En el marco de un partido amateur en Holanda en diciembre del año pasado, cerca de Amsterdam, murió Richard Nieuwenhuizen, un hombre de 41 años que se desempeñaba como juez de línea voluntario. Era el padre de uno de los chicos que jugaba y se había ofrecido a arbitrar. Su hijo fue testigo del brutal ataque, que llevó a que fallezca en el hospital.

Foto: visionnoventa.com
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Los autores del crimen fueron siete adolescentes, que también jugaban, y un adulto, que fue condenado a 6 años de prisión. Los chicos recibieron penas de 1 a 2 años en un centro de detención juvenil. Fueron declarados culpables el lunes pasado. Parte del dictamen explicaba: “La corte encuentra que hay pruebas legales suficientes de que todos los sospechosos participaron en las patadas violentas y poderosas a la cabeza y parte superior del cuerpo”.
Me pregunto, ¿cómo es posible que una pelota y un par de caños formando unos arcos en un simple terreno deriven en esto? ¿Cómo puede ser que una dinámica de enfrentamiento dentro de un juego traspase los límites y llegue deformado a la realidad? Y finalmente, ¿cómo es posible que al llegar a la realidad traspase la barrera de la cordura?
Foto: www.dailymail.co.uk
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Los 33.000 partidos amateurs organizados en Holanda que estaban programados para el fin de semana siguiente fueron cancelados. Asimismo, hicieron un minuto de silencio en todos los encuentros de la liga profesional holandesa. El país mostró su conmoción y, en diciembre de 2012, cuando aconteció este hecho, se realizó una marcha silenciosa en la cual participaron miles de personas.
Matar a alguien, sea en el contexto que sea, va más allá de todo, de la ética, la moral, la lógica, lo ilegal. Es absurdo. Absurdo que conocemos, prácticamente, desde que el mundo es mundo en base a la extraña y aún viva práctica de las guerras. Que, generada por el motivo que sea, siempre es un sinsentido. Un pedazo de tierra no vale una vida. Una frontera extendida no lo vale, ni una colonia, ni un tratado, ni un gobierno, ni nada. El petróleo que yace debajo de la tierra tampoco. Y en cuanto al fútbol, es difícil observar que un enojo generado por una disputa o un desacuerdo dentro de lo lúdico haya tenido como consecuencia una muerte. Y lamentablemente, la relación entre el fútbol y la violencia no es algo nuevo, y persiste.
Foto: hooligansblog.wordpress.com
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La violencia está presente en el fútbol desde sus inicios. Ya en el Siglo XIII, los partidos se transformaban en campos de batallas en los cuales se enfrentaban pueblos rivales. La primera batalla específica entre hinchas de este deporte fue en 1912. Los equipos que jugaban eran Manchester United y Liverpool. Violencia y fútbol generaron propios términos. Es conocido el término inglés “hooligan”, que comenzó a emplearse para nombrar a los hinchas fervorosos que solían ser violentos. La palabra apareció por primera vez en un informe policial de 1898 en el cual se relataba un enfrentamiento entre dos bandos. Se dice que uno de los involucrados se apellidaba así. Y no se trata de algo local. El fenómeno de los hooligans se extendió por Europa y América Latina y, específicamente, en Italia se caracterizaron por tener una fuerte carga ideológica y adherir a una postura política extrema, de derecha o izquierda, que lógicamente variaba según al equipo que seguían. Incluso tuvieron su propia denominación: los ultras. Un mundo violento que siempre acompañó a este deporte.
Foto: www.thenewstribe.com
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Sería bueno que reflexionemos sobre los hábitos que rodean al balompié en nuestro país. El argumento de la pasión por el fútbol algunas veces opera como minimización del hecho. Pero un asesinato es la muestra más concreta de violencia, un absurdo que no debería suceder. Pareciera que, a veces y por costumbre, se naturaliza el estilo cuasi, o directamente delictivo, de los barras bravas, e incluso la necesidad de que un equipo cuente con ellos.
La figura del barra brava surge en Argentina en los años 20. Entre 1924 y 1957 ya se registraban 12 muertes derivadas de este tipo de enfrentamientos. Y así fueron creciendo, porque entre 1958 y 1985 las muertes ya eran 109. Actualmente, el tema está en boga principalmente por “La 12”, la gran barra brava del equipo Boca Juniors, protagonista de un escándalo que involucra a los dirigentes del club y una verdadera mafia. Los dirigentes políticos de los clubes muchas veces amparan, protegen y promueven que existan este tipo de hinchas, a sabiendas de la violencia que encarnan. Por su lado, los barras reciben beneficios y concesiones.
Esperemos que nuestro país pueda dar pasos en contra de todo lo nocivo que rodea a este deporte tan popular y a su vez tan particular.

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