A principios de este año se iba a estrenar «Corazón loco» en cines, y el contexto actual empujó a la película hacia las plataformas. En fin, el 9 de septiembre fue la fecha y Netflix el lugar para que lo nuevo de Marcos Carnevale vea la luz. Con Adrían Suar como protagonista y coguionista, pareciera que intentaron exprimir las ideas de un sistema ya agotado hace tiempo. Nos valdremos del spoiler para argumentar algunas cuestiones puntuales.

La voz de Fernando Ferro (Adrián Suar) nos introduce en la película, se presenta a sí mismo con una característica muy particular y es que, según él, su corazón tiene la capacidad de amar más que el de cualquier otra persona… en consecuencia, lleva una vida con dos amores: de lunes a jueves su esposa es Paula (Gabriela Toscano) y vive en Mar del Plata y de viernes a domingo vive con Vera (Soledad Villamil) en Buenos Aires. Ninguna sabe de la existencia de la otra.

Kilómetro 113

Dos veces por semana Fernando se detiene en el famoso kilómetro 113 en el parador de Atalaya y cambia de auto, de ropa, de celular, ajusta algunos detalles y sigue su camino. La primera debilidad del verosímil es la que supone que este sistema se sostuvo durante 9 años cuando vemos cómo cualquier mínimo desajuste logra desarmar todo por completo. Pero, ¿por qué se plantean nueve años entonces? El punto es que el tiempo transcurrido hizo que cada una construyera una familia con Fernando, ambas tuvieron hijos, compraron casas y demás. Otra cuestión que fuerza el «verosímil» es que este hombre pareciera que no tiene padre, madre, hermanos u otro tipo de familia en absoluto que pudiera ponerlo en jaque.

Todas las situaciones predecibles suceden: una visita sorpresa, un accidente de Fernando que las reúne en el mismo hospital, una llamada inoportuna. Sin embargo, lo que planta la duda en Paula es un comentario al pasar de su hermana. Esto habilita a que, en lugar de quedar totalmente expuesto, Fernando desconoce que lo descubrieron mientras Vera y Paula planean una venganza juntas. A partir de ese momento, el punto de vista cambia y se ubica junto a ellas.

Tanto Paula como Vera pasan de la ingenuidad total a la locura absoluta, el uso de la razón o la inteligencia no son atribuciones que la película les permita. En «The other woman» (Nick Cassavetes, 2014) tres mujeres también descubren que un hombre las engaña y se unen para vengarse, y traigo este film no para poner de manifiesto una destreza audiovisual superior, pero sí porque en este caso el planteo es claro: el hombre las estafa emocional y económicamente y entonces lo que ellas hacen para responder es válido. Mientras que en «Corazón loco» hay una resistencia por pronunciarse respecto del rol de Fernando, porque lo presenta como un sinvergüenza pícaro y enamorado, y a ambas las transforma en dos locas reaccionarias irracionales que quieren «castrarlo», venganza que (por suerte) no se concreta, porque hubiera llevado la película a niveles inimaginables de bochorno.

Entonces, al considerarlo a él un incomprendido y a ellas unas locas capaces de hacer algo terrible por despecho, no hay condiciones que permitan empatizar con ninguna de las dos partes a esa altura avanzada del relato.

Diez años de trabajo

Otra de las cuestiones problemáticas de la película tiene que ver con la falta de ritmo narrativo, la dificultad con la que llega al núcleo del conflicto, los giros tirados de los pelos y más detalles que hacen incomprensible cómo este guion estuvo trabajado durante diez años, como comentan sus creadores. No es difícil imaginar cuánto tuvo que cambiar en el marco de una sociedad distinta para no embarrarse de la peor manera (aunque igualmente queda fuera de tiempo), pero sí cuesta comprender cómo en un proceso tan largo de escritura, nadie pudo ver que la historia nunca se armó, que las partes no funcionaban como un todo.

En una entrevista con «El Día», Marcos Carnevale no quiere definir a su personaje como un «pícaro» que tiene una amante (cuestión que tendrían que haber revisado en el guion en el que le dan características y acciones psicopáticas) sino que se empeña en decir que las ama y que daría todo por ellas y que se ve obligado a mentir por nuestra cultura monogámica, detalle al cual podrían haberle dado más importancia, porque entre el desarrollo de las idas y vueltas entre casa y casa no parece prestarle mucha atención a ninguna y, de hecho, comienza la película yéndose a ver a Vera mientras Paula tuvo un accidente que podría dejarla ciega, y no se hace mucho problema por dejarla sola.

Por otra parte, el director se ataja: «Hay fundamentalistas del feminismo que seguramente la están esperando para hacer una masacre con esto», y como ya hablamos del tratamiento que reciben los personajes femeninos, podemos recordar el pequeño tráiler que se publicó mucho antes del estreno en el que los personajes de Soledad Villamil y Gabriela Toscano parecen haberle iniciado un juicio y en la calle lo espera una marcha feminista que expone que «la bigamia es machismo» y «escrache al machirulo», escena que sin embargo no está en la película. Desconocemos si fue una escena armada y publicada para provocar o si formaba parte del largometraje y fue eliminada por cobardía, pero sí podemos decir que si decidieron poner esas ideas de manifiesto, es válido esperar una respuesta. El video lo pueden ver acá y la entrevista completa acá.

Para concluir, retomamos otra idea que plantea: «En este país, si llevaras a Videla a la pantalla serías un facho. En Alemania interpretan a Hitler cada diez minutos y no pasa nada», lo que nos permite preguntar si no se da cuenta o prefiere no reconocer que las críticas que recibió en películas anteriores y en «Corazón loco» no refieren a la temática en sí, sino directamente a los discursos que filtra el lenguaje audiovisual y a las ideologías que se pueden traducir en ciertas formas de representación. Para citar un ejemplo grueso y extremo, es por esas ideas que pueden reflejarse el lenguaje cinematográfico, que la representación del Ku Klux Klan en «El nacimiento de una Nación» (D.W. Griffith, 1915) generan una mirada y en «BlacKkKlansman» (Spike Lee, 2018) provoca otra, lo mismo sucedería con una representación de Videla y se puede trasladar a cualquier película más llana como «Corazón loco».