La selección masculina de fútbol de Argentina reconfirmó su evolución colectiva ante Venezuela. La estadística y ciertas observaciones estratégicas permiten plantear un hipotético escenario donde el conjunto nacional pueda competir al nivel de las grandes potencias europeas, que hace años dominan el fútbol de élite.

Salir campeón del mundo no depende únicamente de la buena voluntad sino de una innumerable cantidad de de circunstancias impredecibles, como una distracción, una lesión o un gol de rebote. Ni hablar de los factores externos, como el rendimiento y calidad individual de selecciones como Francia, Inglaterra y Alemania, entre muchas otras. Sin embargo, el escenario analítico identificó muestras de enorme crecimiento en los últimos 3 años por parte del equipo de Lionel Scaloni.

Primordialmente, Argentina creció a partir de la fluidez del mediocampo. Consolidó a Leandro Paredes como volante central, lo cual permitió crear juego desde la salida, sin necesidad de forzar un despeje prematuro. Frente a Venezuela, Leandro falló solamente 5 de los 106 pases que intentó. Lo interesante es dónde y cuándo los realiza. Juega más retrasado que el resto de los volantes y se mete entre los centrales para generar superioridad numérica en la salida, pero no se limita a dar el primer pase. Estadísticamente, en la actual eliminatoria es el volante más eficaz en pases verticales (87%) y el segundo con mayor promedio de pases hacia adelante completados por partido (13.9). Juega y hace jugar a sus compañeros, lo que lo convierte en un pilar fundamental de esta selección argentina.

Es sabido que Rodrigo De Paul es de los futbolistas más queridos por el pueblo argentino. Es fácil reconocer que es un jugador de toda la cancha, que parece tener un pulmón más que el resto. Cumple la función de volante mixto, con la responsabilidad de profundizar en ataque, asociándose en los últimos metros y luego retroceder para ocupar un espacio en la presión tras pérdida. Ante Venezuela, fue una de las figuras: dio 2 asistencias, ganó 11 duelos individuales, completó 91 pases (mucho contacto con el balón, que lo tocó 136 veces), fue el segundo con más recuperaciones (6) y fue el jugador que más faltas recibió (7). Su tenacidad y ambición funciona como su combustible para estar atento a cada momento en el que el juego lo necesita, ya que la clave de cada partido está en la mitad de la cancha.

Giovani Lo Celso y Lionel Messi suelen abandonar la zona baja del juego para ocupar los últimos tres cuartos del campo rival. Argentina libera a un extremo (Ángel Di María o Nicolás González) y los laterales fijan el ancho de la cancha. El denominador común en cada convocatoria de Scaloni es la búsqueda de jugadores polifuncionales, que puedan ocupar varios sectores de la cancha o funciones, en lugar de encasillarse en un mismo sitio.

La mejor definición del carácter de estos jugadores la dio Lionel Scaloni, entrenador, luego del último partido: “Creo que lo que cuenta es la manera de jugar que tienen estos chicos, que es como nacieron en sus clubes, en sus barrios. Hay momentos en los que parece potrero puro”.

Tener futbolistas que compitan periódicamente en las mejores ligas europeas es fundamental, ya que la dinámica e intensidad física y técnica con la que se juega allí es superior a lo que se observa en la Liga Profesional del fútbol argentino. Si a eso se le suma al competente funcionamiento colectivo que se viene consolidando en los últimos tres años, se puede llegar a la conclusión de que Argentina puede competir a la par de los demás candidatos. Sin embargo, bien es cierto que nadie sale campeón sin algo de suerte…

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