Esta semana se hicieron oficiales las transferencias de Fausto Vera y Giuliano Galoppo, figuras de Argentinos Junios y Banfield, al futbol brasileño, más precisamente a Corinthias y Sao Paulo, respectivamente.

Se trata de dos jóvenes promesas que se destacaban en nuestra liga que pasaron, por una fortuna, a Brasil, sumándose al «Flaco» José López, quien en este mismo mercado de pases pasó de Lanús a Palmeiras, actual bicampeón de América, que pagó una millonada para llevarse sus goles.

Esta es una práctica de los clubes brasileños que se hace cada vez más habitual pero que terminó por acentuarse y confirmarse en este periodo de transferencias.

Si vamos un poco más atrás en el tiempo, en 2020 Atlético Mineiro se llevó al talentoso Matías Zaracho de Racing e Ignacio Fernández de River Plate que, si bien tiene una edad bastante más elevada comparada con los demás, era uno de los mejores jugadores del fútbol argentino y hasta del continente. El mismo equipo, en estos días confirmó el arribo de Cristian Pavón, que luego de estar apartado de Boca Juniors por no arreglar su contrato, se marchó libre al conjunto de Belo Horizonte, que se llevó otro nombre importante del ámbito local.

También se pueden sumar los casos de Miguel Merentiel, de destacadísimo paso por Defensa y Justicia que mudó sus goles también a Palmeiras en este mercado de pases para hacer dupla con López, o de Fabricio Bustos, el lateral derecho surgido de Independiente que a principio de año pasó a Internacional de Porto Alegre. A esto se podrían agregar un nombre que está muy cerca de concretarse y en los próximos días se hará oficial: el del defensor de Tigre, Lucas Blondel, a Santos. Además, el delantero de River Plate, Braian Romero, ya es jugador de Inter en una transacción relámpago.

Son varias las transferencias para que esto sea solo una casualidad. En años anteriores empezó a complicarse el hecho de que una figura del torneo local pase directamente a Europa (sobre todo a una liga o equipo top) y surgieron otros destinos con gran poderío económico, como los Estados Unidos y, en menor medida, México. Estos mercados se volvieron habituales y se abrió la puerta al brasileño, que parece ser un destino cada vez más común para futbolistas que buscan dar un «salto» del torneo argentino. 

La brecha entre Brasil y Argentina con el resto de Sudamérica es grande, pero también se acentúa cada vez más una entre ambas potencias. De un tiempo a esta parte, agigantándose con la pandemia, el poderío económico de los equipos brasileños está muy por encima del de los argentinos (y, lógicamente, del resto de los países) y es prácticamente imposible competir en este sentido. Así lo muestra el nivel de jugadores y planteles que tienen, que se ve reflejado en los resultados de los torneos internacionales más importantes del continente de los últimos siete años: 7 de 12 competiciones se quedaron en Brasil (4 de las últimas 6 ediciones de la Copa Libertadores y 3 de las últimas 6 de la Copa Sudamericana).

El que más le pelea a Brasil es, justamente, Argentina, que de los 5 restantes títulos ganó 3 (dos Libertadores y una Sudamericana). Pero si su mercado se «come» al nuestro y se nutre de nuestro talento, no hay mucho más que se pueda hacer.

El problema ahora no es solo que llegan figuras desde Europa, jugadores de una tremenda jerarquía y arman planteles monstruosos sino que, también, se llevan a los «buenos» de Argentina. No nos dejan ni a los nuestros y así, lastimosamente, cada vez será más difícil competir.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Matías García.

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