Una nueva semana en el país del caos eterno. A un año de que se larguen las elecciones presidenciales explotaron las internas en el oficialismo tanto como en la oposición. En el medio nosotros, viendo cómo se cagan de risa con nuestra guita.

Noticias de la Gorra

Por el lado del Frente de Todos, el quilombo se desató por la idea de La Cámpora de impulsar la anulación de las PASO, con el objetivo de que en Juntos por el Cambio se maten. No tuvieron en cuenta que también se van a matar puertas adentro. Tal es así que salió el «supuesto» presidente Alberto Fernández a decir que esa propuesta no pasará por la Cámara de Diputados y que hay temas más importantes. Mirá cómo de repente le aparecieron los huevos, igual dejanos pensar que chequeó primero si pasaba o no, y cuando se dio cuenta que no iba a suceder se hizo el loco.

Del otro lado de la vereda también hay bardo: en la oposición, el puterío ahora es entre el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y Patricia Bullrich. Al parecer, a la presidenta del PRO no le gustó que el jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel, le dijera que era funcional a los K y «La Piba» lo cruzó cara a cara y lo amenazó con «romperle la cabeza» si seguía boqueando. Por lo visto, ciertas cuestiones de la patota montonera nunca se olvidan.

Por suerte, esos quilombos políticos son nimiedades, comparadas con este maravilloso país que vive en alza. Esta semana aumentaron la nafta, las tarifas, los alimentos y las prepagas.

Justamente hablando de las prepagas, aprobadas por el Gobierno, la vicepresidenta opositora en ejercicio presidencial, Cristina Fernández, criticó poniendo su mejor cara de piedra y se refirió a estos aumentos como “inaceptables”.

Otro que se subió a esta oleada de políticos teflonados fue el ministro de Economía, Sergio Massa, que también apuntó contra las prepagas y dijo que «el aumento no tiene explicación». Vamos, Sergio, la explicación es fácil: ustedes lo habilitaron por el tongo que tienen con la industria farmacéutica.

Siguiendo con “Massita”, tiraron una encuesta para ver si es presidenciable y el 66,6% consultado dijo que “jamás lo votaría”, pero tengamos en cuenta que para Massa un 33% es un montón.

Un montón, como la cantidad de dólares que tenemos: esta semana apareció uno nuevo, el dólar turista extranjero, para que los que vienen de afuera no pasen por las cuevitas del centro sino que pasen por la cueva mayor administrada por el Gobierno.

Semanita complicada para el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni: una banda de motochorros asesinó sobre la Panamericana al empresario Andrés Blaquier y, haciéndose el loquito, dijo: «No podemos soportar a jueces que dejan a los asesinos sueltos». Por un segundo pensamos que iba a decir que no podían dejar que maten a los millonarios posibles aportantes de campaña.

Acto seguido, y en un hecho que casi pasó desapercibido en los medios, durante un operativo para desbaratar un bunker narco en Virrey del Pino, la Policía Bonaerense mató a tiros a un vecino que andaba por la zona, y acá se ve claramente el drama de los asesinados que no tienen títulos universitarios o apellidos patricios.

Los que le están buscando la vuelta para bajar el gasto público son los del Municipio de La Plata, es por eso que se propuso a los vecinos que arreglen las veredas y con los gastos «vamo’ y vamo'», porque ya no alcanza con que les paguemos el sueldo, también quieren que laburemos por ellos.

Justamente hablando de vagos, el Gobierno confirmó esta semana que 11.000 trabajadores pasaron a planta estatal. Un día todos vamos a serlo todos y a tener que cobrarle impuestos a los paraguayos y brasileros para que nos mantengan.

Siguiendo con la misma línea estatal, el ministro de Trabajo bonaerense, Walter Correa, se expresó en favor de reducir la jornada laboral a un máximo de seis horas diarias y un tope de 36 horas semanales. También pidió que cada trabajador tenga suministro interminable de mate y Don Satur.

Finalmente, donde se puso tranquila la cosa es en Brasil, donde Lula Da Silva volvió a ganar las elecciones presidenciales por una «pendejesíma», pero ganó al fin. Por su parte, el actual mandatario, Jair Bolsonaro, se hizo el boludo y no aceptó la derrota, lo que generó que se arme terrible bardo en las calles de gente pidiendo un Golpe de Estado militar porque el sistema democrático no les gusta cuando pierden.

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