La edición número 34 del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata cuenta con una selección de cortometrajes argentinos en competencia que ofrecen experiencias muy diversas y con títulos de búsquedas arriesgadas y, por esto, valientes.

Contamos con mucha presencia del fuego como símbolo de múltiples posibilidades en el festival en general, y también en esta competencia. Todos los títulos cuentan con un despliegue audiovisual que no tiene nada que envidiar en calidad a los largometrajes, pero la salvedad está en la capacidad narrativa de ciertos relatos. Los cortometrajes a veces descartados como productos menores, tienen una misión muy compleja que es la de generar en pocos minutos y con un gran poder de síntesis lo que directores y directoras a veces no logran ni en más de dos horas (con más posibilidades de desarrollo y despliegue). En este desafío se diferencian y destacan «Playback. Ensayo de una despedida» de Agustina Comedi que desborda talento, «Persona 5» de Ulises Conti y «Pinball» de Nicanor Loreti.

«El fuego que vimos» de Pilar Condomí y Candelaria Gutiérrez

Después de ver una foto en un diario sobre una serie de incendios forestales en la Patagonia, dos chicas deciden, como en un juego azaroso, viajar a Bariloche. Van a buscar el fuego y, en cambio, se encuentran con los brigadistas del Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF). En el tiempo que estuvieron con ellos no hubo ningún incendio. El único fuego que vieron fue generado especialmente para ellas. Una carta encontrada revela un presagio de lo que vendrá: un grupo de hombres en un tiempo detenido entre inspecciones del terreno y extensos desplazamientos por las laberínticas rutas del sur, fundiéndose con el paisaje.

«La enorme presencia de los muertos» de José María Avilés

Tras cobrar su último sueldo y enviarlo a su país de origen, un pintor de brocha gorda abandona deliberadamente su teléfono celular en la banca de un parque. Poco después, una chica lo encuentra y se lo queda, como si se tratase de un mensaje arrojado al vacío que la interpela y que, finalmente, le revela la enorme presencia de los muertos.

«Monstruo Dios» de Agustina San Martín

Dios es una planta eléctrica. En una noche de niebla las vacas escapan, una niña es elegida y una adolescente procura alejarse de todo. Este es el tercer cortometraje de la directora y ganó la Mención Especial del Jurado en el Festival de Cannes.

«Nos devoraba el fuego» de Lucía Granda

Pasado y presente conviven en una casa abandonada, entre la quietud y el silencio brotan caóticamente los recuerdos. El espacio, atravesado por una narración sin voz, nos conduce a un viaje ligado a lo sensorial.

«Persona 5» de Ulises Conti

Filmado en Japón en una sola locación, este cortometraje de Ulises Conti pone en escena a un grupo de amigos adolescentes adictos a los videojuegos. La cámara registra cómo los protagonistas dedican sus horas a gastar todo su dinero en una pasión que se convierte en el hábito que los destruye.

«Pinball» de Nicanor Loreti

Sagaz, como siempre, George Carlin solía preguntar: «¿Se dieron cuenta de que alguien que maneja más despacio que uno es un idiota y alguien que va más rápido que uno es un maniático?». Aquí, subjetividades de lado, los idiotas y los maniáticos demuestran que pueden ser distintos y, a su vez, un poco lo mismo.

«Playback. Ensayo de una despedida» de Agustina Comedi

Lejos de la capital argentina, en Córdoba, el final de la dictadura augura una primavera que durará muy poco. La Delpi es la única sobreviviente de un grupo de travestis y transformistas que hacia fines de los 80′ empezaban a morir, una tras otra, de sida. En una ciudad católica y de provincia, el Grupo Kalas hizo de los playbacks y de los vestidos improvisados su arma y su trinchera. Hoy las imágenes de un archivo único e inédito son una carta de despedida, un manifiesto a la amistad. Destacado cortometraje a la altura de su maravillosa ópera prima «El silencio es un cuerpo que cae» (2018), la cual fue multi premiada y seleccionada en más de 50 festivales internacionales.

«Suquía» de Ezequiel Salinas

Un viaje a través de la memoria del Suquía, un río sombrío, lleno de desesperación y resentimiento por su pueblo. Como el Nilo, el Sena o el Ganges, este río tiene mucho que susurrar sobre la ciudad que vio crecer en sus orillas.

«Una película hecha de» de Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld

Un cineasta español camina por las calles de Vigo y piensa en una posible película (que termina siendo filmada por dos cineastas argentinos). En el medio, es Navidad o Año Nuevo, hay gaviotas y patos, se busca un barco pesquero, alguien gana la lotería y suena un tema de los Kinks.

«Circumplector» de Gastón Solnicki

Unos días antes del incendio en Notre-Dame, el director vio cómo removían las estatuas de los apóstoles. Buscando una forma de escribir en la tradición contrapuntística, empezó esta pequeña película en la catedral donde nació la polifonía. Su director realizó los largometrajes «Kékszakállú» (2016) e «Introduzione all’Oscuro» (2019) que se presentaron en los Festivales de Locarno, Toronto, Viena y Venecia, entre otros.