La escena de terror local es una enfermedad que parece no tener cura. En las últimas dos décadas, tan solo un puñado de películas se erigieron como razonables y apenas una tuvo trascendencia internacional: “Aterrados” de Demián Rugna. Jimena Monteoliva, responsable de Crudo Films, en “Matar al dragón” (su segunda película como directora) había mostrado un interesante relato, bajo el contorno de ensoñación con la sustancia narrativa de una historia sobre violencia de género. La problemática (que incluye también a algunas de las películas que produce Crudo) se extiende con mayor transparencia en “Bienvenidos al infierno”, una mezcla de película de fuga y satanismo.

Lucía (Constanza Cardillo) es una joven embarazada que vive recluida junto a su abuela (Marta Lubos) en una casa en el medio de un bosque. Desde el inicio se percibe un aire de paranoia en su andar. El montaje alterno entre una actualidad clandestina y el reciente pasado de ella está unido por una relación tóxica con el cantante de una banda de metal, apodado el «Monje Negro» (Demián Solomon).

La oscilación entre ambos momentos de Lucía funciona para entender la relación siniestra que se construye, a partir de una cara que se hace carne por parte del «Monje» cuando se devela un interés oculto.

La meseta de la redundancia se forma para dilatar el tercer acto, que tiene un vistazo en forma de prólogo. La abuela, que es muda y que se comunica a través de mensajes escritos (los cuales aparecen en forma de unos inteligentes intertítulos), funciona como el personaje más complejo y misterioso, frente a los demás que son estrictamente bidimensionales. El terror se plantea por dos carriles: el de la violencia de género y, en el final, en la materialización más corpórea de un mal.

Sin la sutileza de la película anterior de Monteoliva en el desarrollo de una temática urgente dentro de las fronteras del terror, aquí lo que funciona mejor está en lo sugerido en comparación con aquello que se muestra de manera frontal. Los miedos más logrados son aquellos del orden de lo terrenal, mientras que la fantasía tiene una configuración más prefabricada que particular. La perspectiva de género en la dirección, es otra de las falencias del cine argentino dentro del terror, en Jimena Monteoliva parece haber un horizonte posible para pensar un futuro más equitativo.

«Bienvenidos al infierno» puede verse el sábado 30 de abril de manera online por 48 horas en Vivamos Cultura.

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