En la esquina de Niceto Vega y Armenia se encuentra Tadrón Teatro, una sala que ya ha cumplido 15 años de existencia y que contiene en sus raíces una gran tradición histórica y política argento-armenia. Y no es de extrañar que, justo en esta sala de circuito off, se presente “La marca en el orillo”, la impactante historia de una nieta recuperada por las Abuelas de Plaza de Mayo: Victoria Montenegro.
La marca en el orilloLuego de una reserva previa, la boletería del teatro reparte las entradas junto con volantes de la función, las demás obras y una gacetilla con un discurso que Victoria emitió el 23 de mayo de 2012, que invita a leerlo junto a un pocillo de café oriental del Tadrón.
“Mi nombre es Victoria Montenegro y soy hija de Toti Montenegro y Chicha Torres. Mis papás eran militantes del ERP y, a pesar de que ambos eran salteños, como producto de su militancia, yo nací en Buenos Aires. Compartimos trece días como familia hasta que un operativo, el 13 de febrero del ‘76, nos dejó a los tres como desaparecidos. Él tenía 20 años, ella 18.
Aparecí a los 25 años como María Sol Tetzlaff Eduartes, hija de un coronel del Ejército quien fue el responsable de nuestra desaparición y de mi apropiación, con un previo paso por la comisaría femenina de San Martín y posterior bautismo en Campo de Mayo.
A partir del 2000, fecha de mi aparición, comenzó un camino de muchas contradicciones. Fue algo complicado rearmar una vida en la cual ya había un esposo y tres hijos. Pero lo más complicado fue rearmar mi propia existencia, y entender que la persona que tanto amaba y quien para mí era uno de los héroes más grandes de nuestra Patria, era en realidad quien terminó con mi familia y quien me imposibilitó crecer en mi verdadera vida…”
Una cerca blanca con varios remaches y flores de plástico es lo que divide la vida de Victoria (Manuela Díaz) entre la mentira y la preciosa realidad.
La marca en el orilloUna cuerda al cuello es lo que hace que María Sol permanezca en su lugar y que no se convierta en “la hermosa negra de cara redonda como la luna” de sangre Montenegro.
Su escalofriante padre, el coronel Tetzlaff Eduartes (Jorge Noya) la custodia mientras limpia su residencia hasta dejarla bien blanca, para que no queden “rastros”. Ella misma, influenciada por sus criadores, se lava la cara varias veces al día para ser blanca como ellos, y mantiene un falso deseo de ser coronel del Ejército, como su padre. Trata de no relacionarse con rebeldes y le teme a esas llamadas “viejas locas” que, según lo que oye de sus allegados, buscan a chicos de su edad para separarlos de sus familias.
Sin embargo, los sueños azules de la muchacha, que guardan escondidos un nombre que aún no puede emitir, y su novio Guti (Federico Saslavsky), quien se encuentra al otro lado del cerco para cuidarla y acompañarla para siempre, quieren ayudar a María Sol/Victoria para que cruce a su verdadera historia, para que despierte del sueño blanquecino y empiece a vivir.
Eugenia Levin, directora de “La marca en el orillo” junto a Becky Garello, fue el nexo entre Victoria y la obra. “En algún momento una amiga de Victoria me la presentó hace muchos años. Nos conocimos y me contó su historia. No me alcanzaban las manos para anotar las cosas que me iba contando. Me pareció completamente teatral su propia vida, y las cosas que le fueron pasando. A partir de ahí, surgió la idea de reunir todos los testimonios de ella y de Guti, su esposo, padre de sus tres hijos y primer novio que siempre la acompañó”, relata la directora.

Jorge Noya, Manuela Díaz y Federico Saslavsky
Jorge Noya, Manuela Díaz y Federico Saslavsky
Y aunque la obra dure menos de una hora, Eugenia cuenta que la recuperación de la muchacha “fue un proceso muy largo, de 10 años. En el 2000 ella se enteró y en el 2010 asumió que es Victoria Montenegro, y en todo momento fue acompañada por Guti. De ese relato entendimos que esto era una historia de amor, la historia que había colaborado con el proceso que ella hizo. Y se nos ocurrió que teníamos que contarlo, que era importante para esta ciudad, para este país, para nuestra propia historia, que en una sala de Buenos Aires se cuente la recuperación de una nieta. Así emprendimos el camino, primero en «Teatro por la Identidad» en el 2012, y ahora solos como elenco independiente, en esta sala que es un teatro con una tradición política y de justicia, y nos pareció que era una sala perfecta para hacerlo”.
Por su parte, el director Becky Garello nos detalla que “hay un texto que nosotros ponemos al principio que dice que “la realidad supera a la ficción”. Esta obra está basada exclusivamente en los relatos de Victoria Montenegro, o sea, todo lo que ustedes ven en la obra es verdad, aunque todo lo que estamos viendo es ficción”.
Con emoción en sus ojos tras la finalización de la cuarta función dice: “Es una obra muy conmovedora, y la historia de Victoria Montenegro, entre tantas historias de los nietos recuperados, es una de las más trágicas”.
La escenografía está interpretando tanto su vida pasada como lo que vivió después…
Becky afirmó esto y expresó: «Sí, la escenografía es bien simbólica. Está dividida con su realidad pura, con su fantasía, con la vida que le quisieron inventar y le inventaron durante mucho tiempo. Y desde el otro lado del escenario está la vida real, donde está su Guti que es el papá de sus hijos, y está clara la división entre su pasado trágico y su presente más luminoso».
Los sueños que marca la obra, que resaltan en todo el guión, ¿son textuales al relato de Victoria? ¿Aún hoy los recuerda así?
La marca en el orillo
«Exactamente, todo el relato de la obra es exacto a lo que ella vivió. Le dio forma teatral Cristina Merelli, que es la autora, pero es exactamente lo que ella soñaba. Ella siempre soñaba con un pueblo en la montaña, muchas veces repetía ese sueño. Y casada y todo, su destino de vacaciones siempre decide que sea el mismo, un pueblo en la montaña», contó Eugenia.
Además, manifestó que «ella, más tarde, se entera quiénes y de dónde es su familia biológica, sus padres. Ellos eran de Metán – San José de Metán, en el sureste de Salta -, de ese pueblito muy parecido al que ella soñaba. Así que, ¡mirá lo que son los genes! Se lleva todo en la sangre…»
Cuando Victoria vio la obra, al final ¿qué repercusiones tuvo?
Becky nos cuenta que «ella no vio la obra en el final, sino muy desde el principio. Cuando le mostramos por primera vez la obra, en un ensayo general al cual inocentemente la invitamos, cuando la vimos sentada, dispuesta a verla, fue el momento de más terror. Porque si ella hubiese dicho “no, esta no es mi vida”, volvíamos a cero (risas). Pero ella quedó muy conmovida con ver su propia historia. Guti también, se vio reflejado, muy respetado en su vida. De hecho, ellos nos acompañan en muchas funciones, nos acompañaron en el Cervantes, en el Bauen, en la ESMA, nos acompañaron en las tres funciones que realizamos en Salta, y vinieron un día acá».
Eugenia, por su parte, expresa: «Sí, están con nosotros, y la verdad que ellos mismos se sorprenden de los parecidos, de todo. La verdad, impresionante».
Y viene a verlo mucha gente, ¿verdad? Es difícil conseguir entradas, porque enseguida están agotadas…
Eugenia: «Sí, es realmente sorprendente, no tuvimos presupuesto de prensa, es una sala del circuito off…»
Becky: «Lo que sucedió con esta obra es increíble, en realidad es la historia de Victoria la que mueve. Esta sala es muy chiquita, pero cuando estrenamos en el Cervantes quedaron 300 personas afuera, y esa sala es para 850 espectadores».
Eugenia: «Siempre nos ha pasado esto…»
Becky: «En todos lados se agotan las localidades. Y acá nosotros ya llevamos 4 funciones y ahora vi que está agotada la del jueves que viene».
Es más sorprendente aún por la zona donde se está dando esta obra, ¿no? En Palermo, llamado ahora Soho…
«Y es que estamos en el corazón de donde se debe dar esta obra», dice Becky.
Manuela “Llevó tiempo, pero como la sangre es más espesa que el agua, pude sortear todas las contradicciones y nacer de nuevo a la vida de Victoria, a la que soñaron mis papás. Pude entender que las Abuelas no eran esas viejas locas a las que tanto me habían enseñado a odiar, sino las mujeres más hermosas del mundo. Las que después de mucho luchar me devolvieron la identidad, esa identidad que me permite decir mi nombre, reconocerme y diferenciarme. Esa identidad que me permite tener compañeros, sentirme parte de una lucha colectiva que no va a parar hasta que logremos esa Patria que los 30 mil soñaron y hasta que recuperemos al último nieto, para que pueda estrenar su nombre, su historia y este orgullo que nosotros, los que ya aparecimos, podemos tener. Por ellos estamos más felices y fuertes que nunca.
¡Hasta la Victoria Siempre!”, firma su manifiesto Victoria Montenegro.
Ese 23 de mayo de 2012, en conferencia de prensa, Victoria junto a las Abuelas de Plaza de Mayo y el Equipo Argentino de Antropólogos Forense (EAAF) comunicaron la identificación de los restos de Roque Orlando Montenegro, su padre, uno de los 7 cuerpos hallados en Colonia del Sacramento, Uruguay, que en 1976 fue lanzado junto a otros centenares en los denominados “Vuelos de la Muerte”.
Lamentablemente, Hilda “Chicha” Torres, su madre, aún continúa desaparecida.
victoria-montenegroHoy Victoria sigue el legado de sus padres y es militante de la agrupación Kolina que fundó el expresidente Néstor Kirchner y que preside su hermana, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner. Desde su recuperación por las Abuelas de Plaza de Mayo, ha podido ganar más que un nombre y un pasado, pudo tener un presente y futuro mejor y feliz.
En su Facebook personal y público demuestra esta felicidad en publicaciones donde redacta anécdotas como esta:
“Después de haber estado junto con mi hermano querido, Horacito Pietragalla -nieto aparecido y actual diputado nacional por el Frente para la Victoria- recorriendo la Casa de la Memoria en el Partido de Morón en donde desaparecimos junto a mis papás, nos tocó compartir también un acto junto a la Militancia en Lugano 1 y 2, el barrio en el que ambos estuvimos apropiados durante más de 25 años. Me gustaría encontrar las palabras para poder transmitir todo lo que pasa por mi cabeza y por mi pecho en estas horas. Es difícil entender cómo todo cambió tanto, pero es maravilloso ver qué bueno que es poder elegir. Hoy mas que nunca elijo la Verdad, elijo ser Victoria, elijo abrazar a Horacio y soñar que vamos a lograr la Victoria que soñaron nuestros padres. ¡Hoy más que nunca elijo ser kirchnerista!”
«La marca en el orillo», todos los jueves a las 21:30 horas en Tadrón Teatro, Niceto Vega 4802, esquina Armenia. Entrada $60.

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