El hombre que sabía demasiado

Roger Corman fue de los pocos a los que se les pudo llamar cineasta, quizás la palabra más cercana para definirlo correctamente. Su labor a lo largo de 70 años innovó, creó, colaboró y cambió para siempre la dinámica de la historia del cine. Luego de pasar, en forma breve, por la Armada de los Estados Unidos y la Universidad de Stanford (donde se recibió de ingeniero industrial), descubrió que su lugar estaba en el cine.

Era el año 1948, un momento específico de revueltas en Hollywood por el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos contra Paramount, acusando al estudio de prácticas monopólicas en la distribución, eso trajo como consecuencia la venta de ciertos activos por parte de las demás majors de la industria. El primer trabajo de Roger -tras algunas frustraciones por no conseguir empleo al no estar sindicalizado- fue en Fox como mensajero, a partir de allí nunca más se alejó del cine.

Eran los tiempos de Darryl Zanuck (el mandamás de Fox), impositor de férreos esquemas de producción. Corman comenzó trabajando gratis los fines de semana con tal de poder estar en los sets de filmación, para alejarse cada vez más de sus tareas como mensajero. La curiosidad e inquietud, además de no encontrarlo en su puesto de trabajo, lo llevaron por los caminos de la formación continua, fue así que estudió en Oxford y en Europa sumó más experiencias de vida. A la vuelta, ya con un interés en escribir guiones y empezar a promover proyectos propios, logró vender la historia de “The House in the Sea”, a la cual le cambiaron el nombre por “Highway Dragnet”, para aprovechar el éxito de la serie “Dragnet”. En esta sustitución, el joven Roger descubrió que en los pequeños detalles de marketing podía constituir un camino completamente diferente para una película. La historia fue protagonizada por Richard Conte (Barzini en “El padrino”) y fue un moderado éxito dentro de los circuitos clase B, llamados así no por su calidad sino por ser complementarios a una “película A” dentro de los espacios de doble programa.

Entre 1954 y 1959, Roger Corman ya aparecía en los créditos de, al menos, 30 películas, con un espectro genérico que iba del western a la ciencia ficción, pasando por dramas y comedias juveniles. La película que marcó un quiebre en su carrera fue “The Fast and the Furious”, protagonizada por John Ireland, pero lo más importante estuvo en la entrada de un nombre importante para su futuro: el abogado Samuel Z. Arkoff, uno de los dueños de American Releasing Corporation, con quien Roger mantuvo una relación de varios años. Los negocios se mantuvieron entre ellos dos y James H. Nicholson (la otra pata de ARC). Pocos años más tarde, la compañía cambió su nombre a American International Pictures, responsable de muchísimos éxitos, por supuesto de la mano de Corman.

Para la siguiente década, y habiendo superado la crisis de la aparición de la TV, Roger decidió tomar un riesgo, que fue proponer la realización de una película en colores y por el doble de presupuesto habitual. Consideraba que tomar una historia de Edgar Allan Poe podía ser fructífera: se leía en todos los colegios y eran clásicos, por lo tanto, hacer una película ambiciosa tenía más chances de generar ganancias que dos en blanco y negro. Incluso, dentro de su propuesta, redobló la apuesta con hacerla en CinemaScope. La jugada era total, porque nunca antes American International Pictures había realizado una película por 270.000 dólares. James H. Nicholson tuvo sus reparos porque no consideraba con seguridad que la “bibliografía obligatoria” de la secundaria podía trasladarse linealmente a un interés juvenil por ver en cines una transposición de un autor como Poe. Roger contrató a Vincent Price para el papel de Roderick Usher, y la película fue “La caída de la casa Usher” (1960), y se transformó, además de un gran éxito, en la primera de una serie sobre el gran escritor de terror.

Como si fuera poco, también en 1960 se gestaría un clásico de la carrera de Corman: “La tiendita de los horrores” la cual, según él, es “la película por la que más me recuerdan”. Aquí se puede advertir otra de las características que definen a este cineasta: la capacidad de explotar las utilidades al máximo. “La tiendita de los horrores” fue realizada con algunas escenografías que sobraron de “A Bucket of Blood”, una película que Corman dirigió un año antes. Más allá del éxito, esta producción lo unió con otro Nicholson, nada menos que Jack, de quien durante esos años se lo asoció al productor de AIP, con quien no tenía ningún parentesco. Jack Nicholson, a pesar de unas primeras participaciones en televisión y alguna producción B, su despegue actoral lo realizó de la mano de Roger, aunque también lo hizo como guionista, por ejemplo, de la espléndida “The Trip” con Peter Fonda en el rol de un director de cine embebido en ácido. Aquí comenzaría su derrotero de darles primeras oportunidades a jóvenes directores, actores, actrices y cualquiera que se sintiera capaz de trabajar bajo el “esquema de Corman”: respetar el plan de rodaje, no pasarse en el presupuesto y entregar la película a término.

Entre los nombres que se iniciaron con Roger Corman están Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Peter Bogdanovich, Jonathan Demme, Ron Howard, Joe Dante, John Sayles, Jack Nicholson, Pam Grier, Gale Ann Hurd, Bruce Dern, Penelope Spheeris, Jonathan Kaplan, Paul Bartel. En las antípodas, también fue el que hizo, por ejemplo, la película despedida de Boris Karloff llamada “Míralos morir”, la ópera prima del mencionado Bogdanovich. Cuenta la leyenda que el contrato con Karloff para “The Terror” vencía unos días después de la finalización de las jornadas destinadas a esa película, por tal motivo, Corman confió a Bogdanovich (quien era un asistente por aquel entonces) para que dirigiera su primera película con el legendario actor en el protagónico. Así era Corman, como se dijo, un hombre que aprovechaba las utilidades hasta el final, sin importar si eran decorados o gente.

Después de los éxitos de las películas sobre Poe, la primavera hippie con las historias de motoqueros y algunos deslices y licencias poco felices para la recuperación de dinero (el caso de “The Intruder”, esa maravilla que Roger dirigió y produjo junto a su hermano Gene), llegaría su independencia de American Internacional Pictures por diferencias en los balances presupuestarios. Así nace New World Pictures en 1970, productora de gemas como “Caged Heat” (Jonathan Demme), “Rock and Roll High School” (Allan Arkush y Joe Dante), “Carrera mortal” (Paul Bartel) y “Piraña” (Joe Dante), entre muchas otras más. Su compañía no solo se encargó de producir sino, también, de distribuir películas extranjeras como “Amarcord”, “Gritos y susurros” y “Dersu Uzala” para que se vieran en el mercado estadounidense.

Para mediados de 1983, New World fue vendida, aunque Corman retuvo los derechos del archivo de la productora. Ese mismo año, la compañía en su faceta New World International concreta un acuerdo con Aries Cinematográfica (también con una senda subsidiaria internacional creada para la ocasión), la producción en Argentina de una serie de películas para distribución en el incipiente mercado del VHS. La primera fue “Deathstalker”, filmada en Don Torcuato donde estaban los estudios Baires, donde se harían también casi todas las películas de esta unión impensada entre Roger Corman y Héctor Olivera. En un principio, Olivera no tenía en sus planes dirigir ninguna de estas producciones, hasta que en el set de “Wizards of the Lost Kingdom” el protagonista amenazó al director con arrojarlo a las Cataratas del Iguazú (lugar donde se llevaba a cabo el rodaje), luego de ese altercado y con el peligro de perder el acuerdo que beneficiaba a Aries, el director argentino decidió ponerse a cargo, en el futuro inmediato dirigió otras tantas para Corman. En 1990 con “Play Murder for Me”, se puso fin a esta asociación y el contexto económico de Argentina no le permitió a Corman sacar réditos de producción. El balance fue positivo para su productora, que destinó sus filmaciones posteriores a México, Rusia y otras partes del mundo donde el cambio de moneda lo favoreció. Regresó a la Argentina en 2002 para el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, allí sugirió la posibilidad de volver a ese esquema con Olivera (por entonces el director del certamen), pero tal reencuentro productivo del cine no se concretó.

La última película dirigida por Corman fue “Frankstein perdido en el tiempo” (1990), a partir de entonces dedicó su tiempo a la producción. Después de “Tiburón”, las reglas cambiaron, los estudios empezaron a hacer producciones cada vez más caras, con temáticas que por años creyeron marginadas a un público alejado de las salas de cine prestigiosas. Lo que en un principio era explotativo se convirtió en blockbuster para todos. En una suerte de paradoja, Roger pasó a “vengarse” de los estudios haciendo lo opuesto en los 90 como, por ejemplo, su versión de “Jurassic Park” con “Carnosaurus Park”.

Como bien dijo en una entrevista: “Algunos de nosotros estamos intentando dar lo mejor, aunque estemos haciendo una película de bajo presupuesto o no. Cuando nosotros hacíamos películas de ciencia ficción de bajo presupuesto eran llamadas ‘películas exploitation’, después los estudios empezaron el mismo tipo de películas con presupuestos más grandes y las llamaron ‘películas de género’, ahora las están haciendo con mayor presupuesto aún y las llaman ‘high concept films’. Yo estuve ahí siempre: puedo hacer una ‘exploitation’, una de ‘género’ o una ‘high concept’.

Todo es cierto, Roger Corman siempre estuvo adelantado y, además, siempre fue un generoso del cine. No todos pueden llamarse cineastas, ni todos pueden tener la virtud de ser talentosos y queridos por todos. Roger Corman es uno de ellos, falleció a sus 98 años y ahora habita el Olimpo del cine y, por qué no, también ocupa su trono.