En el marco de la Competencia Estados Alterados del 34° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Affonso Uchóa presentó “Sete anos en Maio”, una comprometida película en la que, casi a modo de unipersonal, reflexiona sobre la escasez de oportunidades para los jóvenes latinoamericanos, el abuso de las fuerzas de seguridad y las drogas como escapatoria para quienes tienen menos recursos.

Al respecto de este logrado film, cuenta con una contundencia en el mensaje y una claridad en lo ideológico que merece mucho más que la simple descripción de la historia. De todas formas y para resumir, relata en primera persona la verdadera historia de Rafael Dos Santos Rocha, un joven brasileño que padece abuso policial, esto cambia para siempre su vida, y encuentra en las drogas la única puerta de escape para su cruda realidad. Aunque “Sete anos en Maio” se vale de pocos (pero no por eso menos válidos) recursos, logra impactar y es necesario destacar un diálogo del protagonista en plano secuencia que abarca aproximadamente media hora.

“Pienso que el tema político y la mirada política para la realidad de Brasil es una cosa que tengo naturalmente, para mí es importante porque es una manera de comprender el país en que yo vivo y comprender la realidad de Brasil. Tiene un efecto muy claro en mi propia vida y en las cuestiones personales también”, explica Uchóa. “La cuestión es la forma, es más importante porque cuando elijo hacer una película con este personaje y en este lugar, al mismo tiempo es una cuestión de poner la duda en pantalla”.

Además, sobre la óptica del cine de su país en la actualidad, el director la cuestiona: “En el cine brasileño hay una forma poco tradicional de relacionarse con este universo, lo pone dentro de un cliché y una cosa prototípica que es muy paternalista. Esto tiene que ver con que la gente que en general hace estas películas y filma pobres, excluidos y marginales, hasta hace 10 años solamente eran personas de clase media, blancos y hombres con un lugar muy particular en la sociedad y que, por esto, tenían una mirada para la periferia como para identificar problemas sociales, sociológicos, y que tenían unas ganas como si el cine y su mirada fueran de medicina, ahí para identificar una enfermedad, tratando de comprender lo que genera esa enfermedad”.

“Esto también tiene otra cosa, la periferia vista solamente como un lugar de ruina, de destrucción, nada se puede se crear. Tenemos entonces como persona de clase media, progre, muy consciente, intentar identificar y comprender lo que genera esta enfermedad social, esta ruina social de Brasil”, continúa Uchóa. “Esto me molesta muchísimo porque, además de eso, lo que la gente hace es poner la periferia también en una forma de espectáculo, hacer películas como las de Henrique Meirelles y José Padilha, o estos directores que ponen a los lugares pobres en la forma de Hollywood y no tiene una relación verdadera. Por ejemplo, en ‘Ciudad de Dios’ están a punto de cometer una masacre y están escuchando una canción de blaxploitation… van a matar siete personas, no pueden representar este acto como si fuera una cosa muy simple, como si tuviera solamente placer. Hay más complejidad, las cosas son diferentes. Pero no tienen problemas con esto, porque lo que importa es el discurso sobre la sociedad, lo que importa es lo que están creando con este personaje y no la relación que tienen con los personajes”, argumenta el director.

“Para mí, entonces era un tema en esta película buscar otra imagen, otra representación de estos lugares y vidas que no fueran espectacularizadas, que no tengan que ser pases para una película de Hollywood y que no pongan la vida de la periferia, de los pobres, en clichés, en cosas muy prototípicas. Para esto, para mudar la imagen, había que cambiar la relación. Cambiar la relación de construcción y creación con la gente y los lugares porque me ayudaría a cambiar la imagen de la periferia. Esta relación es una forma de: yo hago películas con ellos, no sobre ellos. No están ahí solamente para performar las ideas que yo pensé previamente en mi casa. Las ideas surgen de mi contacto con ellos, y tienen la libertad de cambiar y sugerir, traer cosas que vienen de ellos. Yo nunca vi ni veo material para performar mis ideas, no tengo tanto aprecio por mis ideas”, concluye Uchóa.

Asimismo, expresa que “esta es una manera de experimentarnos, algo muy raro en la sociedad brasileña. Es ofrecerles la oportunidad de ocupar un rol creativo en la sociedad, porque la gente como los chicos que vienen del mismo lugar que yo vengo, aunque soy vecino de ellos y no soy como ellos, la sociedad de Brasil no les da la oportunidad de ser creativos, tienen que ser gente que obedece, que solamente vive para trabajar y supervivir, y que no puede hacer otras cosas. El cine es una oportunidad para experimentar y soñar con otra vida, con otra experiencia. Y la experiencia creativa es fundamental. Yo no veo material, veo un potencial creativo. Veo cosas que pueden traer al cine y a la pantalla, que parte de la relación con las personas y los lugares”.

“Además, siempre estoy buscando alejarme del cine brasileño que espectaculariza la miseria y la pobreza que pone los cuerpos y los lugares en la forma de la narrativa de Hollywood”, concluye Affonso Uchóa, quien describe que busca “también que mis películas abran el espacio para que el espectador refleje y reflexione acerca de la imagen y que no sea simplemente blackmailing por el tema y el contenido. Es mi gran desafío: tengo una historia muy fuerte, trágica y revela lo que es una persona y un país, revela lo que es Brasil. El lenguaje es una forma de cuestionar cómo la imagen crea y se relaciona con acontecimientos trágicos y no solamente conectamos con la audiencia, lo que están viendo es fuerte y trágico pero el cine puede crear la tragicidad y conmoción, nuestra pasión por aquellas cosas que vemos en la pantalla”.

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