Ninguna figura de la industria del entretenimiento puede mantenerse en el centro de atención por mucho tiempo. Eso no tiene que ver con talento, sino que es un sistema que tiene que sustituir a sus estrellas de forma permanente. Para que un nuevo nombre emerja, es indispensable que caiga quien ocupaba previamente ese espacio de privilegio.
En este ecosistema, la ambición descarnada se vuelve la regla de juego. Siempre hay alguien dispuesto a todo para desarticular el orden establecido y devorar simbólicamente a su predecesor. Sin embargo, el triunfo en esta dinámica encierra una paradoja implacable: el mismo mecanismo de desgaste que el depredador utiliza para alcanzar la cima es el que legítima su propio reemplazo.
Una de las películas que mejor disecciona esta lógica es La malvada (1950), de Joseph L. Mankiewicz. Utilizando el mundo del teatro como marco, el film narra cómo Eve Harrington (Anne Baxter) pasa de ser la sumisa asistente de la actriz Margo Channing (Bette Davis) a consagrarse como la nueva estrella del medio, sin importar la forma de conseguirlo.
La feria de las vanidades
La película plantea un entorno donde la representación no se limita al escenario teatral, sino que regula todas las interacciones sociales. El grupo social de Margo Channing vive su cotidianidad en camarines, cenas y reuniones sociales, como si todo lo que estuviera fuera de este universo no tuviera la misma importancia. Incluso Hollywood, donde tanto Margo como su pareja Bill Simpson (Gary Merrill) suelen trabajar, es menospreciado como un espacio menor.
La introducción de Eve Harrington en este grupo se produce mediante la manipulación, presentando un pasado trágico y una devoción absoluta hacia el personaje interpretado por Davis. Así, no solo logra ganarse a la actriz, sino a todo su círculo íntimo. «La malvada» plantea entonces un espejo entre sus dos protagonistas: mientras una está condicionada por el temor a envejecer en una profesión que prioriza la juventud, la otra busca ocupar el espacio que la primera parece estar a punto de dejar.
Bajo esta presión, Margo ve cómo su figura se va achicando de a poco, no solo ante sus propios amigos, sino también frente al público. Cada acción de la joven aspirante la empuja gradualmente a la paranoia y a enfrentarse a una realidad incómoda: su pareja y su entorno más cercano son incapaces de ver cuáles son las verdaderas intenciones de Eve.
A través del espejo
Es inevitable seguir la trama de «La malvada» sin evocar otras películas a las cuales parece haber influenciado. El film de Mankiewicz estableció un molde preciso: un personaje aparentemente inofensivo se infiltra en un círculo cerrado, explota las inseguridades de su víctima y manipula al entorno para aislarla.
Esta estructura es el eje de «La mano que mece la cuna» (1992), donde la aparente sumisión de la niñera funciona como una herramienta de desestabilización. La similitud fundamental radica en cómo ambas intrusas logran que el círculo íntimo de la protagonista distorsione la realidad; tanto el esposo en la película de Curtis Hanson como los amigos de Margo Channing asumen que las sospechas de las mujeres son simples arrebatos de paranoia, desarmando sus defensas y validando el avance del usurpador.
Esta influencia se vuelve todavía más directa cuando el conflicto se traslada al terreno del desgaste profesional y el relevo generacional, como ocurre en «El otro lado del éxito» (2014) de Olivier Assayas. Al igual que Eve con Margo, Valentine (Kristen Stewart) comienza a asumir tareas que exceden a su puesto de asistente, absorbiendo la agenda, los gustos y las flaquezas de su jefa, la actriz Maria Enders (Juliette Binoche). En ambos casos, el entorno termina validando la frescura de la recién llegada frente a la rigidez de la estrella consagrada, transformando el proceso de sustitución en una consecuencia inevitable del paso del tiempo y no en una traición evidente.
Pero quizás, la improbable heredera del film de Mankiewicz sea «Showgirls» (1995). El film dirigido por Paul Verhoeven y escrito por Joe Eszterhas traslada la acción desde los escenarios de Broadway hasta el mundo de los espectáculos de Las Vegas. El trayecto de Nomi Malone (Elizabeth Berkley), tomando prestado el arco de Eve Harrington, ingresa al ambiente y busca ganar los favores de la estrella reinante, Cristal Connors (Gina Gershon).
La mayor coincidencia entre ambos films se encuentra en la forma en que las intrusas utilizan los puntos débiles de sus mentoras para poner al sistema en su contra. Así como Eve explota el pánico de Margo a envejecer para presentarse ante los productores como una alternativa más dócil y joven, Nomi aprovecha la complacencia y los excesos de Cristal para boicotearla directamente ante la dirección del casino. En ambos casos, el entorno empresarial no castiga la traición, sino que la premia porque prioriza la novedad comercial.
«Showgirls» replica incluso la paradoja circular que cierra «La malvada»: el triunfo de la nueva estrella es inmediato, pero la estructura del negocio le advierte rápidamente que su posición es transitoria y que el próximo relevo ya está esperando su oportunidad.
La máquina perfecta
«La malvada» se siente vigente, a pesar de haber sido estrenada hace más de 75 años. No solo por el hecho de que está filmada de forma clásica, sino por el uso de temas que siguen existiendo hasta nuestros días: el pánico al envejecimiento y la caducidad del éxito. La máquina del entretenimiento, ya sea Broadway, Hollywood o la que sea, necesita alimentarse de nuevo talento.
El núcleo del film de Mankiewicz es la crítica a este sistema y la deconstrucción de este mecanismo del recambio. Es por eso que, al final, la paradoja máxima es que la nueva estrella se convertirá en carne de cañón para saciar el hambre voraz de la industria.
Pero, a pesar de que estos son tiempos donde la industria de la medicina estética y la farmacéutica prometen una suerte de cura pasajera a los efectos del envejecimiento, la necesidad de nueva sangre sigue estando tan vigente como en 1950, y no importa si eso termina destruyendo a las Margo Channing o Eve Harrington de este mundo.