Parece una historia vieja, de allá por 1947, cuando las superpotencias de aquel entonces se enfrentaban para desplegar su poderío político, armamentístico y demostrar quién tenía más poder. El comunismo contra el capitalismo, los Estados Unidos frente a la Unión Sovietica. Sin embargo, solo fue un enfrentamiento verbal y no se llegó a un conflicto más grande por diversas intervenciones de ambos países y pedidos mundiales que lograron evitar algo que podría haber resultado catastrófico.

Hace una semana, mientras se producían las festividades por las Pascuas, se produjo un hecho que pasó inadvertido para el mundo pero que nos remite a los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos utilizó un arma muy potente contra el Estados Islámico (ISIS) en territorio afgano y dejó un saldo de 70 muertos y daños estructurales severos sobre edificios. El ataque, según el Pentágono, estaba dirigido a destruir antiguos túneles que utilizaban los talibanes ahora transitados por los terroristas del Daesh.

La madre de todas las bombas

La bomba, denominada MOAB (“la madre de todas las bombas”) como la suscribieron desde el Estado norteamericano, tiene un poder de destrucción no nuclear pero sí de un gran potencial armamentístico. Esta, según describieron expertos, es una bomba que destruye todo a su alrededor y deja sin vida también a aquellos que se encuentren cerca.

Al respecto de este suceso, surgieron imágenes en noticieros de diferentes países donde se lo podía apreciar al mandatario norteamericano Donald Trump sentado con jefes militares, con quienes ordenó el ataque a estos búnkeres. Pero nadie intercedió para frenar esta locura, que puede desatar una escalada interminable y devastación total. Muchos países avalaron este accionar con la excusa del terrorismo y de avanzar sobre posiciones enemigas del Estado Islámico, pero pasaron desapercibidas las declaraciones en contra de estos ataques, ya que fue sin el consenso de la mayoría de los países que integran la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El padre de todas las bombas

Mientras tanto, Rusia no se detuvo en su accionar sobre los rebeldes y yihadistas en Siria. El Estado ruso también avaló ataques con súper bombas y esta vez utilizó las llamadas “bombas termobáricas”, denominada por los rusos como “el padre de todas las bombas”. Esta súper bomba, según el ejército, tiene un poder de destrucción 4 veces más potente que la MOAB utilizada por los Estados Unidos. La ODAB-500 PM tiene un peso de 500 kilogramos en explosivos, la cual cae con lentitud ya que cuelga de un paracaídas.

Esta súper bomba arrojada sobre territorio sirio utiliza el mismo aire del ambiente para destruir todo y, si alguno de los que estuviese cerca quedase con vida, la bomba tiene una segunda acción que consume el oxígeno, por lo que la destrucción es total. Así, el arma está orientada a eliminar a los rebeldes sirios y el régimen de Bashar el Assad con su cómplice ruso, y están dispuestos a todo luego de la luz verde de Estados Unidos a utilizar armas más gruesas en la batalla.

Las piezas en este ajedrez enorme se han movido y parece que cada lado ha puesto en acción a sus reyes. La cuestión por conocer es quiénes realmente ganan en esta cruel batalla. Las armas de destrucción masiva comienzan a asomar con estos avances, mientras Siria e Irak siguen devastados. Estados Unidos prueba armamentos poderosos y con esta excusa Rusia prueba sus armas y ambos juegan a ver quién de las dos potencias tiene mayor poder destructivo. Mientras tanto, la humanidad se pone en riesgo nuevamente y los demás observamos este conflicto como si se tratase de una película.

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