Este miércoles, París Saint-Germain fue eliminado de la UEFA Champions League con Lionel Messi, Kylian Mbappé y Neymar como titulares, con otra ilusión que se hace trizas en los momentos más importantes. 

Frente a Real Madrid y con la derrota 3-1 con hat-trick de Karim Benzema, la actuación de Messi fue más que discreta. Luego de un gran puñado de partidos en París, todavía se nota que el entendimiento del mejor jugador del mundo con el resto de sus compañeros no está. A pesar de lo poco que tocó el balón, intervino en las ocasiones más peligrosas de su equipo, pero esto no es suficiente.

Si se esperan grandes cosas de Messi, lo primero que hay que hacer es volverlo parte del juego. Cuando los compañeros tienen la oportunidad de darle la pelota, optan por jugar hacia otro sector del campo.  

Este momento de Messi en PSG es similar al de Messi en la selección argentina y a ciertos tiempos en Barcelona. No le devuelven paredes, no se la pasan, no se entienden, no tiene socios.

¿Quién es el máximo responsable? ¿Messi? ¿El dueño del equipo que compra a cuanto futbolista que juega bien, sin importar la función que pueda tomar o siquiera si es necesario? ¿El técnico Mauricio Pochettino que no fue capaz de definir un once titular en toda su estadía hasta aquí en París? Es difícil saber quién es el arquero del PSG cuando juegan un rato cada uno. La defensa titular no se sabe cuál es, el mediocampo titular tampoco. El tridente ofensivo lo conocen todos, pero no se tiene certezas sobre cuál es la función de cada uno. Todos tienen sus responsabilidades, pero cuando no presentan las condiciones para brillar, solo podés mostrar pequeños destellos.

Si un plantel cuenta con un jugador que es considerado el mejor del mundo, ese no puede ser el que menos la toque en los partidos más importantes.

Messi, en este momento, debe pensar que dejó Barcelona y que, de a poco, ve la luz al final del túnel, porque tropezó con la misma piedra, ahora en PSG.

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