Fuiste mío un verano: «La ley del deseo» inicia al Almodóvar autor

“Un film de Almodóvar”, frase estampada en la secuencia de títulos en gran parte de la filmografía del director manchego, funciona como una firma autoral. A lo largo de su carrera, el realizador ha repetido ciertos componentes narrativos y estéticos que ahora se consideran sinónimos de su estilo personal, como la reapropiación del lenguaje del melodrama clásico, el uso expresivo del color o la elección de boleros, música clásica o canciones de pop español.

Pero esa frase no está presente en todos sus trabajos cinematográficos. En sus primeros cinco largometrajes, su nombre y apellido rara vez aparecen al principio de los créditos (siendo «¿Qué he hecho yo para merecer esto?» (1984) la única excepción). Esto cambia a partir de «La ley del deseo» (1987), película que funciona como un punto de quiebre en su carrera profesional.

Amor y obsesión bajo el verano de Madrid

Pablo Quintero (Eusebio Poncela), un exitoso director de cine y teatro, mantiene una relación inestable con Juan (Miguel Molina) mientras trabaja en su próximo proyecto. En ese momento irrumpe en su vida Antonio (Antonio Banderas), un joven obsesivo dispuesto a todo para conquistarlo. En paralelo, su hermana Tina (Carmen Maura) intenta redescubrirse mientras atraviesa una crisis personal.

Con la estructura de melodramas como los de Douglas Sirk y Rainer Werner Fassbinder, Almodóvar va construyendo una serie de historias que van confluyendo hacia el final de la película. Temas como el inconformismo, la doble moral de la Iglesia Católica y el incesto, presentes en los primeros trabajos del director, vuelven a manifestarse como parte del relato. Tampoco tiene miedo en torcer los límites del género con una subtrama policial hacia el punto medio de la película.

Tal vez lo más interesante es el modo en el cual se retrata la sexualidad de los personajes. Es en este film donde, por primera vez, Almodóvar presenta a su protagonista teniendo relaciones sentimentales con otros hombres. Cada una de ellas es diferente; la que tiene con Juan está basada en el afecto, mientras que la que involucra a Antonio se construye desde la obsesión.

Tomando las riendas del destino

Hablando sobre la primera escena de «La ley del deseo» durante la entrevista que Nuria Vidal le hizo al director para el libro “El cine de Pedro Almodóvar”, el realizador indica: “Un hombre no soporta oír que otro le pida ‘fóllame’. Es un trauma que he comprobado en mis propias carnes, porque yo tampoco soporto oírlo”. Tal vez es ahí la clave para entender cómo es que esta es la película que lo convierte en un nombre propio en el cine español.

Hasta «Matador» (1986), sus largos eran financiados por diferentes productoras y el dinero, por lo general, venía con imposiciones. “Con mis cinco primeras películas, tengo la impresión de haber tenido cinco hijos de cinco padres diferentes y de estar siempre peleándome con cada uno de ellos”, indica el realizador, entrevistado por Frédéric Strauss para el libro “Conversaciones con Pedro Almodóvar”. “Mis películas les pertenecen no sólo desde el punto de vista económico, sino también artístico”. La solución a este problema fue la independencia.

En 1983, España promulga el Real Decreto 3304/1983 para regular el sistema de ayudas públicas al cine. La reglamentación, conocida como “ley Miró” por la directora general de Cinematografía que la impulsó, fue lo que permitió al director y a su hermano, Agustín Almodóvar, fundar en 1985 su propia casa productora: El Deseo S.A.

Antes de convertirse en una de las impulsoras de proyectos dirigidos por Alex de la Iglesia, Lucrecia Martel e Isabel Coixet, la creación de esta empresa sirvió para que el director no necesitase productores externos que metan mano en el guion y limiten lo que él quisiera plasmar en la pantalla. No es casual que «La ley del deseo», una película en la que el protagonista es un director que quiere volver a tomar las riendas de su vida, haya sido la primera película para esta nueva etapa en la filmografía del director.

Cuando el deseo se convierte en espejo

Pablo Quintero no es Pedro Almodóvar. O sí, pero no de la misma forma en que Salvador Mallo se presenta como su espejo en «Dolor y gloria» (2019). Aquí, si bien aparecen pistas que indican una conexión entre personaje y persona, no parecen ser más que puntos de referencia para la creación de un mundo que el realizador conoce bien.

Hablar de «La ley del deseo» como una película personal está más ligado a una serie de obsesiones que el español explora en su filmografía. El personaje incluso dirige una versión teatral de «La voz humana» de Jean Cocteau, obra que sería referenciada en «Mujeres al borde de un ataque de nervios» (1988) y posteriormente adaptada como cortometraje en 2020.

Pablo Quintero es víctima de su propio deseo, el cual lo ha llevado a un camino donde el destino de sus amantes parece ser la muerte. Su amnesia tras sufrir un accidente (primero real, luego fingida) no lo protege ni de Antonio, ni de la policía. La última fatalidad que se presenta en pantalla es la destrucción de su máquina de escribir, lo que significa el fin de su vida artística.

Pero a diferencia de su protagonista, el manchego no debió arrojar el trabajo de toda su vida a un contenedor de basura. Si bien controvertida al momento de su estreno, «La ley del deseo» es considerada como una de las mejores películas del director y el punto de partido para afianzar su carrera. Todo el cine que produciría después tiene como punto de partida este film. Un film de Almodóvar.