Pablo Stigliani luego de realizar dos ficciones: «Bolishopping» (2014) y «Mario on tour» (2017), estrena su primer documental. Observa lo que es, de alguna manera, el «detrás de escena» de la temporada alta en la costa argentina.

«Días de Temporada» transcurre en Santa Teresita durante enero de 2018. La cámara pasiva y calma se posa a mirar de cerca a los trabajadores típicos y los acompaña durante una jornada. La narración se hace de la naturaleza de las cosas con los riesgos, incluso, de esta decisión y se determina a no ornamentar la forma de la película. La valentía está en confiar en que aquello que se cuenta puede trascender un primer juicio que lo tilde de desabrido y que, de hecho, lo trasciende.

A pesar del cambio de formato que hace el director de la ficción al documental, algunas capturas se pueden percibir como guiños a sus trabajos anteriores. Entre los puntos más fuertes están los tímidos y fascinantes momentos musicales, además del hallazgo del contraste entre ruidos y silencios, muchedumbre y soledad que todos los personajes pasan por igual.

«Trabajar mientras todos se divierten» dice el póster, y sobre el proceso para seleccionar y registrar a estos trabajadores Pablo Stigliani nos cuenta: «Pasé todas mis infancias en donde transcurre la película, entonces tenía el ojo bastante agudo para encontrar cuáles eran las personas que podía retratar. Más allá de sus rasgos llamativos o coloridos, traté de que cada una de ellas hable de distintas problemáticas que pueden estar latentes ahora en la sociedad: el trabajo infantil, la mujer como jefa de hogar, la inmigración, la aceptación de lo sexual, etcétera. Si bien la película es observacional (y por lo tanto muy sutil y nada va a estar subrayado), es algo que está por afuera de la peli y quien pueda hacer esa lectura va a encontrar esto, que es lo más importante para nosotros. La premisa que nos ayudó a romper la barrera y entrar a registrarlos fue partir de la base de que ellos son trabajadores y nosotros también somos trabajadores del cine, y nuestro trabajo era registrarlos».

Mencionamos el carácter observacional del documental y, sobre esto, surge la curiosidad sobre el rol de la dirección en una realización de este estilo: ¿cuáles son los detalles que fueron diseñados y que configuran la sutileza?

«Trabajamos con Luis Sens, que es el director de Fotografía (yo había visto su trabajo en «Alanis» (Anahí Berneri, 2017) y decidí convocarlo. Tuvimos una buena conexión porque ambos habíamos pasado nuestras infancias en balnearios de la Costa Atlántica y, a partir de ahí, empezamos a pensar dos premisas desde lo visual: la primera era trabajar los encuadres como postales, con la cámara fija, que no se mueva, poca intervención, pocos cortes sobre las acciones y únicas tomas extensas. Y la segunda era que el espectador vea la película como sentado en una reposera mirando la temporada, entonces los encuadres a veces están un poco bajos. Otro de los puntos principales era nunca contar a los turistas, centrarnos en la ciudad y los personajes elegidos», detalla el director.