En el mundo apareció el coronavirus y se instaló en todos los países, en algunos más y otros menos. «Esto es una guerra» denominaron diversos investigadores y científicos, y la prensa mundial se sumó y la llama así. El virus es la nueva arma que desató lo que algunos podrían afirmar como «La Tercera Guerra Mundial».

Silenciosa y como nunca antes se vio, ninguna nación tuvo que utilizar armas para enfrentarse y todos debieron quedarse en sus respectivas casas. El mundo se paralizó, las economías se derrumbaron y todo cayó… con todos en sus hogares.

Sin embargo, hay algo que no se detuvo: la guerra. El virus también llegó a Medio Oriente, pero mucho antes para pegar en países como Irak, Siria y ahora Yemen. Sí, aunque pienses que el planeta está detenido, no es así. En marzo del 2015 Arabia Saudita inició una sangrienta y cruel batalla contra su país fronterizo y rival, Yemen, en una guerra que ya lleva 5 años y que, año tras año, se recrudece y empeora.

En los últimos años Arabia Saudita dictó un bloqueo brutal sobre Yemen que lo dejó al borde de una catástrofe alimenticia sin precedentes. Pero esto no es todo, porque la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró en los últimos días una catástrofe climática y humanitaria.

Las inundaciones que azotan aquel país agravan los otros problemas que acarrea la población yemení, que ahora no solo tiene la presencia del coronavirus sino que se suma a otras preocupaciones como el severo incremento del cólera.

La guerra desde Arabia trajo bloqueos comerciales, no pueden movilizarse por tierra y solo reciben importaciones de países pertenecientes al Golfo Pérsico. El COVID-19 y el cólera, más las inundaciones, dejan un escenario catastrófico sin precedentes para la región. Además, vale mencionar que esta guerra supera los más de 100.000 muertos (que podríamos comparar con los 5 países que acumulan mayor cantidad de fallecidos por la actual pandemia). El 80% de su población carece de recursos y sobrevive día a día en un conflicto que lleva a la destrucción del país, en un conflicto que pareciera no ver luz al final del camino aunque ya pasaron cinco años.

La guerra sin fin

Así como sucede en Yemen, el otro conflicto que no se detiene es la guerra en Siria, un viejo y conocido asunto bélico que pareciera ser sindical para el ojo común y corriente pero que es, en realidad, un desastre humanitario.

En los últimos días Turquía observó mucho movimiento de tropas en distintas regiones de Siria, sobre todo en el norte. Hay dos puntos claves, uno es la frontera turco-siria que está controlada por el ejército turco. Y el otro sector que comienza a verse involucrado y a revivir se sitúa en la excapital del califato: Al Raqa, que ve cómo tropas norteamericanas incursionan en dicha región.

Además, también se vio la circulación de camiones rusos que refuerzan cada uno de los puntos donde se establece el ejército sirio. Todo esto hace suponer que las tensiones seguirán creciendo entre Rusia y Estados Unidos, y que no hace más que alejar cualquier vestigio de paz.

Vale recordar que estos son puntos estratégicos por las zonas de petróleo que dominan unos y otros y, según informaron medios sirios en los últimos días, se incrementaron las milicias del Estado Islámico (ISIS) y pasaron por las fronteras de Siria e Irak.

Otra vez es noticia este conflicto que desconoce de una pandemia que le ponga paños fríos a la situación. El virus llegó a Siria aunque no a gran escala como en otros rincones del mundo, pero hay otro virus que persiste y ya dejó casi un millón de muertos en más de diez años.

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