El segundo encuentro del equipo argentino de básquet masculino volvió a terminar en derrota, esta vez por 81 a 71. Con una leve mejoría respecto al debut en estos Juegos Olímpicos en Tokio, ahora el escollo fue España, un equipo de mucha jerarquía, verdugo en la final del Mundial de China e históricamente muy difícil para nuestro combinado nacional.

El comienzo del juego regaló un dejo de ilusión. Un funcionamiento colectivo que hizo recordar al que tantas alegrías nos dio hace tan solo dos años con los mismos protagonistas y un Nicolás Laprovittola intratable, a diferencia del debut.

Sin embargo, luego del primer tiempo muerto pedido por el entrenador italiano Sergio Scariolo, se acomodaron las fichas españolas y todo se emparejó. A eso se le sumó la salida por lesión de Patricio Garino, quien no se sabe aún si podrá seguir en el torneo.

El segundo cuarto fue clave para consumar una derrota que luego siguió su curso. La defensa rival se hizo fuerte y dejó un parcial de 20-9 que los colocó al frente del marcador para ya nunca más ceder.

La figura del base Ricky Rubio se hizo cada vez más brillante, convirtiéndose en el villano de turno de este juego con 26 puntos y 5 triples. Pero el fuerte de España son las variantes, lo largo de un equipo que tiene tantas respuestas en el banco de suplentes como en los titulares. Víctor Claver y Rudy Fernández ayudan desde el inicio, pero luego entran Pau Gasol o Lluy y también tienen su momento, o se dan el lujo de poner tarde a Willy Hernangomez para que entre y cambie el ritmo de juego.

Esas variantes fueron claves, especialmente cuando del lado nacional no hubo apoyo en las rotaciones: Luca Vildoza y Gabriel Deck continuaron en un muy bajo nivel (posiblemente el segundo acarrea alguna secuela de su contagio reciente de COVID-19), Nicolás Brussino aporta siempre aunque no se consolida nunca como un tirador que se necesita y mucho, y Leandro Bolmaro parece todavía correr más de atrás.

La defensa argentina en esta ocasión fue aceptable, y el punto determinante fue ese ataque que sigue mostrándose desordenado y sin claridad en los conceptos. «Lapro» fue la figura del equipo con 27 puntos y 5 triples, aunque también tuvo 6 pérdidas de balón. Facundo Campazzo se fue cargando de faltas y terminó saliendo por cinco, siendo eso también fundamental para un equipo que lo necesita demasiado. Abajo del aro no estamos teniendo respuestas y eso complica mucho.

Hay que ver el vaso medio lleno para lo que resta. Argentina se enfrentó al mejor jugador del mundo, totalmente «endemoniado» (Luka Doncic en Eslovenia) y a un equipo que históricamente lo controla, le quita orden y le gana (España). Perder contra ambos no era lo que esperábamos, pero sí lo posible. No tener orden ni prolijidad en ataque es un lujo que el equipo no se puede dar, pero lo hizo justamente contra estos dos equipos.

Ahora falta Japón, hay que levantar el nivel, ganar y luego golpear fuerte en cuartos contra el que toque de los poderosísimos Australia, Francia o Estados Unidos.

El desafío parece difícil, pero si Argentina juega como ya demostró que sabe los puede ganar sin dudas. Basta resolver la incógnita que nos queda hasta el momento, y es descifrar si el equipo aún no respondió por el juego de los rivales que tuvo o porque está en un bajo nivel que le impedirá ir mucho más allá.