Redes de contención, lenguaje y comunidad

En una entrevista realizada con mi colega Sol Morucci, Ágata Fornasa, licenciada en educación, profesora, intérprete de lengua de señas y presidenta de la organización Señas en Acción (SEA), nos comentó sobre la inclusión de las personas sordas, el rol de la tecnología y la importancia de construir redes de contención que sostengan los procesos individuales y colectivos.

Desde el inicio, Fornasa dejó en claro que su profesión tiene una larga trayectoria: «Hace veinticinco años que trabajo en el tema», afirmó, marcando un largo proceso dedicado a la educación, la militancia y el compromiso social. Su labor en SEA, que ya lleva una década como ONG, tiene como objetivo difundir la lengua de señas y promover una sociedad más inclusiva.

Uno de los puntos de partida de la conversación fue una aplicación desarrollada a partir de una necesidad concreta en el aula. La idea surgió cuando una alumna expresó: «Me encantaría llevarte a mi casa en mi bolsillo con todas las señas que nos contás». Ese deseo de continuidad en el aprendizaje fuera del espacio escolar se transformó en una herramienta tecnológica que hoy incorpora Inteligencia Artificial y proyecta la traducción en tiempo real. Sin embargo, más allá de la innovación, Fornasa insiste en que la tecnología por sí sola no alcanza sino que debe ir acompañada de información, educación y compromiso social.

En este sentido, la noción de redes de contención hizo presencia como un eje central a lo largo de toda la entrevista. Frente al diagnóstico de sordera en un niño, la licenciada describió un escenario emocional complejo: «La primera situación que aparece en las familias es el miedo», acompañado de «mucha angustia, mucha bronca y también mucho enojo». Este momento inicial suele estar atravesado por la falta de información y por un sistema que no siempre brinda respuestas claras.

El acompañamiento es determinante

Fornasa propuso una serie de ejercicios para poder generar una verdadera comparación. «Imagínense ustedes nacer en una familia donde su papá y su mamá no entienden absolutamente nada». La falta de un lenguaje común no solo dificulta la comunicación cotidiana sino que puede generar aislamiento, retrasos en el desarrollo y mayores obstáculos en la trayectoria educativa.

Asimismo, insiste en la incorporación temprana de la lengua de señas como un elemento fundamental. No se trata de una herramienta complementaria, es una base para el desarrollo integral. En este punto, la red de contención comienza en la familia, pero no puede limitarse a ella. «La red de contención no solamente tienen que ser los papás y las mamás, es una posta que tiene que tomar la sociedad». Esta afirmación amplía el foco y desplaza la responsabilidad de lo individual a lo colectivo. Vecinos, docentes, profesionales de la salud, instituciones y el Estado tienen que formar parte de la base que sostiene y acompaña. La inclusión no es un acto aislado sino una construcción social.

Cuando estas redes no existen o son débiles, las consecuencias son profundas. Fornasa advirtió que «casi siempre lo primero que aparece es la violencia, la discriminación, el separar a esa persona del grupo». La falta de información genera miedo y este, a su vez, produce exclusión. En muchos casos, esto deriva a la invisibilización. «La persona pasa a ser invisible», señaló.

Este escenario no solo afecta a las personas sordas, refleja una falla estructural en la sociedad. Para Fornasa, el problema no radica en la sordera en sí sino en las barreras que construyen los oyentes. «Las barreras somos todos los oyentes», remarcó invitando a repensar las responsabilidades y los prejuicios que sostienen la exclusión.

Es así como en este contexto, la información aparece como una herramienta clave para construir redes de contención efectivas. «Tiene que ver con la información, la educación, entender de qué se trata es la base». Conocer, aprender y sensibilizarse permite reducir el miedo y generar espacios más inclusivos.

Fornasa trabaja con la idea de que la comunidad, es como una «tribu» que acompaña colectivamente. «Ese hijo que nace no es un hijo de un otro, es hijo de toda la comunidad». Esta mirada rompe con la lógica individualista y propone una responsabilidad compartida en el cuidado y el desarrollo de las personas.

También señaló que las redes de contención deben contemplar las desigualdades sociales. No es lo mismo transitar la sordera en contextos de vulnerabilidad que en entornos con mayores recursos, aunque hizo un claro énfasis en que el dinero no garantiza el acompañamiento. «No tener plata no significa no tener amor, en ambos casos, la falta de comunicación puede generar soledad, lo que refuerza la necesidad de políticas públicas inclusivas».

Fornasa propone que el rol del Estado es clave y la incorporación de la lengua de señas en la currícula educativa y el acceso a tratamientos, recursos y acompañamientos adecuados, también. La inclusión debe ser pensada como una política integral que atraviese distintos ámbitos, ya sea educativo, de salud, trabajo o justicia. «Que aprendan lengua de señas sin pensarlo es parte de la dieta de un niño sordo y de un niño oyente también». La lengua de señas no es solo una herramienta de comunicación sino una puerta de acceso a la inclusión, al vínculo y a la construcción de redes que sostienen.

En ese camino, las redes de contención no son un complemento, son la base indispensable para garantizar el derecho a comunicarse y a formar parte. Al finalizar esta entrevista, Ágata Fornasa propuso una forma de pensar la sociedad más informada, más empática y, sobre todo, más comprometida con el otro.