Luego de su paso por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en el que cosechó la Concha de Oro al mejor film, y de haber obtenido en febrero pasado la cantidad de 5 Premios Goya, llegó finalmente a las salas de nuestro país la última película de la directora vasca Alauda Ruiz de Azúa.
Lo interesante de esta propuesta es que la realizadora nos pone en conflicto, sin tomar partido por ninguna de las posturas, los deseos de una adolescente de 17 años de ordenarse como novicia. El ruido que ello genera en su familia paterna, más precisamente en su tía Maite (formidable Patricia López Arnaiz), y el aprovechamiento de la Iglesia encarnada por su Madre Superiora (Nagore Aranburu), en montarse sobre la debilidad del fervor iniciático de la adolescente.
Rigurosa en la construcción del entramado familiar, la misma parecería dejar a Ainara (una intensa Blanca Soroa) en una situación de absoluta soledad (su madre falleció cuando ella era muy joven y su padre no parece muy dispuesto a contener sus dudas y acompañar su deseo), convirtiéndose en un blanco fácil de una Iglesia empeñada en atraer jóvenes desorientadas.
Tal vez, el guion no haya sido todo lo justo que hubiera merecido con el personaje de Maite, esa tía paterna que da batalla para que su sobrina no caiga en las trampas de la fe, y que pueda crecer en libertad, sin condicionamientos, y disfrutando las posibilidades que su edad le traen aparejada, ya que sus reivindicaciones atinadas y empáticas en favor del libre albedrío de su sobrina quedan un poco opacadas frente a sus propias crisis internas y familiares.
Finalmente, es Ainara quien definirá la disyuntiva con su creencia, interna, indiscutible, irreprochable, justificada o no, sin que nosotros, espectadores, podamos interceder a favor o en contra de ello.
«Los domingos» nos deja con esa sensación de soledad y, tal vez, de desamparo.