Neri Marcoré, actor y director de «El Divino Zamora» («Zamora», apenas, es su contundente título original), se propuso en primer lugar brindar un cálido homenaje a Ricardo Zamora Martínez, un futbolista y entrenador español, arquero histórico del Real Club Deportivo Español, y en cuyo honor se instituyó el trofeo que lleva su apellido. Tras finalizar su carrera como futbolista desarrolló una amplia trayectoria como entrenador, donde destacan dos títulos de liga logrados con el Club Atlético de Madrid.
El segundo homenaje es a la pujante Italia de la década del 60, con convenciones rígidas que se van quebrando, el divorcio comienza a aparecer como una opción más saludable de vida para algunas parejas y la posibilidad de crecimiento económico se vislumbra como una expectativa de realización imaginable.
Hacia Milán se encamina nuestro héroe (o deberíamos decir mejor, nuestro antihéroe) Walter Vismara (Alberto Paradossi), con sueños por cumplir, cuyo nuevo jefe es un acérrimo fanático del fútbol y exige a todo su personal masculino que participe de torneos semanales de dicho deporte que enfrentan a solteros contra casados.
El eje del conflicto se sustenta en el hecho de que Vismara jamás vio una pelota ni en sueños y debe enfrentar estos desafíos deportivos bajo amenaza de quedar despedido, para lo cual decide contratar a un arquero retirado y frustrado (notable Neri Marcoré) que lo entrene y capacite en el arte de atajar.
El cariz que se imprime a esta propuesta es de una cálida nostalgia, que nos sitúa sensorialmente en la década aludida, un poco a la manera de las «commedias all’italiana» que pululaban por aquella época, género que se extendió hasta la década del 80 y con exponentes como Monicelli, Risi, Germi y Comencini, entre otros.
Si bien a la luz de las actuales propuestas audiovisuales, la estructura del film podría sonar algo estereotipada, es su conmovedora frescura y el acertado tono emotivo lo que eleva a «Zamora» y la convierte en una atractiva y tentadora invitación a ser parte de este evento.