Es el final.. más bien las finales de la NBA, si bien la extrañeza de la falta de públicos combinada con los estadios que parecen gimnasios, lo cierto es que comienzan las batallas por dirimir al campeón 2019-2020. Los Angeles Lakers y Miami Heat, el equipo casi invencible versus el mejor ensamble de la liga. Desde el miércoles 30 juegan el sol de California contra el sol de la Florida.

Llegamos a la última instancia de la temporada de la NBA (¿la mejor liga del mundo de cualquier disciplina?) y sí, hay sorpresas. Por el lado del Oeste está el máximo favorito, Los Angeles Lakers, que logró su segundo objetivo: ganar su conferencia, lo que le habilita ir por el anillo, la última meta y la más preciada por la franquicia de California. LeBron James llega en el mejor momento de esta nueva etapa de su carrera, en la que decidió jugar de base para ser el organizador del juego de Lakers, lo que le hizo dejar de lado la competencia personal por el caudal de puntos, un papel ocupado por Anthony Davis, que se convirtió en el mejor socio del rey LeBron. Más allá de su nuevo rol, sumó una cantidad de puntos fundamentales para la franquicia, a la par casi de Davis, pero en el armado del juego es donde se advierte la diferencia que hace este jugador que disputará finales con un tercer equipo, luego de haberlo hecho para Cleveland Cavaliers y Miami Heat. Precisamente, Miami.

Desde la otra costa llega la frescura de un equipo que pocos tenían en los planes, mucho menos en los de jugar una final. Milwaukee Bucks, Toronto Raptos y Boston Celtics aparecían por delante del equipo de Erik Spoelstra (quién ya ganó dos anillos con Miami Heat). A los primeros y a los últimos le ganó las series con la contundencia de la solidaridad del ensamble. Miami Heat no tiene una súper estrella, casi que no existe un líder, aunque Jimmy Butler (cuántas bocas cerró en estos dos meses) podría erigirse como tal. Entre veteranos como el esloveno Goran Dragic y André Igoudala, aparecieron los rookies Tyler Herro y Duncan Robinson, de segunda temporada (para muchos la más difícil), sumado a un Bam Adebayo fundamental debajo de los dos aros y al recuperado Joe Crowder, que en un buen día puede hacer algo más que colaborar.

No solo se presenta una final entre el campeón del Oeste y del Este sino que, además, el enfrentamiento es ideológico. Mientras Lakers rearmó su estilo de juego a partir de jugadas en el escritorio con la salida de muchos jóvenes como los casos de Brandon Ingram y Lonzo Ball (¿quién recuerda que fue el pick número 2 en el 2018?) para incorporar a Davis y así lograr un equipo más competitivo a corto plazo. Si bien es cierto que las llegadas de Danny Green, Avery Bradley (hoy lesionado) y el pivote Dwight Howard (en un nivel muy bueno) rodearon bien al equipo, Lakers es un equipo de dos socios: Lebron y AD. Por el lado contrario, Heat comenzó la temporada con la idea de aspirar un poco más allá de la transición, tras la salida de Dwayne Wade, y es por eso que su ambición radicaba en nutrir a los más jóvenes de veteranos que sirviesen de guía. La confianza, el entusiasmo y el alto nivel de aquellos de los que más se esperaba, complementado a la experiencia de un coach ganador como Spoelstra, hicieron del equipo de la Florida el más temible del Este por su carácter impredecible. Si Butler no convierte está Dragic, si este no funciona aparecen los novatos, si ninguno de ellos está en buen día se presentan los grandotes como Adebayo y Crowder.

Lakers depende exclusivamente de sus dos armas letales, las que hasta el momento no mostraron signos de agotamiento ni de tener partidos, ni siquiera, aceptables. El choque comienza desde el miércoles 30 en Orlando, en unas finales que prometen mantener vivo el fuego de la liga más importante del mundo.