En el marco de un peleado campeonato que está por definirse, es muy importante recordar la magia que rodea al GP de Brasil.
El domingo, la Fórmula 1 volverá a uno de los circuitos que más épicas protagonizó desde su aparición en la categoría: el Autódromo José Carlos Pace, o Interlagos, como se lo conoce por el barrio de São Paulo en el que está ubicado.
La pista fue inaugurada en 1940 con un trazado de 8 kilómetros y se convirtió en sede del Gran Premio de Brasil desde 1972 hasta 1981, cuando fue reemplazada por Jacarepaguá (infame circuito en el que «Lole» Reutemann consiguió una victoria que luego le costaría el campeonato) hasta 1990, año en el que se estableció de manera casi permanente.
Originalmente, el Gran Premio de Brasil (al igual que, en su momento, el de Argentina) se disputaba a principio de año. Sin embargo, debido al éxito que tuvo en 2005 como cierre de campeonato, cuando Fernando Alonso destronó a Michael Schumacher, Interlagos se convirtió en el escenario de las grandes épicas de fin de temporada. Desde un campeonato ganado en la última curva de la última vuelta, un tercero en discordia que hizo justicia por un caso de espionaje, un quinto puesto que alcanzó para campeonar tras desangrarse durante gran parte del año, hasta una remontada que le arrebató el sueño a todo el pueblo español.
Maranello… (2007)
La temporada 2007 del Campeonato Mundial de Fórmula 1 encontró a Ferrari en plena transición. El siete veces campeón del mundo, Michael Schumacher, acababa de retirarse de la categoría (momentáneamente), y los encargados de portar las ilusiones de los tifosi serían el brasileño Felipe Massa y el finlandés Kimi «el hombre de hielo» Räikkönen.
En Inglaterra, por su parte, el debutante Lewis Hamilton y el ya consagrado Fernando Alonso estaban a cargo del auto cromado de McLaren. 2007 atestiguó uno de los capítulos más importantes de la histórica rivalidad entre la escudería de Woking y la de Maranello, no solo por lo sucedido dentro de la pista sino, también, por lo ocurrido fuera de ella: el Spygate.
Tras el retiro del heptacampeón, Ferrari pasó por una renovación casi total. Entre los afectados se encontraba Nigel Stepney, jefe de mecánicos de la época dorada del equipo, quien fue reasignado al puesto de Jefe de Desarrollo, cargo que no le agradaba en absoluto. Disconforme, el británico anunció que estaba dispuesto a escuchar ofertas de otros equipos, sin embargo, las obligaciones contractuales lo mantuvieron en Ferrari.
Con la temporada ya en marcha, el 17 de junio, en el GP de Estados Unidos, Ferrari presentó la primera denuncia formal que derivaría en una investigación, juicio y sentencia. McLaren fue acusada de recibir información técnica confidencial brindada por Stepney. El proceso fue extenso y implicó a figuras como Ron Dennis y Bernie Ecclestone, pero tras recibir correos incriminantes (presuntamente proporcionados por Alonso), la FIA dictaminó que McLaren debía pagar una multa de 100 millones de dólares y sería descalificada del campeonato de constructores, aunque no del de pilotos.
Llegamos a Interlagos. Luego de una temporada equilibrada, tres pilotos, separados por apenas 7 puntos, llegaban con chances de campeonar: los hombres de McLaren, que se habían quitado puntos mutuamente durante todo el año, y el «hombre de hielo», que mantenía vivas sus esperanzas tras aprovechar el error garrafal de Hamilton en la penúltima fecha (el famoso Sanganchao).
Felipe Massa, sin posibilidades matemáticas, logró la pole. Lo acompañaban el rookie inglés, su compañero de equipo y el defensor del título. Hamilton perdería dos posiciones en la largada, siendo superado por sus dos rivales. En la misma vuelta, bloqueó los frenos y cayó al octavo lugar: su condición de debutante se dejaba entrever en el momento más crucial.
Evidentemente, Lewis no estaba destinado a campeonar en Interlagos aquella tarde de noviembre, porque a mitad de la carrera sufrió un problema en la caja de cambios que lo relegó al puesto 18. En ese punto de la competencia, Alonso era campeón, pero los Ferraris intercambiaron posiciones y Kimi Räikkönen, por un punto, terminó en lo más alto.
Aquella tarde, el circuito de Sao Paulo fue testigo del último campeonato ganado por los hombres de Maranello.
En Interlagos se escribe la historia de la máxima categoría del automovilismo. Nunca está mal recordar qué es lo que hace tan especial al circuito paulista.