Ansioso, deprimido, apocalíptico y medicado. Esas son las cuatro palabras con las que su psiquiatra diagnostica a Adam, el protagonista de esta excéntrica comedia romántica de la realizadora canadiense Anne Émond que se presenta en la sección «Autores» de la 40° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
Adam, interpretado por Patrick Hivon, es un hombre gentil y bondadoso de 45 años atormentado por la eco ansiedad y su incapacidad por relacionarse -como le gustaría- con el mundo: no logra comunicarse sinceramente con su padre, tiene una empleada que no reconoce su autoridad y está soltero hace mucho tiempo.
Buscando controlar su ansiedad y su depresión, Adam practica meditación, hace ejercicio y decide comprar una lámpara de luminoterapia. Este último será el hecho que le dará un giro a su vida, llevándolo a «cambiar paradigmas», como él mismo expresa durante el film.
En el servicio telefónico de atención al cliente de su nueva lámpara, Adam conoce a Tina (interpretada por Piper Perabo), una mujer con voz dulce y actitud amable que entiende sus preocupaciones por el fin del mundo (el cual parece estar más cerca de lo que creemos).
Tina es, en un primer momento, solo una voz en el teléfono que devuelve a Adam un impulso vital que parecía haber perdido para siempre y le da algo de sentido a ese mundo que él considera acabado. Toda la potencialidad de experiencias que la voz de Tina representa se complejiza una vez que ella, finalmente, toma forma física.
El título internacional elegido para esta película resume muy bien el espíritu de mundo que quiere representar: «Peak Everything» es un término que se usa para describir el momento en que la humanidad alcanza el punto máximo de explotación de los recursos del planeta, un punto de no retorno donde todo parece estar al límite y el mundo conocido deja de tener sentido. Lejos del drama o el cine catástrofe, esta película utiliza esos elementos como contexto de una comedia centrada en sus personajes.
Las actuaciones de la pareja protagónica tanto como de los pocos -pero acertados- personajes secundarios sostienen y le dan verosimilitud a este mundo al borde del colapso en el que Adam intenta encontrar su lugar.
En «Amour Apocalypse», Émond dibuja una aventura sencilla y fresca, donde permite que el absurdo asome combinando un escenario (casi) apocalíptico con el nacimiento del amor y la complejidad de las relaciones humanas.