La producción mexicano argentina de «Oca» se reposa sobre una historia acerca de la fe y las personas que pretenden encarnar esa semejante inconmensurabilidad de lo intangible, y que no siempre arroja los mejores resultados.
En el comienzo tenemos a la hermana Rafaela (Natalia Soilán de «Huesera«), una de las tres restantes monjas que se mantienen estoicas en un claustro de San Pedro. De ese pueblo, en el medio de las montañas, ella debe partir con una moto para encontrar al nuevo arzobispo de San Vicente e informarle la situación del convento. Su viaje se presenta en un momento exacto donde un sueño la tiene atormentada, porque no hay un significado aparente más que una posible señal de Dios, que ella debe decodificar para seguir un camino.
Al mismo tiempo, unos peregrinos inician una procesión de penitencia cargando la figura de un santo hacía San Vicente. También, entre ellos, la tensión crece al mismo tiempo que muestra la verdadera cara de muchos de ellos. Una tercera historia se entrecruza por una mujer de alta sociedad y su chofer que emprenden un viaje hacía el mismo destino que en las otras dos historias, donde es más importante ese tránsito que el punto de llegada. La cuarta subtrama involucra a un paracaidista del ejército mexicano que cae del cielo arrojado de avión por un compañero traidor.
La duda sembrada en estos sueños de Rafaela, alimentada por premoniciones, hacen que mantenga una férrea idea sobre señales que se tratan de mensajes enviados por Dios. La miserabilidad del espíritu humano expuesta en los demás personajes hace que la empatía sobre ella caiga orgánicamente, más allá de la firmeza en su discurso para algo que carece de argumentos y que solo se sostiene sobre sentimientos, claro de eso se trata la fe.
El gran problema de la ópera prima de Karla Badillo es que las demás historias que rodean a la trama de Rafaela no tienen el mismo peso dramático y se desdibujan hacia el final. En cambio, la fotografía de Diana Garay enaltece cada plano gracias a un uso armónico de los lentes y por un tratamiento suave de las texturas en ciertas imágenes, que se balancean entre lo real y en lo ligeramente onírico. En México, la búsqueda de la fe no solo se limita a la idea de lo religioso, también alcanza a las creencias sobre los territorios, como sucede en la realidad con los pueblos de San Luis Potosí. A pesar de las mesetas dramáticas, en Baldillo hay una directora para tener en cuenta, se puede creer en el potencial de sus cualidades.
«Oca» es parte de la Competencia Internacional del 40° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.