A veces las películas comienzan en lugares inesperados y excéntricos. Específicamente en esta historia todo comenzó en el Estadio Eva Perón de Sarmiento. Allí, en la noche calurosa de Junín, en la primera fecha del torneo de 30 equipos de nuestro país. En el noroeste de la provincia de Buenos Aires comenzó a rodar la pelota para el conjunto Millonario y el sueño lejano de volver a Japón prendió su primera llama, con cada vez más fuerza semana tras semana. Claro que no fue para nada fácil y en el medio hubo vaivenes y cambios de ánimos constantes, en la cancha y también en los espectadores de este rodaje que, en algún momento, más de uno mencionó la famosa frase «Esta película yo ya la vi», sobre todo luego del empate con Juan Aurich de local.
Esta película roja y blanca comenzó en un lugar inesperado para algunos, pero terminaría en la tierra que, desde el año 1996, todas las noches aspiraban a volver. Las escenas inaugurales de la Copa Libertadores fueron de una de terror. El inesperado arranque sin triunfos, el agónico empate en México ante Tigres y la exorbitante e increíble clasificación a la fase de grupos, dejaba en claro que por lo menos esta no era apta para cardíacos. Pasó el aluvión y el «director» declaró por aquel entonces luego del partido: «Ahora que toque cualquiera»… y el que tocó fue, nada más ni nada menos, que Boca Juniors. Para colmo llegaba con puntaje ideal, era implacable en la cantidad de goles convertidos y estaban mejor posicionados en la tabla general. Un enemigo letal que parecía que en competiciones internacionales era un monstruo totalmente invencible. Pero como en las de acción se sobrepuso ante la adversidad, le ganó bien de local, hizo un gran primer tiempo en la Bombonera y en el segundo choque llegaría el famoso actor secundario, el «Panadero», para aplicar más líneas inesperadas a propios y extraños.
Luego de dejar afuera al eterno rival a River le tocó Cruzeiro, equipo que le costaba horrores vencer y, como si fuera poco, perdió en Argentina el primer encuentro. Los fieles espectadores que compraban su boleto ya se preguntaban «¿Habrá una parte tranquila?». Por suerte para ellos llegó un periodo emocionante del film: River goleó en Brasil y pasó con altura esa instancia. Luego despachó a Guaraní con un actor de reparto que apareció sobre el final -más adelante se convertiría en principal-, que se hacía llamar Lucas Alario. Finalmente, la parte de dramatismo absoluto apareció en la gran final con Tigres.
Partido de vuelta y la lluvia era incesante, como aquella noche de 1986. Centro de Lionel Vangioni y cabezazo implacable del Pipa Alario bajo una lluvia torrencial para el desahogo, luego de tanta tensión y suspenso sobre las butacas. El uruguayo Carlos Sánchez y Ramiro Funes Mori se encargaron de darle minutos relajantes y de gozo absoluto, con imágenes que quedarán en la retina de millones de personas que estaban pendientes del final. O, mejor dicho, de la parte final, porque esta película aún no terminó.
Muchos pensaron que llegarían los créditos y culminaría con ese final feliz. Goleada, Copa Libertadores luego de 19 años, lluvia incluida como en las románticas, pero no, no era ese el final. El destino y su perseverancia ponen a River Plate ante la posibilidad de darle el verdadero broche final a esta historia épica. Un Mundial de Clubes a la vista, para nada fácil por cierto, pero vaya si el conjunto de Núñez entiende de hazañas y presiones. Ahora el famoso director, apodado «Napoleón», junto a once actores elegidos con minuciosidad luego de un casting realizado en el campeonato local y la Copa Sudamericana pasada, tendrán la posibilidad de realizar la película más taquillera de todos los tiempos y darle el final feliz merecido, más allá de cualquier resultado.
Luego de verlo caer en el infierno más doloroso en el 2011, el miércoles 16 de diciembre 20.000 fanáticos llegarán al cielo donde anhelaban estar presente hace muchísimo tiempo. Y esta vez no lo tendrán que ver por la pantalla grande, esta vez serán ellos los que vean proyectadas sus ilusiones y emociones en los jugadores, al igual que medio país. La institución demostró que ya no está frente su propio destino, sino que ahora lo seguirá escribiendo por cuenta propia.
Queda claro que esta película no es «Un cuento chino» con Ricardo Darín, es River Plate que terminará su camino en Japón, buscando lo que soñó desde que comenzó todo en Junín.