Mariano González, en su ópera prima (“Los Globos”), ya había transitado el camino de un pequeño drama que se desarrollaba en poco más de una hora. En “El cuidado de los otros”, película de la Competencia Internacional en el 34° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el tiempo del relato es el mismo pero las sustancias son otras, mucho más complejas y más abroqueladas.

Ambas películas comparten una amplificación de un evento, en apariencia mundano, y que se transforma en una gran angustia. Luisa (Sofía Gala Castiglione) tiene dos trabajos de medio tiempo: uno en una fábrica de adornos para bazares y otro como babysitter. Un pequeño descuido en un departamento mientras cuidaba a un niño será el principio de una pesadilla, más interna que tangible pero no menos terrible para su devenir.

Hay un momento de suspensión del tiempo en el que la historia podría virar hacia el thriller de encierro o al de personaje desaparecido, estos planteos generan un suspenso invisible del que no se notan las costuras. La procesión interna de Luisa y su relación con su pareja Miguel (quien tiene una relevancia dramática en el acontecimiento de la historia) son los motores de un relato despreocupado por llenar los casilleros de un género del que, sin embargo, toma sin sonrojarse algunas recurrencias para llevar adelante el relato.

Sofía Gala Castiglione sigue en el plan de interpretar papeles sobrios, sin esa marca del actor o actriz intensos, sus conflictos internos se ven en su rostro y en su cuerpo que no se descansa, que está en permanente movimiento, sin tratarse necesariamente de un personaje en el que la desesperación se deba manifestar en un derroche de adrenalina. Las caminatas, el deambular con la bicicleta (sin subirse a ella) y su dinámica cotidiana en la fábrica hacen de su Luisa un personaje inquieto en lo físico, aunque también en lo emocional. Es extraño ver una película argentina que bordee un género sin aferrarse a uno en particular pero que presente un conflicto y que lo resuelva sin caer en el golpe de efecto o, peor aún, en el golpe bajo de lo políticamente correcto, más aún hoy con ciertas urgencias y miradas varias sobre grandes temas.

Hay una semejanza con las primeras películas de Pablo Fendrik, en especial con “El Asaltante” (2007), que tenía una duración similar al igual que el uso de la cámara que sigue al personaje, como si se tratara de un documental, como así también en el planteo económico de situaciones. “El cuidado de los otros” es de esas películas posibles necesarias para el cine argentino, sin dudas de las mejores de la Competencia Argentina de esta edición del festival.

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