El escenario electoral en Perú tras la primera vuelta no fue sorpresivo, pero si mucho más preocupante que elecciones anteriores. Es ya una constante en Latinoamérica la pugna entre la Izquierda cada vez más radical y la Derecha, cada vez más poderosa.

Por un lado, Pedro Castillo de Perú Libre, un profesor nada nuevo en lucha política que mantuvo en jaque por 3 meses al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) tras la huelga del Sindicato del Magisterio Peruano (SUTEP) y que, ¡oh sorpresa!, contó con el apoyo de Fuerza Popular y su lideresa Keiko Fujimori.

Sin embargo, Castillo tiene como fundador del partido y candidato inhabilitado a la vicepresidencia a Vladimir Cerrón, de ideología marxista con un evidente discurso terrorista donde se menciona, incluso, a Abimael Guzmán, otrora cabecilla de Sendero Luminoso, la agrupación terrorista en Perú que dejó más de 30 mil muertos. Cedrón tiene sentencia por corrupción en Junín, donde fue presidente regional, y es un secreto a voces lo autoritario de su gestión.

Nacionalizar empresas, nueva Constitución y cero tolerancia a acciones que vayan en contra la familia, así como muerte civil para corruptos y eliminar el sueldo vitalicio del Presidente de la República son sus principales propuestas.

Por otro lado, Keiko Fujimori, más cuajada, sería su tercera elección como lideresa, la primera en 2011 donde fue la más votada como congresista con más de 600 mil votos, 2016 como candidata finalista con PPK perdiendo por apenas milésimas pero ganando el Legislativo con amplia mayoría y con su hermano Kenji Fujimori como el más votado, con mas de 400 mil votos.

La familia Fujimori, pese a estas victorias, siempre renunció a presidir el Parlamento cediendo su lugar, esto tras 20 años de una mochila muy pesada por la seudo dictadura de su padre, quien al igual que Pedro Castillo recorría lo más profundo del Perú. Esto le permite tener un voto duro del 10%.

Pasaron 3 gobiernos anti fujimoristas y quizá más corruptos, como el de Alejandro Toledo, quien pedía 30 millones de dólares de coima a cambio de dar la concesión de la interoceánica a Odebrecht, las famosas agendas de Nadine Heredia donde apuntaba los millones que recibía para la campaña de su esposo, el expresidente Ollanta Humala, que acabó en esta elección con apenas 1,2%.

Si bien es cierto que el fujimorismo cambió de nombre tantas veces como partido, el apellido tiene arraigo en poblaciones lejanas donde, por primera vez, Alberto Fujimori construía una posta, daba una ambulancia o herramientas de trabajo, además de combatir el terrorismo.

De todas formas, Keiko o Castillo no pueden atacarse de corruptos o dictadores, pues ambos tienen en sus líderes rabo de paja.

La gran pelea pese a la pandemia estará en recorrer los pueblos más olvidados. La campaña digital pasa a segundo plano y está claro que eso en el Perú aún no es un fenómeno maduro.

Castillo ganó 16 de 26 regiones, las de menor población, pero cuya aplastante mayoría le permite estar hoy en segunda vuelta. Por otra parte, Keiko venció en 8 regiones, las de mayor población y sabe por dónde atacar, viajar y convencer. Si se tuviera el sistema electoral estadounidense, Castillo sería hoy ganador y presidente del Perú.

El caballito de batalla de Keiko está en reactivar la economía, ampliar horarios y mejorar protocolos COVID-19, construcción de colegios, postas, hospitales y la educación. Hernando de Soto, quien quedó cuarto, podría endosarle votos a Fujimori… pues son afines y se unieron en el 2016.

¿Será Fujimori la primera presidente mujer del Perú? Humala Tasso en 2016 impidió que las Fuerzas Armadas votarán y muchos de esos votos se calculaban que irían hacia Keiko, en una jugada que impidió esa elección. Asimismo, 9 de los 16 partidos de poca preferencia manifestaron su rechazo al fujimorismo. Quizás esta vez el odio se transforme en coherencia y el anti voto en responsabilidad.

Estoy convencido que el 28 de julio, el presidente del Bicentenario será mujer.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Jaime William Mostacero Baca.