Ignacio «Nacho» Cabral, director técnico de futsal, habló con puntocero y relató cuán importante es su vínculo con el deporte y cómo transitó su camino en el mismo desde ser jugador a dar órdenes a sus excompañeros.

Su historia en el 40×20 empezó como un pasatiempo con amigos, luego lo adaptó a su vida y se volvió entrenador con apenas 24 años. A esa edad antepuso la disciplina por sobre su carrera universitaria y su decisión fue radical y acertada, porque actualmente disfruta de su trabajo en el futbol de salón -recorre provincias del país con clínicas de futsal-. Además fue uno de los artífices del fútbol femenino de Glorias de Tigre.

Apenas 5 cuadras lo distanciaban del «Pipo» Rossi, recinto deportivo del Glorias, donde «Nacho» pasó su infancia defendiendo los colores rojiblancos con amigos. Justamente en su club se inició al mando de la dirección técnica, gracias al apoyo de Sebastián Mareco, un referente del futsal. Su debut fue más que positivo, porque no solo ganaron el campeonato sino que ascendieron a la Primera A.

“A los 24 años estaba estudiando Administración de Empresas y no me daban los horarios para venir a entrenar, y bueno, ahí ‘Coco’ Mareco me dijo si me animaba a dirigir, en 2009, porque él quería seguir jugando. Nos preparamos ese año y, sin estarlo previamente, Glorias salió campeón. Es el único título que tiene en Primera División. Ahí me picó el ‘bichito’ de dirigir, me fui a capacitar e hice el curso de técnico de AFA en el 2010/2011, me recibí de técnico y después mi carrera fue por otro lado”, recordó el Director del Centro de Entrenadores de Futsal Argentino.

«Nacho» llevaba un mundo paralelo entre cancha de once y el futsal, cuando no se dio lo que él anhelaba con el gramado, se aferró al parqué: “Nunca estuvo en los planes ser director técnico tan joven y ahí cuando me dediqué, me apasioné y todo el tiempo y la energía que le ponía a ser jugador, paso a ser técnico, entonces como que compensé las emociones y energía de una cosa a otra”.

En sus 13 años de carrera como entrenador reconoce que el fútbol sala evolucionó: “El futsal fue cambiando, año tras año, no es el mismo que se jugaba en el 2009 al de hoy en día. Los jugadores están mucho más preparados y los técnicos también, recibís mucha más información”. También agregó que “era un futsal completamente amateur, donde cada uno ponía de su bolsillo para generar esa posibilidad de poder entrenar, de ser lo más profesional posible”.

Gloria familiar

“Estar en el Glorias me encantaba”, expresó Cabral acerca de su vivencia en el club de barrio, que se convirtió en su segunda casa donde, además, incorporó a su hermana y sobrina para el futsal femenino. Junto a las hermanas de Nicolás Rossi formaron el primer cuarteto gloriense, luego se sumaron chicas de Rocha. Aquello fue el puntapié para que el deporte en la rama femenina se desarrolle.

Sobre su cambio de rol, de jugador a entrenador, confesó que no le costó demasiado, en cambio, sí lo ayudó en su nuevo puesto: “La unión de grupo, el manejo del grupo. Eso es lo que me dio el deporte a mí, me dio esa vivencia de saber lo que uno tiene que hacer para poder llegar y perfeccionarse”.

Por otra parte, «Nacho» Cabral suele ser muy metódico en su trabajo, al límite de que se tiene que terminar lo que se empezó, por así decirlo. Recordó que en un trabajo de transferencia de velocidad, su arquero recibió un pelotazo en la nariz y sangraba, pero la orden fue mirar para arriba y el entrenamiento se completó. “Cuando empecé a dirigir tomé este deporte como un modo de vida, como un modo de convivencia, donde no empecé a entender otras cosas alejadas al deporte: mis emociones estaban en función del deporte, entonces, la realidad es que cambió mucho mi vida. Mis capacitaciones, mis formas de ver, mi progreso fue en función del deporte, de poder vivir de esto y ser un apasionado de lo que más me gusta. Soy un privilegiado de por hacer lo que me gusta y se lo agradezco a los que confiaron a mí”.