La joven directora chilena Francina Carbonell estrena «El Cielo está Rojo», su primer largometraje, en la Competencia Latinoamericana en la 36° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

El miércoles 8 de diciembre de 2010, a las 5:45 de la mañana, una disputa territorial en la Torre 5 de la cárcel de San Miguel, en Santiago, derivó en un incendio que provocó la muerte de 81 reclusos y una veintena de heridos, algunos de gravedad. «Peleábamos por espacio y nuestra arma era el fuego», se puede leer en las declaraciones posteriores a la tragedia.

«El día del incendio en la cárcel de San Miguel el país quedó mudo ante las imágenes que iban apareciendo: eran insoportables, que quedaron en el aire, un episodio que se inscribió como una herida sin elaboración. Esa sensación me rondó muchos años. Me pregunté por el valor de esas imágenes, quiénes las habían filmado, qué querían mostrar, cuáles otras faltaban. Así descubrimos en la carpeta judicial del caso todos los retazos que habían quedado: los objetos, los recuerdos, los sonidos. Cuando escarbamos entre esos restos, lo que seguía ardiendo eran las marcas de un país profundamente desigual», relata la directora.

Además, el documental reconstruye con minuciosidad cada uno de los momentos y los espacios en los que la muerte invadió la prisión. En paralelo y con la propia palabra de los implicados (presos y guardias), se devela el grado de negligencia por parte del Estado, que completa la ecuación para el conocido desastre: falta de conocimiento en el uso de herramientas para combatir el fuego, cámaras intencionalmente desviadas para «hacer la vista gorda», personal poco (o nulamente) capacitado para resolver un conflicto de esta magnitud y demás ingredientes para concluir con una historia que podía tener un solo final posible. Por si todo esto fuera poco, se suman las presiones ejercidas por las fuerzas de seguridad sobre las propias víctimas para entorpecer una investigación que no sirvió de mucho para torcer el destino.

De esta forma, en «El Cielo está Rojo» se fusiona el registro de la reconstrucción de los hechos, declaraciones, llamados telefónicos, imágenes del caso e indagación sobre algunos sobrevivientes de la masacre, y navega entre el material de archivo y la filmación presente in situ con crudeza y sutileza en partes iguales, lo que nos transporta a ese fatídico día de diciembre en que casi un centenar de personas de «segunda línea», porque es difícil no catalogar a estas personas hacinadas de antemano y sin un posterior tratamiento psicológico tras los sucesos padecidos, subsisten por la mera casualidad de que la historia no se repita.

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