El lugar adecuado, en el momento oportuno. Azar o suerte, esas son las palabras con las que describiría la ocasión en que conocí a Dante Gullo.

Una noche de lunes, y entre amigos, habíamos decidido cenar en un típico restaurante de Palermo. Pasada ya la noche me sorprendió el susurro acelerado de mi amigo, el abogado, que estaba justo a mi lado, señalando y mirando al diputado. Una clase rápida de quién era el personaje y un empujón me animaba a que fuera a saludarlo. La efervescencia (quizás por el buen vino tomado hasta esa hora) me dio la motivación que requería la ocasión y me acerque rápidamente para pedirle la entrevista.

Con una charla breve en la que expliqué el motivo de mi interés en oír sus palabras, me fue dado el contacto y la oportunidad de estar en su casa ubicada en el Bajo Flores, donde realizaríamos esta charla. Es muy fácil encontrar la dirección cuando se tiene una mansión en medio de un barrio promedio. Esa sería la descripción de mi impresión al llegar. Adornada con gruesos barrotes metálicos no solo decorativos sino por motivos de seguridad, y dos placas doradas con los epígrafes en memoria de sus familiares desaparecidos durante la dictadura cívico militar, se resguardaba la casa de color rojo ocre y de dos plantas enormes.

Después de pasados unos tres minutos, el diputado me recibió muy sonriente. Me invitó a conocer su casa y, ante mi asombro, rió y dijo que es su pequeño jardín de recreo. En la casa de Dante no solo hay plantitas en un jardín trasero, se levanta monumental un muro de Evita al lado de la pileta. Un salón de reuniones decorado en su integridad con La Cámpora, un local tipo restaurante privado que alberga hasta 70 comensales y, además, un mural alusivo a Perón y Evita. Después de mostrarme las instalaciones no pude evitar romper el orden de mi cuestionario y, mientras me indicaba el camino a la cocina, le pregunté de manera seca e inocente.

¿Le gusta la gastronomía?

Con un gesto de desagrado, movió la cabeza para darme un rotundo no.
Entonces, «¿por qué tiene usted un restaurante y una casa que parece un lujoso centro de asados y reuniones?». Suspiró. «Es complicado», dijo. «Nunca en mi vida como empresario imaginé tener un restaurante, ese fue el sueño de mis dos hijos mayores, y como padre hice lo posible para que cumplieran con ese sueño. Ellos estuvieron durante poco tiempo al mando, cuando estaba casi en la cima el proyecto quisieron alejarse de mí y como fue tanta la inversión no pude retirarme, decidí continuar yo solo. Igual es muy complicado ser una figura pública y atender algo que no te apasiona, sin embargo, intento hacer lo mejor para mantenerlo en pie y funcionando».

¿Y la casa fue así siempre?

Fue lo que dije yo con intención maligna, en búsqueda de «tirarle» la lengua. «De ninguna manera. Esta casa fue la casa paterna de mi madre, y en la actualidad está reformada casi en su totalidad sin incluir la fachada. Los salones que tengo son, eventualmente, para reuniones de muchos de los proyectos juveniles que, como diputado, apoyo, y la parrilla es solo utilizada en ocasiones especiales».

«¿Por qué sus hijos decidieron no seguir con el restaurante si usted mismo dijo que ese proyecto era un sueño?», le insistí. «Mis hijos jamás perdonaron que yo después de separarme de su madre tuviera un tercer hijo con otra pareja. Cuando supieron que tenían un hermano se disgustaron y nunca más tuvimos relación. Intenté arreglar las cosas, pero hay un momento en el que ya te cansa. Yo me cansé, ¿me entendés?», dijo mirándome tristemente.

¿Cómo es la relación con su tercer hijo?

«La mejor -dijo con tono animado-. Es un chico muy fuerte y dinámico. Tiene 18 años, milita conmigo en La Cámpora y tenemos una muy buena relación padre e hijo». Durante un rato decidió hacer una pausa y me ofreció algo de tomar mientras se servía un vaso de champagne frío. La intriga aún me asaltaba con una pregunta que en apariencia parecía obvia de responder, sin embargo, no quise dejar nada al imaginario, así que retomé.

¿Vive usted solo en esta casa?

«Después de mi segunda separación vivo acá solo. Yo hago todo en esta casa, aseo, limpio la pileta, arreglo el jardín y realizo los quehaceres –sonrió-. Justo estaba limpiando la pileta cuando llegaste y a la mañana adorné con flores la casa». ¿Cuáles son los recuerdos de sus primeros años como estudiante universitario y militante? «Los mejores, porque incluso a veces cuando observaba de joven a los dirigentes de la época, ellos nos decían: una cosa es la fiebre juvenil y otra es cómo te plantás en la vida, después de viejo te vuelves conservador; a mí no me parece, me gustaría seguir haciendo quilombo aún a esta edad», sonrió.

¿Qué pensás de la juventud?

«Un país que no ve su juventud está predestinado al fracaso. Un país que apuesta a la juventud, apuesta a un presente dinámico y a un futuro inteligente, me refiero a un país que significan integración social, apostar a la educación y darle los elementos necesarios al joven para que determine su presente y su pasado y esté condicionado al progreso», afirmó el Diputado.

A los 71 años, Dante Gullo es despedido por allegados, amigos y seguidores. Y, como si se tratara de una premonición, alabado con cánticos juveniles y la marcha peronista de fondo, se fue de este mundo. «Néstor Kirchner tenía una obsesión que era reconstruir el movimiento juvenil en la Argentina, pero el que lo implementó fue Juan Carlos Dante Gullo. Hoy es hora de dolor, pero tiene que ser poquito. Lo que él hubiera querido es que salgamos de acá y lo llevemos siempre en el corazón, pero fundamentalmente que le devolvamos la dignidad al pueblo argentino», fueron las palabras de Andrés Larroque, líder de La Cámpora.

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