La banda está compuesta por once excepcionales músicos, pero en esta oportunidad se presentó con su formación de sexteto: las cuerdas a cargo de Adrián Segers en el banjo y Adrián De Filippo en contrabajo, la percusión de la mano de Norberto “Freddy” Méndez en la batería y los instrumentos de viento fueron ejecutados por Gabriel Herrera en saxo tenor, Roberto Vitale en trompeta y Carlos Caiati en clarinete.
La Porteña brilló una vez más con su inconfundible estilo “New Orleans” en el concierto que brindó el sábado 15 de septiembre en el Club Universitario de Buenos Aires (CUBA), en el barrio de Núñez. Se trató de una cena-show realizada por la fundación para los socios del club, a beneficio de las familias más vulnerables que son asistidas por la institución, según comentó el Dr. Julio César Picchetti, uno de sus representantes.
Si hay algo que debemos destacar de los maestros que forman La Porteña es la sencillez que los caracteriza: un ejemplo de esto es que, cuando les comenté que deseaba tomarles algunas fotos, me dijeron que lo hiciera en cualquier momento durante su actuación. Les expresé que no quería distraerlos ni molestarlos con el flash, a lo que me respondieron que no me preocupe por eso y Caiati agregó: “nosotros tocamos sin partitura, así que sacá las fotos cuando quieras, no nos molesta”.
La presentación se organizó en dos partes: en la primera, se lució la banda con sus grandes éxitos instrumentales pero también cada integrante brilló con inigualable buen gusto en la interpretación de sus “solos” los cuales, como siempre, son improvisados en el momento. Antes de finalizar este primer segmento, los integrantes de la banda comentaron que iban a realizar un breve intervalo y que en la segunda parte de su show esperaban que las parejas salieran a bailar a la pista.
Y así fue. Luego de un breve descanso se improvisó la “pista” de la que hablaban los músicos y volvieron a convocar al público para que saliera a bailar. En el lateral izquierdo del escenario, dos de los comensales dieron el puntapié inicial y en pocos minutos ya eran diez las parejas que decidieron abandonar sus asientos para bailar al compás del ritmo de jazz que conmovía el lugar.
Al tiempo que avanzaba la segunda parte del show llegaron los lentos, y no creas que la pista se despobló a causa de esto, muy por el contrario, todos seguimos disfrutando de la complicidad generada entre los bailarines, la banda y el resto de los espectadores. Luego de tocar tres o cuatro piezas románticas, los músicos no dudaron en volver a darle paso al ritmo para comenzar a darle un cierre a su show.
Previo al final de la segunda y última parte, los intérpretes anunciaron que el concierto estaba llegando a su fin. A continuación, tocaron dos o tres canciones más, de las cuales, la última fue el broche de oro: “Cuando los santos vienen marchando”, himno gospel norteamericano, popularizado en tiempo de jazz por Louis Armstrong a fines de la década del 20. El público acompañó este gran final con un caluroso aplauso que daba muestra de lo bien que lo había pasado.
Por fortuna, tuve oportunidad de dejar reflejado este grato momento en varias fotos: era la primera vez que estaba cerca de esta legendaria agrupación, escuchándolos en vivo.
Tengas la edad que tengas, seguramente oíste hablar de ellos, y si todavía no tuviste oportunidad de presenciar uno de sus conciertos, te recomiendo que no dejes pasar mucho tiempo más antes de ir a verlos.

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