Parece que llega el final de esta trilogía que comenzó en el 2013 con la primera parte, la cual se llamó “Agente bajo fuego”, la segunda se estrenó allá por el año 2016 con el nombre de “Londres bajo fuego” y el 12 de septiembre se estrena en Argentina “Presidente bajo fuego”.

No hay dudas que al director Ric Roman Waugh si algo no le falta es “fuego” y “acción”. De todas formas, sus silencios son importantes y marcados para valorar escenas que quisiera que el espectador tome como propias.

Si en las producciones previas vemos derroche de muerte, disparos y violencia, en esta tercera parte observamos algo más: la manera de explotar un bosque y un hospital es por medio de equipamientos electrónicos como mediante drones que identifican a la persona a la cual deben matar y que, con solo hacer un impacto en la tierra o en cualquier superficie que roce a este aparato, vuela por los aires.

El ataque inicial al presidente Allan Trumbull (Morgan Freeman) sucede en una laguna en el medio de un bosque, Mike Bunning (Gerard Butler) es el encargado principal de la seguridad presidencial y, de un momento a otro, comienza a sentirse mal y pide un reemplazo. En ese momento, un comando ruso liderado por alguien especial para Mike realiza la ofensiva y Mike se convierte en sospechoso de intento de asesinato del Presidente.

Una de las escenas más duras se produce cuando aparece Clay (Nick Nolte), el padre de Mike. En cuanto a lo impactante del film, está en la recreación de escenar como cuando explotan un hospital. La captación fílmica es alucinante, con diferentes planos como traveling, paneo y traveling con zoom y picado… el fuego parece saltar sobre tu cara.

Finalmente, destaco una frase que Waugh se encarga de resaltar una y otra vez dentro de la cinta: “A veces es mejor saber cuándo retirarse, que no saber ser sincero con uno mismo y seguir perdiendo a los que amas”. El final de “Presidente bajo fuego” también se repite, como en la gran mayoría de este tipo de películas de acción.

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