Fue en un lugar preciso, en una fecha y hora determinadas. El hecho ocurrió en el Estadio Azteca el domingo 22 de junio de 1986, empezó a las 12 horas de un caluroso mediodía, fue un partido de futbol por los cuartos de final entre Argentina e Inglaterra correspondiente al Mundial de México, y duró exactamente 91 minutos. Ese mismo espacio de tiempo es la duración del documental “El partido”, dirigido por Juan Cabral y Santiago Franco, basado en el libro homónimo del periodista Andrés Burgo y presentado en la sección Premiere del último festival de Cannes.
Estrenado en Argentina el pasado 21 de mayo, con una muy buena respuesta de público por tratarse de un documental, es mucho más que la crónica de un partido único, irrepetible, presente en el inconsciente de millones de personas, no solo de nuestro país, sino del mundo también. Es un partido que pareciera se sigue jugando varias décadas después y que el documental solo toma como punto de partida, un acontecimiento deportivo que se transformó en un relato político, cultural y emocional que aún sigue movilizando a quienes lo vivieron.
Los realizadores Cabral (director de “Risa y la cabina del viento”, premiada en el Festival de Mar del Plata y con destacada trayectoria en publicidad) y Franco (formado en la Universidad del Cine) hacen un uso notable del material de archivo, y nos llevan desde 1690, con el primer desembarco ingles en Malvinas por parte del capitán John Strong, a la actualidad, pasando por la llegada del futbol a estas tierras gracias a los inmigrantes ingleses que trabajaron en la construcción de los primeros ferrocarriles, la expulsión de Antonio Rattin en el Mundial 1966 que marca el comienzo de la rivalidad futbolística entre ambos países, un joven Maradona subiendo al escenario y cantando junto a Freddie Mercury en la visita de Queen en 1981, y testimonios brutales como el de Margaret Thatcher justificando el hundimiento del crucero Belgrano.
Una de las particularidades del documental es reunir por primera vez a jugadores de ambos seleccionados para recordar el partido desde perspectivas opuestas. Del lado argentino aparece como figura principal Jorge Valdano, al que se suman Oscar Ruggeri, Julio Olarticoechea, Ricardo Giusti y Jorge Burruchaga. Por el lado ingles Gary Linaker, John Barnes y el arquero Peter Shilton, que en cada intervención suya pareciera no haberse recuperado nunca de lo que ocurrió en el campo de juego ese día. La estructura de la película utiliza espacialmente a Valdano y a Lineker como narradores y contrapuntos del relato, convirtiéndolos en las voces que guían a los espectadores a través de la historia.
Los directores trabajan una puesta en escena alejada del típico documental de “cabezas parlantes”. Retratados en un contrastado blanco y negro, los ex jugadores son ubicados en espacios amplios, sobrios, sin elementos decorativos y en primeros planos bien cercanos al rostro, permitiendo apreciar el inevitable paso del tiempo. Hay una clara intención de presentar a los jugadores no como celebridades deportivas sino como testigos de un acontecimiento histórico.
El documental muestra al Carlos Salvador Bilardo obsesivo, meticuloso, cabalista, como lo fue desde sus inicios hasta sus últimos partidos como técnico. Tanto Valdano como los demás evocan su incidencia en el grupo con el objetivo de alcanzar un resultado favorable. Además de una exigencia extrema en los entrenamientos, se suman rituales religiosos, el no cambiar lugares en los micros de traslado, escuchar la misma música. El punto mas alto de la obsesión de Bilardo fue cuando hizo cambiar la camiseta oficial alternativa de Argentina en el partido con Inglaterra porque “pesaban mucho con la transpiración”, que comprobó luego del partido de octavos de final con Uruguay. Para eso mandó comprar remeras a una feria en la calle e improvisó los números y el escudo de la AFA con las mujeres que los asistían en la concentración.
El partido es la puerta que permite redescubrir la compleja relación histórica entre Argentina e Inglaterra, con las heridas abiertas de la guerra de Malvinas. El encuentro se jugó solo 4 años después del fin del conflicto, y a pesar de las palabras de Maradona diciendo que no iba hablar de política, todo el tiempo previo al partido estuvo teñido de lo que parecía iba a ser un campo de batalla. Salvo la mesura de los jugadores y de ambos técnicos (Bilardo y Bobby Robson), que siempre trataban de llevar todo al terreno futbolístico, las imágenes muestran como los medios y parte de los hinchas que asistieron (argentinos y lo temibles hooligans en ese momento) pregonaban poco menos que la reedición de un nuevo enfrentamiento.
La película a su modo trabaja el suspenso, mostrando sobreimpresos con el titulo “a tantos años”, “días” y “minutos” del comienzo del partido. Al llegar ese momento el uso de las imágenes y fotografías fijas es lo mejor del documental y permiten ver los memorables goles de Maradona y todo lo sucedido desde innumerables puntos de vista. “La mano de Dios”, que en esos tiempos analógicos solo pudo ser corroborada por una fotografía. “El gol del Siglo”, al que primero no muestran en imágenes, pero se escucha el inconfundible relato de Víctor Hugo Morales y su “barrilete cósmico”, y “La nuca de Dios”, la salvada de Olarticoechea en el minuto 88, lo que hubiese sido el empate de Inglaterra.
Sobre el final, Valdano lee “Juan López y John Ward”, el poema de Jorge Luis Borges escrito poco tiempo después del fin de la guerra en 1982: “Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel”. Es en ese momento que la película propone una lectura de acercamiento entre ambos países, coronado por un entusiasta partido de metegol que juegan los ex jugadores, como si pudieran volver el tiempo atrás y estar de nuevo en un campo de futbol.
A cuarenta años de ese día y con el comienzo de una nuevo Mundial en el estadio Azteca, hoy llamado Ciudad de México, el recuerdo de ese encuentro aparece en cada crónica o resumen.
Son los ecos de un partido extraordinario e inolvidable.