«Köln 75»: Jazz Not Dead

El «Köln Concert» de Keith Jarrett está elevado a carácter de mito, no solo como concierto de jazz sino, también, en términos de historias que rodean a su concepción.

De ahí parte la película que, sin embargo, no ubica el punto de vista en el músico sino en Vera Brandes, la joven promotora de conciertos de jazz que por entonces tenía tan solo 18 años. En 1974 su camino en el mundo de la noche jazzera de Colonia cambia por completo cuando Ronnie James le pide que le organice un tour por Alemania, sin tener ella ninguna experiencia en el tema, porque es una adolescente que todavía asiste a clases en el secundario. El contexto turbulento de una Alemania que todavía se debatía entre el pasado reciente y las revueltas de las urgencias lideradas por una nueva generación, también tenía una arista particular sobre la recuperación de valores culturales marginados en sus lugares de origen. El jazz se reinventa en Europa y Berlín, específicamente, durante la década de 1970, se transforma en un epicentro de artistas, mientras que Estados Unidos ya era considerada una «música de museo».

Si nos posamos sobre las historias basadas en hechos reales, hemos de saber que la subjetividad reina más allá de cualquier intento de veracidad que se le intente esparcir. «Köln 75» es consciente de ello y se lo comunica al espectador al enunciar que esta historia está atravesada por la mirada de su protagonista, es decir, todo es según Vera Brandes. Su vida sufrió la rigidez de un padre conservador, el odio de un hermano resentido y la voz apagada de una madre. Al menos estos dos últimos tienen actos redentores, en especial ella, cuando finalmente la ayuda con un dinero fundamental para organizar el «Köln Concert». Precisamente, allí llegamos cuando Vera tiene una epifanía mientras ve a Keith Jarrett en Berlín, dentro de un marco de una movida jazzera efervescente, que en la película se ilustra como si se tratara de un concierto de rock cuando asiste a una sesión de Miles Davis.

Ido Fulk apuesta con ciertas decisiones límites cuando, por ejemplo, la protagonista rompe la cuarta pared en varios momentos para hablarle al espectador, o en soltar a Vera y reubicar el punto de vista en un periodista de jazz que sigue la gira de Jarrett (en la piel de un John Magaro perfecto) para tratar de entrevistarlo. Ese pasaje que remite a «Casi famosos» en clave de jazz es, probablemente, de lo más luminoso del año cinematográfico. Incluso la referencia a la película de Cameron Crowe se manifiesta cuando Jarrett le dice: «Bueno, tenemos un Lester Bang aquí».

«Köln 75» agrupa, en esta gran anécdota sobre uno de los eventos más importantes de la música del Siglo XX, a un montón de películas posibles y, como resultado, ofrece un halo de optimismo para un mundo actual rebalsado de cinismo y decepción. El jazz no murió.

«Köln 75» es parte de la sección Bandas de Sonido del 40° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.