La realidad aumentada es una industria que aún está comenzando. Pero en los últimos años ya ha dado muestras de un crecimiento exponencial: de generar 1,5 millones de dólares en 2010, ya se espera una proyección de 300 millones para este año, de acuerdo con un informe de la consultora Juniper Research. Y esto recién empieza: para 2015, la consultora predice que se alcanzarán los 1.500 millones de dólares. La facturación proviene, principalmente, de las descargas de diferentes aplicaciones que permiten interactuar, a través de los distintos dispositivos, con la realidad que nos rodea.

De acuerdo con Daniel Treiband, director de Desarrollo de Negocio de Qualcomm, dentro de muy poco tiempo la realidad aumentada “será imprescindible en todos los órdenes de nuestra vida. El móvil con realidad aumentada enriquecerá nuestra cotidianeidad”. Algunos de los modelos de negocios en los que se espera que alcancen el mayor rendimiento son:

In situ: implica captar más clientes al mostrarles un proyecto terminado antes de completarlo. Por ejemplo, el arquitecto proyecta el edificio terminado sobre el terreno en el que se está construyendo.

Medicina: dispositivos HMD serán imprescindibles para que cirujanos y otros especialistas alcancen mayor precisión.

Utilidades: por ejemplo, ordenar el tráfico, recibir información sobre el estado de las carreteras o las líneas de tren y etcétera.

Otros mercados a tener en cuenta son el de los videojuegos, las demostraciones virtuales y la educación. La aplicación de RA a las redes sociales permitirá llevar la comunicación humana a niveles insospechados. Sin embargo, para alcanzar su potencial el mercado de la realidad aumentada se enfrenta a dos desafíos muy importantes: el desconocimiento de los usuarios, que aún no han incorporado en forma masiva las ventajas que estas nuevas tecnologías ponen a su alcance, y las limitaciones de los dispositivos móviles, que deben expandir su capacidad de procesamiento.

Libros de texto que despliegan imágenes explicativas en 3D hasta información sobre la carretera que se actualiza en tiempo real directamente sobre el parabrisas del vehículo que estamos conduciendo. También desde información sobre la persona que nos está entrevistando para un puesto de trabajo hasta videojuegos sociales donde podemos ver frente a nosotros a un jugador que se encuentra físicamente al otro lado del mundo. Desde planos de casas ya amuebladas proyectados sobre un terreno hasta minuciosos detalles del cuerpo humano que el cirujano tiene delante. Todo esto y mucho más son las posibilidades que nos ofrece la Realidad Aumentada.

Surgen aún muchas preguntas que no estamos en condiciones de responder aquí: ¿qué ocurre con cuestiones como la privacidad? ¿Hasta dónde la RA formará parte de nuestra vida cotidiana? ¿De qué manera modificará las interacciones sociales? ¿Todos los países la aplicarán de la misma manera y con la misma velocidad? ¿Podrá la tecnología de los soportes acelerarse al mismo ritmo que la de las aplicaciones, para sostener su impresionante desarrollo?

De cualquier manera, todo parece indicar que la Realidad Aumentada es el futuro al cual nos estamos encaminando. En los últimos tres años, gracias al uso masivo de los smartphones y sus aplicaciones, cada vez más usuarios y empresas comenzaron a percibir el potencial que ofrece la realidad aumentada para todo tipo de negocios: el entretenimiento, la industria, la arquitectura, la robótica y los videojuegos. Pero también se podría aplicar para otros usos como medicina, educación y seguridad.

Los números del mercado han dado un salto exponencial, pero en realidad solo se trata del comienzo. De aquí a la próxima década, cuando la realidad aumentada sea incorporada por el público masivo, asistiremos seguramente a una revolución de las comunicaciones similar a la que en su momento generó internet (pero aún más veloz y profunda). Se trata, lisa y llanamente, de expandir las fronteras de la percepción humana.

Si querés comprender más sobre la Realidad Aumentada te invito a leer esta otra nota.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Joan Milton Cwaik.

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