Esta semana estuve en casa y pude ver un poquito más de televisión, especialmente al mediodía cuando me preparo el almuerzo en mi oficina… mi hogar.
Quedé azorada cuando vi cómo en los diferentes canales siempre había un atisbo de intolerancia en todo lo que se comentaba. «¡Uy! Descubriste la pólvora» dirán algunos, pero hacía mucho tiempo que no veía noticias en los mediodías y aún menos por tv. Cuánta intolerancia generada en los medios. Pareciera que no estamos preparados para transitar estos nuevos tiempos: la nueva era de la que tanto se habla es una era de libertad, es una era de conocimientos más cercanos al hombre, que antes no existía. Es una era de identidad diferente en todo sentido, desde el credo que me permita ser más feliz y plena, hasta poder elegir la cultura y educación que quiero recibir.
Pero lamentablemente el intolerante siempre se opone a los diversos pensamientos, porque el intolerante es esquemático, tiene miedo y carece de sentido común. Se aferra a su idea y no hay espacio para otras. Porque es un ser cerrado, cegado, y un antisocial.
El que padece de intolerencia es discriminativo, maltrata y muestra una discapacidad natural a la comprensión humana, carece de empatía, y abunda en egolatría.
La emoción constante del intolerante es el miedo, sí, el miedo. Es tal el terror que tiene que cree que todos le quieren cambiar los preconceptos establecidos y, ante eso, se defiende maltratando a los otros y menospreciando los valores ajenos.
Cuando nos cruzamos con un intolerante tenemos que tener en cuenta que ese individuo carece de identidad, confunde personalidad con identidad, y defiende a esa personalidad (máscara) que es de donde deriva la palabra, a rajatabla, porque es lo único que cree que le pertenece. Pero eso no sería nada, si lo que defiende le hace bien, bienvenido sea al mundo de las ideas libres. El problema es que ataca todo lo que él no conoce por un miedo natural a quedarse sin nada.
El intolerante se vuelve fanático, siempre está encolerizado, de a poco se vuelve violento y cuando te querés dar cuenta, en defensa de “cualquier nombre, idea, filosofía, religión, política” si tiene que matar lo hace.
El intolerante cree ser paladín de “lo correcto”, “el quijote de la verdad”. ¿De qué verdad me hablan en un mundo versátil, en un mundo prismático? Cuando no dejamos que otras ideas entren en nosotros, miramos a través de un tubo, no a través de un prisma, el mirar a través de un prisma es permitirnos ver otros colores. Para el intolerante existen dos colores: el blanco y el negro, y actúa a través del rojo: ira, cólera, enojo, sangre, irritabilidad.
Quién quiere tener de amigo a un carcelero. A quién le gusta estar siempre condicionado y juzgado. A nadie, son tiempos de libertad y esa libertad comienza con el respeto de pensar diferente. Naciones Unidas dispuso que se festejara todos los 16 de noviembre el Día de la Tolerancia (recomiendo ver el Informe Definitivo sobre el Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia: Declaración de Principios sobre la Tolerancia y Plan de Acción de Seguimiento).

Campaña de Benetton «Unhate»
Estamos en el 2012, todo se mueve hacia la integración, fusión, a cooperar, a la complementación. El aislamiento ya fue, el ser que permanece aislado perece, la separatividad «pasó de moda». ¡Basta de muros! El de Berlín se derribó en 1989, todo un símbolo para la humanidad, harta del fanatismo y del sectarismo, al igual que la llegada del hombre a la Luna (1969), símbolo de la integración y festejo de la amistad en muchos países.
No permitamos que el gusano de la intolerancia se instale en nosotros, dejemos que el otro piense como quiera, no digitemos la vida de nadie, acompañemos a la historia que nos está muestra que se viene la independencia: los esclavistas ya fueron, no les demos cabida, derribemos los muros que no nos dejan ser y acompañemos a esta nueva era: el primer grito que dio cuando nació fue «libertad».

3 comentarios de “La era de la tolerancia

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