Este año, en Argentina el Día de la Madre se celebra el 18 de octubre. Y, como casi siempre, cae un fin de semana después del Encuentro Nacional de Mujeres.
En este marco y considerando la coyuntura social y económica argentina -las dificultades generalizadas del pluriempleo, la deuda de los hogares y el desasosiego-, queremos interrogarnos acerca de: ¿qué implica hoy maternar? ¿Qué dificultades encuentran quienes maternan? ¿Qué cosas podrían modificarse?
En un tiempo como este, donde parece haberse vuelto un problema público la baja de la tasa de natalidad, tal vez sea necesario preguntarse cómo son las condiciones que posibilitan la reproducción social de la vida en la Argentina.
Para eso, vamos a revisar los resultados preliminares de la encuesta realizada en conjunto por 5ta Ola y Maternidades Dignas titulada «¿Quién cuida a las que cuidan?». A modo orientativo, podríamos organizar las dificultades de maternar y cuidar en tres grandes ejes: el trabajo, la sobrecarga mental y la justicia.
Respecto al trabajo, la encuesta muestra que, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires los ingresos de los hogares monomarentales son un 43,4% más bajos que los del conjunto de los hogares. Esto puede interpretarse desde distintas ópticas, pero la que elegimos puntualizar en esta nota es la del acceso y barreras a los puestos de trabajo, junto a la brecha salarial y la feminización de la pobreza.
En este sentido, al ser mujer, no solo se cuenta con la desventaja de acceder a puestos de empleo peor remunerados sino, también, que hay una tendencia a realizar trabajos no remunerados. En el caso de los cuidados -que podríamos definirlos de forma rápida como el conjunto de actividades directas (atender a niños, personas enfermas o mayores) e indirectas (cocinar, limpiar o hacer compras) necesarias para sostener la vida cotidiana-, son las mujeres quienes destinan 6 horas y 7 minutos diarios a esta actividad no remunerada, frente a las 3 horas y 30 minutos de los varones.
A su vez, 9 de cada 10 encuestadas manifiestan ocuparse solas o con ayuda ocasional del cuidado diario. Específicamente, el 44,7% realiza sola la mayor parte de las tareas de cuidado, el 43,3% cuenta apenas con alguna ayuda ocasional y solo un 9,4% las reparte equitativamente con otra persona. En esta línea, puede afirmarse que las tareas no son distribuidas de forma equitativa, sino que el peso recae casi exclusivamente sobre las madres.
Por último, en lo que respecta al perfil de las encuestadas, puede mencionarse que la mayoría tiene entre 25 y 40 años (49% tiene 1 hijo/a, 36% tiene 2, y 15% tiene 3 o más). Este dato no es menor, en tanto la franja etaria coincide con el inicio y desarrollo promedio de la vida laboral de una persona; y considerando la distribución de tareas, se muestran condiciones disímiles entre géneros. Lo que queremos decir es que, por estos motivos, es posible que las madres deban elegir un trabajo que les permita cuidar (quizás dejando atrás mejores oportunidades en términos de ingresos), tengan que optar estrictamente entre cuidar o trabajar, o bien se vean obligadas a ejercer una «doble jornada» al trabajar fuera tanto como dentro de su casa.
Continuando con el segundo eje -vinculado a la sobrecarga emocional-, encontramos que el 90% de las madres argentinas se sintió sola al maternar. En lo que respecta a sus emociones, el 76,5% afirma vivir en un estado constante de cansancio físico o mental (y un 21,9% lo experimenta a veces). Asimismo, un 67,4% de las encuestadas manifiesta experimentar ansiedad, angustia o tristeza con frecuencia (un 30,2% responde que le sucede a veces).
Además, uno de los datos más llamativos muestra que el 26,7% no tiene con quién dejar a sus hijos/as si se enferma (y un 39,3% depende del día). En este sentido, puede afirmarse que la distribución desigual de tareas no solo tiene un efecto en el acceso al empleo sino, también, en los ánimos y la autorrealización de las madres. La encuesta arroja que al menos el 75% de las madres no dispone de tiempo propio (el 45,5% tiene muy poco y el 29,4% directamente no tiene); y solo 1 de cada 4 logra tener una hora a la semana para sí misma. La realidad es que, como muestra la encuesta, más de la mitad de las madres no siente que tenga derecho a cansarse o pedir ayuda.
Por último, en cuanto a la relación entre las madres argentinas y la justicia, los resultados muestran que muchas de ellas deben recurrir al sistema judicial para reclamar responsabilidades de crianza -como la cuota alimentaria- que deberían cumplirse sin iniciar un expediente. Aquí se pueden ver, otra vez, cristalizadas las dificultades que mencionamos antes: la distribución desigual de las tareas de cuidado, las diferencias en el uso del tiempo y el desgaste emocional, ya que no implica lo mismo tener que sostener una demanda judicial que no hacerla. A esto se suman las barreras institucionales provenientes del propio sistema, vinculadas al ejercicio de profesionales de la justicia con escasa o nula perspectiva de género.
Pensar hoy el problema de la baja en la tasa de natalidad en Argentina resulta inocente si se lo desvincula de las condiciones concretas en las que se desarrolla la reproducción social de la vida. Quizás no se trate simplemente de una decisión individual o de un desinterés generacional por la crianza sino de algo más amplio, que incluye un sistema que penaliza económicamente, agota emocionalmente y desampara jurídicamente a quienes cuidan.
Enfrentar esta situación exige transformar radicalmente las prácticas cotidianas, los marcos normativos y las instituciones. Desde la sociedad, es indispensable desnaturalizar la división sexual del trabajo y reconocer aquellos trabajos no remunerados, en especial los de cuidados. Desde el Estado, se vuelve necesario saldar deudas como la ampliación de las licencias por paternidad y de cuidado -garantizando que la crianza no siga recayendo de manera exclusiva en las madres- junto con la creación de infraestructura pública de cuidados.
Por último, desde el Poder Judicial se requiere adoptar una perspectiva de género transversal que deje de (re)victimizar a las madres y sancione con celeridad la violencia económica que representa el incumplimiento de la cuota alimentaria. Hasta que cuidar no sea una tarea colectiva, equitativa y con derechos garantizados, hablar de
natalidad seguirá siendo una abstracción que esquiva el problema de fondo: ¿quién cuida a las que cuidan?
Artículo elaborado por Paloma Badaracco.
Este artículo fue elaborado especialmente para puntocero.
Si te interesa colaborar podés comunicarte con nosotros.
Esperamos que lo disfrutes.