La obsolescencia es un término que se refiere a la vida útil, o valor de uso, de un artefacto o servicio en función del tiempo, y en el contexto económico se asocia con la depreciación. El concepto de costo del empobrecimiento de la calidad de la mercancía se adoptó rápidamente con la intención de lograr una mayor ganancia, y se impuso como medida de la vida útil de un artículo, agregando que la obsolescencia puede ser sentida por el consumidor como un problema o una garantía de calidad. La obsolescencia técnica o funcional implica que la tecnología cumpla con su servicio, asociado a un producto y a sus variables cruciales (como el buen diseño industrial, la sencillez, la comodidad, etcétera).

Actualmente existen tres conceptos que las empresas usan en la circulación de sus mercancías: obsolescencia de función (según la cual un producto se convierte en pasado de moda cuando aparece otro con mejor rendimiento de función), obsolescencia de calidad (cuando un producto de manera planeada, se gasta en un tiempo determinado, generalmente corto) y obsolescencia de conveniencia (cuando un producto sólido, en términos de rendimiento o calidad, se gasta en la mente del consumidor debido a la aparición de una modificación de estilo u otra mejora).

La vida útil de los equipos de cómputo se acorta con el acelerado aumento de la oferta de nuevos equipos, y se relaciona con la Ley de Moore (la cual habla de que cada 2 años el numero de transistores en un chip se duplica), aunque puede que haya perdido su efecto original con la evolución tecnológica. Dicho esto, se puede notar que no siempre se considera la vida útil verdadera, debido a que la denominada «obsolescencia artificial» lleva a considerar un dispositivo obsoleto aún sin serlo. Tal obsolescencia se relaciona también con las garantías para los equipos, al ser más fácil y barato garantizar que un dispositivo funcionará a la perfección durante un corto periodo, aunque sea posible su funcionamiento por muchos años más.

La Sociedad de la Información y el Conocimiento se afianza con las estrategias dirigidas a la masificación del acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), mediante la creciente oferta de equipos y servicios centrados en el consumismo y la premisa de la tecnología como fundamento de desarrollo. Sin embargo, no se tomó en cuenta en estas propuestas, al principio, una política de responsabilidad frente a los residuos de los aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), que generan los computadores al final de su vida útil. Estos equipos contienen elementos tóxicos tales como el cadmio, plomo y mercurio, que requieren una corriente de tratamiento específica y diferenciada al final de su vida útil, que asegure una correcta disposición final de esos elementos para evitar un impacto negativo en el medio ambiente y la salud de las personas.

Hay un punto importante que recalcar en toda esta temática, como es la brecha/inclusión digital, ya que las desigualdades en el uso de las TIC tienden a establecer un círculo vicioso: quienes usan intensivamente internet, tienen mayores posibilidades de formación, acceso a información, entrenamiento y familiaridad con tales tecnologías, lo que les permite adaptarse con mayor rapidez a los cambios, a diferencia de aquellos que no tienen la posibilidad de hacer ese uso intensivo son más frágiles frente a cambios tecnológicos que pueden transformar sus puestos de trabajo.

Las iniciativas de inclusión digital para los países infopobres se focalizan, especialmente, en los centros urbanos, mientras las dirigidas a regiones alejadas (por topografía, infraestructura, dispersión de los habitantes), generalmente se asocian con la utilización de equipos y tecnologías obsoletas o de menores requerimientos técnicos, a partir de importaciones y donaciones de países info-ricos o del reciclaje tecnológico interno.

Para la humanidad, la información siempre fue muy importante y, en consecuencia, no puede permitir que se pierda. Por ello, buscó mecanismos y estrategias que faciliten su conservación: quipus, petroglifos, tablas de arcilla, papiros, pergaminos, imprenta, libro, cilindro de cera, discos de carbón, discos de vinilo, cintas magnéticas, tarjetas perforadas, discos duros, discos flexibles, discos ópticos, discos en estado sólido, memoria flash y almacenamiento virtual muestran la evolución de la mencionada condición. Vale la pena recalcar que la obsolescencia tecnológica no solo implica la acumulación de desechos electrónicos con un importante efecto adverso ambiental sino que también origina pérdida de información al desaparecer abruptamente dispositivos de almacenamiento o de lectura.

El permanente avance tecnológico implica también una constante evolución en los sistemas de almacenamiento digital de datos, lo que lleva, en muchas ocasiones, a que se pierda gran cantidad de información. La obsolescencia de medios y la posibilidad de perder la información digital almacenada son temas interesantes para estudiar, ya que la presión de la industria con constantes lanzamientos de nuevos formatos, así como el costo de traspaso de la información al nuevo medio, pueden hacer que gran parte del conocimiento adquirido a lo largo delos siglos, pueda perderse por el camino.

Los archivos tienen tres enemigos principales

La desactualización: es casi imposible mantener verificados y actualizados los datos de millones de registros, lo que lleva a la obsolescencia de los archivos por baja confiabilidad.

El deterioro físico y el cambio de tecnología: que hace imposible recuperar datos de medios que ya pasaron a la historia, ya que toda tecnología termina por ser incompatible con las nuevas generaciones.

El vandalismo: acceso indebido a los datos.

Ante la común pérdida de información por causas como golpes en el equipo, archivos infectados por un virus informático, oxidación del disco duro, cambios drásticos en la temperatura, obsolescencia del disco duro, corto circuito en la placa electrónica, defecto de fabricación del disco duro, corte del suministro eléctrico, siniestros (inundación, incendio, rayos) y error humano (formateo o borrado accidental), se desarrollaron algunas técnicas para recuperarla.

Aunque la digitalización brinda la posibilidad de almacenar, gestionar y difundir un gran volumen de información, la recuperación rápida de la información precisa y el acceso en línea son funciones con una tecnología relativamente nueva, y falta por resolver algunos aspectos que constituyen desafíos que deben solucionarse en un futuro próximo, tales como: alta inversión inicial; la tecnología que se utiliza para el almacenamiento y recuperación de la información se vuelve obsoleta con relativa rapidez y con frecuencia la compatibilidad hacia atrás es limitada; es necesario el refrescamiento o migración de los datos almacenados a un nuevo soporte y la renovación de la tecnología en periodos de tiempo relativamente cortos; por la necesidad de la renovación de las tecnologías utilizadas el proyecto de digitalización se encarece; y la invulnerabilidad ante determinados factores de deterioro no está del todo demostrada.

El creciente desarrollo tecnológico, con su aplastante oferta de dispositivos y servicios, unido a la táctica de obsolescencia programada, necesariamente trae como consecuencia un volumen inusitado de basura tecnológica que en ocasiones no tiene un tratamiento adecuado, y conlleva un grave riesgo ecológico. Es valedero hacer un alto en el camino para reflexionar sobre este aspecto a partir de temas como el consumismo, el reciclaje y la reutilización.

Sin embargo, la obsolescencia tecnológica tiene una consecuencia igualmente peligrosa, relacionada con la pérdida de información, un recurso valioso e imprescindible a través de la historia. Esta situación obliga a establecer acciones serias y costosas para la preservación de contenidos a lo largo del tiempo, para las cuales gran parte de los usuarios no están preparados.

Además, las dos situaciones anteriores confluyen en una tercera: las iniciativas de inclusión digital a partir del reciclaje tecnológico. No se puede desvirtuar la importancia de tales iniciativas en la búsqueda de la universalización del acceso y uso de las TIC, pero es necesario analizar si este hecho permite una inclusión digital rezagada, en condiciones de desigualdad de oportunidades, y si, por consiguiente, alimenta la ampliación de la brecha digital en aspectos técnicos.

A manera de invitación hacia la reflexión, planteamos, además de las muchas preguntas que aparecerán a medida que se profundice en la temática: ¿cuál debe ser la posición de los centros que generan los programas relacionados con software y hardware, frente al desarrollo tecnológico? ¿Apuntarle a la tecnología de punta y al consumismo o considerar aspectos de responsabilidad social en su quehacer?

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Juan Manuel Medrano.