gómez, director de arte, lo decoró con muebles, objetos y cuadros del departamento real. Por su parte, Antonio Banderas utilizó chombas y hasta zapatillas del propio Almodóvar. Hay una construcción deliberada sin convertirse en una autobiografía literal.

Todo sobre mi madre

La figura más importante en la vida de Salvador es Jacinta, su madre, interpretada en su juventud por Penélope Cruz y en su versión anciana por Julieta Serrano. Hay un contrapunto entre ambas versiones de la madre. Mientras que la primera ve una esperanza en ese Salvador niño capaz de enseñarle a leer y a escribir a un adulto, la segunda le reprocha a su hijo no solo su éxito artístico, sino también como vínculo. “Tú no has sido un buen hijo” le espeta en uno de sus últimos días con vida. A esto, se le agrega la culpa del propio Salvador por no cumplirle su promesa de volver a Paterna antes de su muerte. La madre es la gran protagonista en la vida de Salvador y su relación tampoco estuvo exenta de conflicto.

Entre tinieblas

La capital española es un personaje más en la filmografía de Almodóvar. En sus primeras películas, durante la movida madrileña, la ciudad era retratada como caótica, colorida, nocturna y liberada del franquismo, como un exceso emocional. Pero “Dolor y gloria” al ser una película más íntima, también convierte a Madrid en una ciudad más contenida. La mayor parte de las escenas transcurren en interiores como el departamento de Salvador u otros lugares emblemáticos como el cine Doré o la Sala del Mirador. Sin dudas, es Paterna la ciudad retratada aquí. El director de fotografía José Luis Alcaine utilizó iluminación natural para las escenas en Paterna, como la que abre la película en la que unas mujeres lavan la ropa en el río. Hay menos colores vivos y predomina el blanco en este pasado.

Madres paralelas

El final de “Dolor y gloria” es, quizás, el mejor plano en la filmografía de Almodóvar. No solo Salvador está dirigiendo nuevamente, sino que con un movimiento de cámara se revela que las escenas de Penélope Cruz y el niño son parte de una película. El director encontró en el arte en una forma para reconciliarse con su culpa, curar su dolor y su gloria. Lo que salvó a Salvador fue el cine.