Transitando por calles y autopistas con su moto, conocemos a «Emi», un joven de apenas 18 años, interpretado por Benicio Mutti Spinetta, que consiguió hace unos meses un trabajo como ayudante en un taller mecánico hogareño dirigido por Rodolfo (Alejandro Scaravelli), un tipo duro y de pocas palabras.
En su casa se acepta que trabaje allí, pero no es comprendido del todo: ni él ni su familia precisan el dinero e, incluso, tiene mejores opciones, como trabajar para su padre (Luis Ziembrowski) en un lugar más prometedor. Poco a poco, se descubrirá que las intenciones del protagonista van más allá de un simple nuevo empleo: aunque sus padres adoptivos lo aman y protegen, Emi necesita saber quién es y de dónde viene.
«Emi» es una película de naturaleza introspectiva e íntima, donde aquellas cosas que las familias no se atreven a contar poco a poco salen a la luz.
Según las palabras que su propio director Ezequiel Erriquez Mena contó en el Q&A para los espectadores de la sala de Cinépolis Houssay, la producción del film tuvo sus dificultades y retrasos debido al adverso panorama económico de la industria de cine local. Aunque esto se haya traducido en limitaciones que en la película son perceptibles, afortunadamente fueron sorteadas con eficacia, permitiendo así realzar sus bondades. Principalmente, en las decisiones de dirección y de guion, ambas a cargo de Erriquez Mena, cuya fortaleza yace en la simpleza del retrato de la cotidianidad familiar: conversaciones, algunas profundas y otras, de tono más casual, que se dan en lugares o situaciones comunes, ya sea en la cocina, jugando al tenis de mesa, ordenando la habitación, etcétera.
No todas estas interacciones representan un avance en la trama, pero sí colaboran con la construcción de los personajes y sus relaciones, tan cruciales para los hechos que acontecen en el film. El elemento clave para que esto funcione recae en las interpretaciones, destacando en especial al personaje de la madre de Emi (Mara Bestelli) y a Betty (Miriam Odorico), que combinan sutileza e intensidad en sus emociones.
El elemento que se convierte en insignia para esta película es la paradoja que se halla en los silencios del protagonista, que se dan justamente en sus constantes viajes en moto: cuando el ambiente, poblado de sonidos de motores, es ensordecedor, lo que más resuena son sus pensamientos.
Luego de su estreno en el Festival Internacional de Chicago y su paso por los festivales de Tesalónica y Uruguay, «Emi», la coproducción argentina con el ya nombrado país vecino, formó parte también del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) este mes. Ante el público y al finalizar la proyección, el director anticipó que se prevé su estreno en cines en el mes de mayo.