«Luisa» y la memoria que insiste en escena

Marzo no es un mes más. Es el Mes de la Memoria, ese territorio donde el pasado no termina de pasar y donde el presente se ve obligado a dar respuestas.

En ese marco, este domingo 29 de marzo se realizó la última función -por ahora- de «Luisa», creación de la dramaturga y actriz Luciana Cervera Novo.

Esta es una obra que siempre vuelve, lo cual está lejos de ser casualidad, puesto que en un país atravesado por la ausencia, hay historias que no pueden -ni deben- clausurarse.

«Luisa», nacida en pandemia, se sostiene sobre una pregunta incómoda: ¿qué se hereda cuando lo que falta es un cuerpo?

En escena, Cervera Novo pone el cuerpo para contar el de otros. No solo en la sublime interpretación de su bisabuela, Luisa, una madre soltera que llegó a la Argentina buscando una vida nueva junto a su hijo. También la presencia de ese hijo, Luis Cervera -su abuelo-, arrancado por la última dictadura cívico militar.

Desaparecido. Una palabra que en Argentina no es pasado: es herida abierta, expediente inconcluso, justicia en deuda.

La obra traza así una genealogía del coraje. Porque la historia de Luisa no es excepcional: es, justamente, la de tantas. Mujeres que fueron «paridas por sus hijos». Madres que, empujadas por el horror, se volvieron sujeto político en el momento más oscuro. Salieron a la calle cuando salir era peligroso. Nombraron cuando nombrar costaba la vida. Insistieron cuando todo empujaba al silencio.

«Luisa» es, en ese sentido, una obra militante. Pero no desde la consigna vacía sino desde la carne. El teatro aparece como territorio de disputa: disputa contra el olvido, contra la indiferencia, contra la tentación de cerrar en falso una historia que sigue abierta. También como gesto íntimo, como intento de sutura de una herida familiar que no cicatriza, pero que encuentra en el arte una forma de decir(se).

Hay en la actuación de Luciana Cervera Novo una potencia que incomoda y conmueve. No busca la lágrima fácil sino la memoria incómoda. Esa que interpela, que insiste, que obliga a mirar donde duele. Porque mientras Luis siga desaparecido, no hay metáfora que alcance. Y mientras no se juzgue a todos los responsables de su secuestro, tortura y exterminio, no habrá función final posible.

«Luisa» no termina. Suspende. Late. Vuelve. Como la memoria. Como la historia cuando se niega a ser clausurada.