Los tiempos actuales obligan a que no solo se replanteen comportamientos, desde micromachismos hasta maltratos bien visibles, sino también a que se piensen nuevas configuraciones en las representaciones artísticas. La urgencia siempre es un factor de riesgo, en muchos casos es perjudicial porque activa los resaltadores en función de provocar un estruendo aleccionador, en el que se pierden los valores ficcionales relacionados con los subtextos y las maneras más sofisticadas para pensar ciertos temas.

En los primeros meses del año aparecieron tres películas que ponen en el centro a personajes femeninos rotos por la consecuencia de abusos y maltratos. “Promising Young Woman” de Emerald Fennell es la que sobresale por su colorido y grueso relato que pega varios volantazos dramáticos, además de generar un debate sobre diferentes momentos puntuales de la historia, lo que puede leerse como su mayor cualidad. “Fragmentos de una mujer” («Pieces of a Woman») de Kornel Mundruczó plantea un drama llevado a un volumen inaudible que se pierde entre sus propias vociferaciones sobre la problemática del aborto. Aquí la situación de una mujer sufrida por conductas de abuso o maltrato están más lavadas pero el foco del sufrimiento y el dolor sí están en primeros planos con colores que encandilan. No es de extrañar que la película más silenciosa de las tres, la que está paradita sobre la línea con la mirada en el piso y sin sobresalir por elementos retóricos sea la menos hablada, y esa es “The Assistant” de la guionista y directora Kitty Green, en lo que es su primera película de ficción.

“The Assistant” es un día -y una vida, podría decirse- en la vida de Jane (la sutil Julia Garner de la serie “Ozark”), que trabaja en múltiples funciones para una productora cinematográfica ubicada en el barrio lujoso y “hipster” de Tribeca en New York. Sin tener los datos servidos pero con un poco de inteligencia para unir un par de elementos, rápidamente se puede deducir que el espacio de trabajo es la productora de un personaje símil Harvey Weinstein, quien tenía sus oficinas en esa zona de la ciudad. La trama circular comienza con el limbo entre la oscuridad y la claridad de las primeras horas del día. Jane es llevada en un auto que la deja en la puerta de la productora para que sea la primera en entrar para limpiar, preparar y dejar todo listo cuando comience la jornada laboral. No es de extrañar que la despersonalización sea el tono que maneja la película. El jefe (y villano) está en los relatos orales de los demás compañeros de Jane y en un off de él que la humilla delante de todos, que se cierra con un pedido forzado de disculpas formal por mail. De la misma manera, esas personas que trabajan a su lado, pero que ejercen un subordinamiento tácito hacia ella, no parecen tener rostro ni rasgos marcados más que la de un tratamiento con indiferencia hacia Jane o, peor, una ignorancia absoluta de su existencia. Poco sabemos de ella, no mucho más que un par de conversaciones telefónicas con su padre, a quien le sostiene la apariencia de un estado de ánimo inalterable y que se encuentra en la gloria de tener un puesto de trabajo “soñado”.

La cotidianidad, que aparece como contorno de una historia sutil y desgarradora a la vez, se sumerge silenciosamente en un desvío que marca el punto de quiebre de la protagonista, el cual funciona también como la última pista para deducir que es un historia sobre Weinstein pero que podría aplicarse a cualquier depredador que no distingue ámbitos. Una joven está por caer en las garras, pero Jane cree que puede impedirlo y es en ese momento en el que la desazón inunda por completo la historia. Ya no hay vuelta atrás. La escena con el responsable de Recursos Humanos es la más desoladora, porque se ilustra un engranaje necesario para que circule esta maquinaria de la manipulación, el control y el abuso sistemático. El depredador necesita de cómplices para funcionar, y es en ese retrato de los hombres y mujeres en escalafones inferiores que se promueven estos comportamientos donde la película construye su idea más brillante. La directora plantea que los personajes nefastos como Weinstein no son hombres aislados de una sociedad que los apaña sino que precisan de una estructura organizada que ampara su accionar porque es parte de una normalidad o de una… cotidianidad. Es muy interesante pensar qué películas, series o cualquier material audiovisual podrían salir de esas oficinas de paredes blancas y muebles genéricos con seres que no osan en reflexionar sobre los límites ni sobre el papel que juegan dentro de una organización. “The Assistant” es una película honesta y desprendida de los artificios crudos del “por las dudas, si no se entiende” porque cree en el poder del subtexto y de las referencias socavadas más que en el subrayado moral de las otras películas mencionadas que, por supuesto, se llevaron toda la atención y que la dejaron como a su personaje: ahí invisible y tirada fregando las manchas que dejaron las otras historias. «The Assistant» puede verse en Amazon Prime Video.